viernes 6 marzo, 2026

¿Doctrina? Sí, por favor

RAE, DOCTRINA: f. Enseñanza que se da para instrucción de alguien.

Sumidos en la inercia y la apatía que nos impide ver la manipulación interesada del significado de las palabras, toca analizar la forma en la que se está denostando el significado y la existencia de algo que es fundamental para que los ciudadanos sepan cómo convivir en sociedad; doctrina para conocer, integrar y asimilar los deberes y derechos sobre los que se estructura cualquier grupo humano que aspira a vivir con paz social y prosperar en colaboración.

Hoy se nos bombardea con la idea que trata de eliminar la necesidad la idea de que la convivencia hay que aprenderla y que es FUNDAMENTAL enseñarla; cualquier intento de formar a los habitantes de un país se desprecia al grito de “pretenden adoctrinarnos”, como si la ausencia de enseñanza no fuera, en sí misma, una forma de conseguir que sólo se acepte el triunfo del más fuerte, del más rico o poderoso sobre el conjunto del resto de ciudadanos.

Todos los grupos sociales generan normas, todos aceptan que las conductas individuales afectan al resto y que eso implica la necesidad de organizarnos para que todos aceptemos ciertas formas como válidas y otras, como inadecuadas. Hoy vivimos bajo una marea que se lleva por delante cualquier otra idea que no responda a la primacía del que más poder tenga; poder económico, militar, empresarial…siempre por encima y al margen de cualquier otra norma social que trate de moderar ese poder y tenga en cuenta a los que piensan de forma distinta, de los que defienden ideas de solidaridad, armonía y democracia que respete y tenga en cuenta a todos bajo el gobierno de los que forman la mayoría de opinión. Eso, hoy, se considera ADOCTRINAMIENTO por parte de los que no aceptan más norma que la que ellos imponen.

Olvidar que las sociedades deben contar con individuos formados en los valores que, en el caso de occidente, nos han conducido a un nivel de riqueza impensable hace sólo 100 años, es condenarse a la aceptación de la tiranía del dinero en su forma más cercana a los inicios de la revolución industrial y las novelas de Dickens. También, y lo estamos viendo, nos conduce a la repetición de aquel espanto que consideraba como “una carga inútil” a aquellos que no cumplían con la idea de perfecto rendimiento físico, locos, enfermos o deficientes mentales y, por tanto, la sociedad tenía el derecho de librarse de esa carga y esos costes que carecían de retorno alguno. Hoy, algunos lo disfrazan de retirada de fondos y optimización de las “agencias gubernamentales” dedicadas al dispendio de los caudales públicos.

Así las cosas, por favor, que haya mucha doctrina; doctrina en las escuelas; doctrina en los medios de comunicación; en los espacios públicos; en el metro, en las casas y en los bares. Doctrina, por favor, mucha doctrina necesaria como el aire se respira en sociedad.

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