La visita del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, a Argelia ha marcado el restablecimiento del diálogo político entre Madrid y Argel tras varios años de tensiones diplomáticas. Sin embargo, este acercamiento no representa un cambio en la política exterior española hacia el Magreb, sino una respuesta a un escenario internacional cada vez más complejo, marcado por la incertidumbre energética, la guerra en Ucrania, la inestabilidad en Oriente Medio y la creciente competencia entre las grandes potencias por ampliar su influencia en el Mediterráneo. Así lo afirma Abdelhamid Beyuki, analista especializado en relaciones internacionales, en declaraciones concedidas a Marruecom.
El experto considera que la visita debe interpretarse como «un ejercicio de realismo diplomático más que como un giro político». En su opinión, España necesita mantener abiertas vías de diálogo con todos los actores estratégicos del Mediterráneo occidental para proteger sus intereses en materia de seguridad, energía y estabilidad regional. «Más que una nueva etapa, estamos ante una normalización pragmática impulsada por la lógica de los intereses nacionales de ambos países», sostiene.
Argelia: En busca de romper el aislamiento y recuperar peso en Europa
El experto subraya que la normalización no responde únicamente a intereses españoles. Argelia también necesita reconstruir sus relaciones con algunos de sus principales socios europeos en un momento especialmente delicado para su política exterior.
Según Beyuki, el país magrebí atraviesa una etapa caracterizada por un creciente aislamiento regional, unas relaciones prácticamente inexistentes con Marruecos, tensiones con varios países del Sahel y una economía excesivamente dependiente de los hidrocarburos. En este contexto, considera que el acercamiento a España responde a la necesidad de recuperar interlocutores europeos de primer nivel, atraer inversiones y consolidar los mercados para sus exportaciones energéticas, según explica «Argelia necesita recuperar presencia política en Europa, atraer inversiones, consolidar mercados para sus exportaciones energéticas y romper parcialmente el aislamiento diplomático derivado de sus tensiones regionales».
En este sentido, el hecho de mantener una confrontación prolongada con uno de los principales países de la Unión Europea resultaba poco beneficioso para ambas partes.
La posición española sobre el Sáhara permanece inalterable
Uno de los aspectos que más atención ha suscitado tras la visita es la posibilidad de que el acercamiento a Argel pudiera traducirse en una revisión de la postura española sobre el Sáhara. Sin embargo, Beyuki descarta completamente esa posibilidad.
Recuerda que desde la carta enviada por Pedro Sánchez al rey Mohammed VI en marzo de 2022, España considera la propuesta marroquí de autonomía como la base «más seria, realista y creíble» para alcanzar una solución al conflicto. Esa posición, añade, ha sido reiterada posteriormente por distintos miembros del Gobierno español y se ha consolidado dentro de la hoja de ruta acordada entre Madrid y Rabat.
«Modificar ahora esa posición tendría un enorme coste político y estratégico para España», afirma el analista.
Marruecos, un socio imprescindible para la política exterior española
El especialista considera que durante los últimos años la relación entre España y Marruecos ha adquirido un carácter estructural que trasciende cualquier coyuntura diplomática.
La cooperación en materia migratoria, la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado, la coordinación policial, el crecimiento del comercio bilateral, las inversiones, las interconexiones energéticas y la organización conjunta del Mundial de Fútbol de 2030 junto a Portugal configuran una asociación que hoy constituye uno de los pilares de la política exterior española.
«Lo más relevante es que esta visita no altera en absoluto los pilares de la política exterior española hacia Marruecos», señala Beyuki. «España ha construido durante los últimos años una relación estratégica con Rabat que difícilmente será sustituida por cualquier aproximación coyuntural a otro socio regional».
El equilibrio, la clave de la estrategia española en el Magreb
Lejos de plantear una elección entre Rabat y Argel, el analista considera que la estrategia española consiste precisamente en mantener un equilibrio que permita preservar la estabilidad del Mediterráneo occidental. «No existe una contradicción entre ambas políticas», afirma. «España puede mejorar sus relaciones con Argelia sin deteriorar las que mantiene con Marruecos».
En su opinión, esa capacidad para mantener relaciones de confianza con ambos vecinos resulta especialmente importante en un momento en que la Unión Europea busca reforzar simultáneamente su seguridad energética, diversificar sus alianzas estratégicas y consolidar nuevos corredores económicos hacia África.
Más allá del gas: una nueva geopolítica del Mediterráneo occidental
Aunque el suministro energético continúa siendo un elemento central en la relación con Argelia, Beyuki considera que el escenario regional ha evolucionado significativamente durante los últimos años, «la energía sigue siendo un factor importante, pero ya no es el único», explica.
Mientras Argelia mantiene un papel esencial como proveedor energético europeo, Marruecos ha logrado consolidarse como una plataforma industrial, logística y tecnológica de creciente importancia para Europa gracias a una estrategia basada en la atracción de inversiones, el desarrollo de infraestructuras y la integración en las cadenas globales de valor.
«La habilidad de la diplomacia marroquí ha consistido precisamente en consolidar ese papel estratégico sin convertirlo necesariamente en un juego de suma cero con Argelia», sostiene.
Por ello, considera que el verdadero reto para España y la Unión Europea no consiste en elegir entre ambos países, sino en integrar sus respectivas fortalezas dentro de una estrategia regional coherente. «Marruecos como motor de desarrollo y conectividad, y Argelia como actor energético y de estabilidad regional».
Hacia una nueva arquitectura regional
Para Beyuki, el Mediterráneo occidental se encuentra en el inicio de una profunda transformación geopolítica en la que España puede desempeñar un papel especialmente relevante como puente entre Europa y el norte de África. «Mi impresión es que estamos asistiendo al inicio de una nueva arquitectura geopolítica en el Mediterráneo occidental», afirma.
A su juicio, si el pragmatismo termina imponiéndose sobre la confrontación, la región podría avanzar hacia una cooperación más intensa en ámbitos como la energía, las infraestructuras, la seguridad y la conectividad, reforzando tanto la competitividad europea como la estabilidad del Magreb.
«La historia demuestra que las rivalidades son pasajeras; la geografía, en cambio, siempre acaba imponiendo la necesidad de cooperar», concluye. Esa reflexión resume, según Beyuki, el verdadero significado de la visita de Pedro Sánchez a Argelia: no el inicio de una nueva rivalidad diplomática, sino la constatación de que la estabilidad del Mediterráneo occidental pasa por mantener un equilibrio entre dos socios imprescindibles para Europa, sin cuestionar la alianza estratégica que España ha consolidado con Marruecos en los últimos años.


