viernes 1 mayo, 2026

El Eco del Miedo¿Cómo el trauma pandémico (COVID) moldeó la nueva mentalidad social?

Sobre cómo el miedo a la enfermedad grave ha cambiado permanentemente las actitudes, el comportamiento y la desconfianza interpersonal en la sociedad.

Un reportaje de La Discrepancia.com

El trauma sin precedentes de la pandemia de COVID-19 ha dejado una «huella» profunda y duradera en la sociedad, reconfigurando la mentalidad colectiva más allá del ámbito sanitario. Este reportaje del Doctor Rodríguez Agullo para La Discrepancia aborda cómo el miedo persistente a la enfermedad grave no solo se manifestó en síntomas neurológicos agudos y en el extendido Síndrome Post-COVID, sino que también ha moldeado permanentemente actitudes sociales y el comportamiento interpersonal. Con un aumento significativo de la depresión y la ansiedad a nivel nacional y mundial (superando el 14% de prevalencia depresiva en España en 2023-2024), el análisis se centra en cómo el estrés crónico, el aislamiento social y las interrupciones en los servicios de salud mental han dado paso a una nueva era de mayor cautela, desconfianza y la revalorización de la vida cotidiana.

COVID 19 agudo y cerebro

Durante la fase aguda de la infección por SARS-CoV-2, muchas personas presentan síntomas neurológicos como pérdida de olfato, problemas cognitivos, cefaleas, mareos, delirio, confusión y alteraciones de atención y conciencia. Estos efectos se relacionan con respuestas inmunitarias desreguladas que causa una “tormenta de citoquinas” que atraviesan la barrera hematoencefálica, pudiendo dañar el cerebro y otros órganos y asociarse a alta mortalidad en los casos graves.[1]

COVID persistente y síntomas prolongados

El “COVID persistente” es un síndrome de síntomas que persisten semanas o meses tras la infección inicial, independientemente de que el cuadro agudo fuera leve o grave. En España se estima cerca de dos millones de afectados, con apatía, falta de motivación y “niebla mental” que favorecen estrés crónico, depresión y ansiedad, afectando seriamente la vida diaria; aproximadamente 1 de cada 5 pacientes mantiene síntomas a las 5 semanas y cerca de 1 de cada 10 a las 12 semanas.2

Datos en España y grupos vulnerables

Los resultados de este estudio de Psichiatric Research sugieren que las consecuencias a corto plazo de la COVID-19 para la salud mental son igualmente elevadas en todos los países afectados y en ambos sexo. Sin embargo, los casos de insomnio son significativamente más elevados entre los trabajadores sanitarios que entre la población general.

En España, encuestas de salud muestran que la prevalencia de cuadros depresivos activos ha pasado de alrededor del 7–8% antes de la pandemia a cifras superiores al 14% en 2023–2024, con más de dos millones de personas afectadas y una carga aproximadamente triple en mujeres frente a hombres. El CIS recoge que una parte considerable de la población ha sentido miedo intenso a morir, fuerte preocupación por el contagio y la posible muerte de familiares, y que un porcentaje significativo ha necesitado atención psicológica por trastornos ansiosos o depresivos.

Una de las principales explicaciones de este aumento es el estrés sin precedentes causado por el aislamiento social derivado de la pandemia. A ello se sumaron las limitaciones en la capacidad de las personas para trabajar, buscar el apoyo de sus seres queridos y participar en sus comunidades

Comparación antes, pico y etapa posterior

PeriodoDepresión (tendencia)Ansiedad (tendencia)
Antes de 2020Niveles “de base”, en aumento lento desde 1990[i]Niveles “de base”, también en aumento lento
2020–primer año de pandemiaAumento global ≈25%; empeoramiento pequeño‑moderado de síntomasAumento global ≈25%, pero cambios de síntomas medios pequeños
2021–2023Descenso parcial respecto al pico, pero por encima del nivel previo, sobre todo en grupos vulnerablesDescenso más claro; en muchos grupos vuelve cerca de niveles prepandémicos, excepto jóvenes y mujeres

La soledad, el miedo al contagio, el sufrimiento y la muerte propia y de los seres queridos, el dolor tras la pérdida de un ser querido y las preocupaciones económicas también se han citado como factores de estrés que provocan ansiedad y depresión. Entre los trabajadores sanitarios, el agotamiento ha sido un importante desencadenante de pensamientos suicidas.

La pandemia ha afectado la salud mental de los jóvenes y estos corren un riesgo desproporcionado de tener comportamientos suicidas y autolesivos.

