Leo un artículo de Andrés Ortega en El País que reflexiona sobre varias ideas sugerentes que me incitan a escribir ideas sobre ese mundo futuro en el que los individuos, conectados a las redes mediante bioconectores, accederán a un macro universo de redes en las que estará cada vez más solo a la vez que presionado. También hay alguna llamada a la idea de enfermedad, concepto que evoluciona hacia la identificación de patrones que, al negar o impedir la naturaleza social del individuo, acaban en manifestaciones patológicas tanto físicas como anímicas.
La evolución de las tecnologías ha iniciado un camino de “conectado aislamiento” cuyo desarrollo nos lleva a una paradoja que se construye sobre nuevas reglas. Los individuos han trascendido el volumen natural de las interacciones sociales desarrolladas de forma natural en la familia, la tribu, el clan y otros entornos susceptibles de ser manejados. Esta realidad ha tenido como consecuencia la hipertrofia de contactos “virtuales” cuya naturaleza es nueva y distinta, tan distinta que rompe los patrones naturales y nos lleva a la perplejidad, una perplejidad que, en muchos casos, evoluciona hacia la patología.
No tengo la menor duda de que el ser humano acabará adoptando una naturaleza híbrida entre lo biológico y lo cibernético, seguro, pero sí tengo muchas dudas respecto a lo que esa transformación va a suponer para nuestra propia identidad. Una vez conectados a las futuras macro redes de conocimiento no se muy bien qué naturaleza tendrá ese ¿individuo?:¿Mantendremos nuestra independencia intelectual moral, espiritual y personal o acabaremos convertidos en la pequeña parte de un macro organismo jerárquicamente superior a esa pieza de la red? ¿Podremos mantener nuestra realidad individual en lucha contra la influencia que ejercerá ese nuevo ambiente social? Desde 1951, gracias a los experimentos de Solomon Asch sabemos que el individuo es muy débil ante la presión de los grupos, llegando a negar la realidad percibida para adoptar como cierta una manifiesta falsedad (https://www.ugr.es/~aula_psi/LA_CONFORMIDAD__EXPERIMENTO_DE_SOLOMON_ASCH.htm)
El balance entre la personalidad y la presión social en ese nuevo entorno tecnológico será algo muy interesante para los futuros investigadores, pero soy escéptico: una vez detectada la anomalía “librepensadora”, me temo que la propia red presionará de forma constante para revertir la discrepancia y reimplantar la anuencia y uniformidad. Ya podemos ver qué efecto está teniendo esa dependencia de las redes para algunos; podemos ver cómo el sesgo de confirmación orienta las conductas y los criterios en contra de la verdad y la realidad, así que, mucho me temo, ese individuo que influye y es influido como una minúscula parte del futuro “gran colectivo” acabará perdiendo la batalla y el pensamiento divergente acabará siendo una anomalía a corregir.
Volviendo a la patología de lo solitario, mucho me temo que, en ese futuro distópico y contrario a lo individual, será mucho mejor permanecer solo y desconectado en lugar de andar en tan mala compañía.
El Cursus Honorum: las raíces de Montoro
Cuando decimos que no hay nada nuevo bajo el sol estamos lejos de evaluar la realidad de la expresión. Lo que ahora vamos conociendo del “montaje” de Montoro y compañía no es más que la versión moderna de lo que, en la Roma republicana, se consideraba normal y habitual. Me explico: la carrera política de un romano rico – los pobres ni olerlo, oiga Vd. – era muy cara y complicada. Esa carrera se llamaba cursus honorum y, paso a paso, los cargos a los que optaba el candidato se reducían a la mitad. Se pasaba por ser tribuno, cuestor, edil, pretor y, si llegabas vivo, el consulado; pero a esas alturas lo más seguro es que las deudas te amenazaran con la ruina, exactamente como le pasó a nuestro querido Cayo Julio César.
En esa carrera, el individuo invertía para luego resarcirse a base de sangrar el erario público conforme cada cargo y cada caso le permitiera, idea que en España ha pervivido con casos gloriosos como la historia nos demuestra: la caja del Estado ha estado, en muchos casos, expuesta al destrozo de la ambición privada. Desde el consulado se podía legislar a conveniencia de los clientes y necesitados que estuvieran en disposición de pagar el precio convenido. De entre lo que conozco, cabe destacar un soborno a repartir entre César, Pompeyo y Craso, los miembros del primer triunvirato que, a cambio de reconocer los derechos de uno de los candidatos del trono de Egipto, se embolsaron la jugosa cantidad de 6.000 talentos de oro. Un verdadero pastizal sobre la que César cimentó sus levas para conquistar la Galia.
Estos días estamos conociendo el sistema organizado por Montoro y amiguetes para “pasar la gorra” a las empresas y lobbies a cambio de leyes favorables a sus intereses, habitualmente contrarios a tus intereses como ciudadano. Lo mismo hacía Jorge Fernández Díaz desde el ministerio del interior utilizando la estructura del Estado para tapar o publicar miserias, delitos y corrupciones. En ambos casos, es el Estado el que se pone al servicio de intereses particulares, lo que supone una corrupción distinta al habitual “choriceo” de las comisiones por conceder obras o contratos.