Este aumento en la prevalencia de los problemas de salud mental ha coincidido con graves interrupciones en los servicios de salud mental, lo que ha dejado enormes lagunas en la atención a quienes más la necesitan. Durante gran parte de la pandemia, los servicios para trastornos mentales, neurológicos y por consumo de sustancias fueron los más afectados entre todos los servicios de salud esenciales notificados por los Estados miembros de la OMS.

A finales de 2021, la situación había mejorado ligeramente, pero hoy en día sigue habiendo demasiadas personas que no pueden obtener la atención y el apoyo que necesitan tanto para trastornos mentales preexistentes como para los que han aparecido recientemente.

La pandemia afectó de forma importante la salud mental de la población en general y de ciertos grupos poblacionales vulnerables. De hecho, según la última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de 2021:

  • Un 23,4% de los españoles reconoce haber sentido miedo a morir por el virus de la covid-19.
  • Un 72,3% reconoce que ha estado mucho o bastante preocupado de que se contagie algún miembro de su familia o alguna persona de su círculo más íntimo.
  • Un 68,6% ha sentido mucho o bastante temor a que pueda morir algún familiar o ser querido.
  • Un 6,4% de los españoles ha tenido que acudir a terapia con un psicólogo o psiquiatra desde el inicio de la pandemia, mayoritariamente por trastornos ansioso o depresivos.

La encuesta del CIS refleja el miedo ante el propio contagio del individuo y el de otros, así como la posibilidad de perder a sus seres queridos. Otros estudios destacan el temor ante una menor disponibilidad de recursos básicos.

Cambios de comportamiento y mentalidad social

El texto plantea que el “eco del miedo” ha aumentado la sensibilidad al riesgo de enfermedad y la importancia otorgada a las normas sanitarias, aunque los efectos no son uniformes ni siempre permanentes. Estudios conductuales indican que las emociones (miedo, preocupación), las normas sociales y el contexto cultural sostienen conductas preventivas más allá del pico epidémico, generando patrones duraderos de mayor cautela, cierta desconfianza interpersonal, pero también más empatía, solidaridad y revalorización de la vida cotidiana en parte de la población.

Evolución anual de prevalencia de depresión en España 20192024

Entre 2019 y 2023 la prevalencia de depresión en España ha aumentado de forma marcada, y los datos disponibles apuntan a que en 2024 se mantiene en niveles altos, sin volver a la situación prepandemia.

Niveles prepandemia (2019)

La Encuesta Nacional de Salud 2017, previa a la pandemia, pero cercana en el tiempo, estimó un 3,5% de cuadros depresivos mayores activos y un 7,4% si se incluyen otros cuadros depresivos, lo que sirve como referencia de “suelo” prepandemia.

Primeros años de pandemia (2020–2021)

En 2020, los datos del INE que se usan como base de comparación sitúan los cuadros depresivos activos totales alrededor del 11% (5,4% en 2017 frente a 11% en 2020 en algunos análisis periodístico), lo que indica ya un aumento claro respecto a los años previos.

Los cuadros depresivos severos alcanzan al 8% de la población, tras subir 5,5 puntos desde 2020, y son más frecuentes en personas mayores de 65 años, donde llegan a alrededor del 10,5%.

Tendencia hacia 2024

La Encuesta de Salud de España (ESdE 2023) recoge datos de finales de 2023 e inicios de 2024, por lo que estos valores de 35,1% de alguna sintomatología depresiva (con un 8% de depresión grave en las mujeres) y un 28,8% en hombres reflejan ya la situación post‑aguda de la pandemia.

Informes de 2024 señalan más de dos millones de personas con depresión en España y resaltan que la enfermedad es aproximadamente tres veces más frecuente en mujeres que en hombres, lo que confirma que la carga se mantiene alta y no muestra un descenso claro tras 2023.

Evolución aproximada de prevalencia de depresión activa (15+ años, España)

Año (referencia)Fuente principalPrevalencia aproximada de cuadros depresivos activos
2017 (prepandemia)ENSE 2017 (PHQ‑8)7,4% (3,5% mayor; 3,8% otros cuadros)
2019Informe europeo OCDE/UE>1 de cada 6 con algún trastorno mental; depresión relevante, pero sin dato exacto aislado
2020Base de comparación INE≈11% con cuadro depresivo (estimación a partir de series 2017–2023)
2023–2024ESdE 2023 (INE)14,6% con cuadro depresivo; 8% depresión grave

Evidencia empírica sobre cambios de comportamiento post COVID

Este trabajo de 2 autores italianos analizan en su estudio como la pandemia de COVID-19 ofreció la oportunidad de investigar cómo evolucionan las percepciones de riesgo a medida que cambian las contingencias de riesgo.

Los análisis de trayectoria transversal y longitudinal mostraron que la percepción de la vulnerabilidad de desarrollar trastornos del estado de ánimo como depresión (riesgo afectivo), principalmente informada por la actitud afectiva (los sentimientos, emociones y valoraciones), y las normas sociales promovieron la consistencia del comportamiento independientemente de las contingencias epidémicas.

En cambio, las percepciones analíticas de riesgo se vincularon a comportamientos protectores solo durante el brote.  Revisiones sistemáticas sobre conductas preventivas durante y después de la pandemia integran estos hallazgos en modelos de cambio de comportamiento, subrayando el papel de normas sociales, emociones (miedo, preocupación) y factores estructurales para mantener o abandonar nuevos hábitos. En conjunto, la literatura sugiere que la COVID‑19 ha dejado “huellas” conductuales duraderas en prevención, movilidad y relaciones, pero moduladas por el contexto cultural, políticas públicas y experiencia individual con la enfermedad.

Cambios observados en el comportamiento post-COVID

Mayor ansiedad, depresión y estrés, con un aumento estimado de alrededor del 25% en estos problemas a nivel mundial durante la pandemia, que en muchas personas se ha mantenido después.

Cambios en las relaciones: más distancia social, más desconfianza hacia desconocidos, reducción de la diversidad de encuentros cara a cara en las ciudades y más interacción a través de pantallas.

Modificación de hábitos de vida: más personas trabajan desde casa, usan menos el transporte público y recurren más a compras y servicios en línea, cambios que persisten en muchos lugares.

En algunos casos, aumento de incivilidad o grosería en espacios públicos, relacionado con el estrés crónico y la irritabilidad acumulada.

Causas sicológicas

Los factores clave a este respecto son:

Impacto directo en salud mental (ansiedad, depresión, estrés postraumático) que influye en la forma de pensar, sentir y actuar.

Aislamiento social prolongado y ruptura de redes de apoyo que modifican la confianza y la cercanía con los demás. Transformaciones estructurales en trabajo, educación y economía que reordenan hábitos, expectativas y comportamientos a largo plazo


Resumen y Conclusión

El reportaje «El Eco del Miedo» del Dr. Rodríguez Agulló examina las consecuencias neurológicas, psicológicas y sociales a largo plazo de la pandemia de COVID-19.

  1. Impacto Agudo y Persistente: La fase aguda de COVID-19 mostró un claro impacto cerebral, con síntomas neurológicos debido a una desregulación inmunitaria («tormenta de citoquinas»). Esto se extiende al «COVID persistente,» un síndrome que afecta a cerca de dos millones de españoles con síntomas como «niebla mental» y apatía, lo que agrava el estrés crónico y los trastornos de salud mental.
  2. Explosión de Trastornos Mentales: El estrés sin precedentes del aislamiento social, el miedo al contagio y las preocupaciones económicas dispararon la prevalencia de depresión y ansiedad globalmente en un 25% durante el pico. En España, la depresión activa se ha disparado de un 7-8% antes de 2020 a cifras por encima del 14% en 2023-2024, con una carga notablemente superior en mujeres.
  3. Grupos Vulnerables: Los trabajadores sanitarios y los jóvenes se identifican como grupos de alto riesgo, experimentando tasas elevadas de insomnio, agotamiento y, en el caso de los jóvenes, un riesgo desproporcionado de conductas autolesivas.
  4. Deterioro de la Atención: Este aumento en los problemas de salud mental coincidió con graves interrupciones en los servicios esenciales, creando enormes lagunas de atención que persisten hoy en día.
  5. Cambios Sociales Duraderos: El «eco del miedo» ha generado patrones de comportamiento más cautelosos, sostenidos por emociones (miedo) y normas sociales. Esto incluye una mayor sensibilidad al riesgo, pero también una cierta desconfianza interpersonal, junto con modificaciones en los hábitos de vida, como el teletrabajo y el aumento del comercio online. El texto concluye que la COVID-19 ha dejado «huellas» conductuales y psicológicas permanentes, reconfigurando la sociedad hacia una mayor cautela y una necesidad urgente de reforzar la atención a la salud mental.

 

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