Hay que tener en cuenta que una ley permanece en el tiempo trabajando a favor o en contra de la vida ciudadana y va goteando caudales que llegan a las cajas de aquellos que, ya hace tiempo, pagaron por los servicios prestados al legislador. Personalmente no estoy sorprendido porque el esquema es reconocible y antiguo, tan antiguo como la ocupación romana de la península ibérica, periodo en el que ,entre otras muchas cosas positivas, también nos dejó una idea de la “res pública” absolutamente perversa cuyo titular, lanzado hace demasiado poco tiempo, se resume en la famosa frase de “el dinero público no es de nadie”.
Por último, cabe destacar una última diferencia entre un tipo de corrupción y otro: la utilización y destrucción de uno de los pilares del Estado y de la Administración como es la Agencia Tributaria. Tras lo que vamos conociendo, será complicado revertir esa corriente de influencia que niega la lógica de los impuestos al grito de “nos roban”. Eso, seguro, lo vamos a pagar con sangre.
Ni contentos ni tranquilos
Sobrevolar los titulares de la ¿prensa? de una y otra tendencia se ha convertido, sin lugar a dudas, en un deporte de riesgo plagado de sobresaltos y decepciones (https://www.prensaescrita.com/prensadigital.php), una especie de ducha escocesa en la que predomina el agua helada. No hay descanso y, según vayamos a leer a unos o a otros, parece como si la realidad se escindiera en dos mitades incomunicadas y paralelas que no conectan en ningún punto.
Orientados a su propia satisfacción y queriendo tranquilizar a sus consumidores, cada quien habla de las miserias de los “otros” como si eso pudiera contentar o tranquilizar a aquellos que, llevados por el sesgo de confirmación, tuvieran la capacidad de alegrarse de la desgracia ajena mientras intentan evadirse de la propia. A estas altran, mientras la izquierda mira hacia el proceso de Cerdán, Koldo y Ávalos como quien mira una bomba a punto de explotar que no puede desactivar y la derecha ve como, una vez más, un ministro de la era Aznar-Rajoy se suma a la larga lista de implicados asistentes a la famosa boda de El Escorial, creo que nadie puede estar contexto ni tranquilo.
No puede haber alegría en la contemplación de la desintegración del sistema democrático que se encuentra a los pies de los caballos del populismo más incompetente y moralmente degradado. No puede haber tranquilidad cuando los pilares del estado de derecho, la igualdad ante la ley y sus agentes policiales y la equidad fiscal, parecen haber saltado por los aires sumidos en una corrupción abyecta que vamos conociendo en pequeñas dosis y cuyos juicios nos van a dejar exhaustos y desamparados frente a aquellos que, ellos sí, se frotan las manos.
Es hora de hacer algo, es la hora de la determinación y la defensa de la moralidad, es la hora de poner pie en pared y exigir la total renovación del sistema de partidos que ha sido la responsable de que estos facinerosos, chorizos, jetas y ladrones, hayan podido campar a sus anchas reventando la caja del estado y sus principales instituciones. Hay que “quemar las calles” (en sentido figurado) para que se sientan expulsados de la normalidad ciudadana. Hay que cambiarlo todo y que todo se vea sometido a una vigilancia imposible de evitar, sencillamente. Hay que dejar paso franco a los muchos que sí trabajan honrada y éticamente en favor de todos; hay que dejarles el campo libre a aquellos que son capaces de imaginar acuerdos, negociaciones y espacios comunes en los que mejorar la vida de todos nosotros. Los hay, pero están arrumbados, expulsados de los órganos de dirección por incómodos, por críticos y por no dejarse asustar ni manejar por los chorizos.
En las sedes del Psoe y del PP se deberían organizar sesiones masivas de “sepukus” ancestrales en los que poder certificar la desaparición de todos los interesados en mantener la actual dinámica perversa que nos perjudica y degrada a todos. O hacemos posible esa absoluta transformación, esa metamorfosis hacia fórmulas más eficaces de control y de gestión, o todos, los unos y los otros, nos vamos a ir al garete y ese futuro, seguro, no podemos verlo desde la alegría o la tranquilidad. Es obvio.
Lo contó Sánchez, que tiene más gracia
En la reunión de la OTAN de La Haya celebrada en pasado mes de Junio los representantes de los 32 países de la organización acordaron, con carácter previo a la cumbre, dos cosas muy importantes: 1º.- Había que tener tranquilito a Trump y hacerle la pelota adecuadamente y 2º.- Que las malas noticias las contara Pedro Sánchez, que tiene más gracia que el resto y parecía que no le importaba asumir el riesgo. Establecidas estas dos importantes cuestiones, todos se dieron por satisfechos por el acuerdo final y para que el jefón estuviera de acuerdo con todo, escenificaron el castigo al portador de malas noticias, como si no hubiera sido el comisionado de todos, el chivo expiatorio que representaba el general corte de mangas a las exigencias planteadas.
Que nadie tenía claro cómo manejar aquello que se había acordado quedó claro según se iban conociendo las declaraciones posteriores a la reunión y, mientras unos decían que no había dudas, otros expresaban -Meloni en cabeza – que “yo he firmado lo mismo que Pedro Sánchez” y lo hacía con una sonrisa que nadie supo interpretar muy bien. Pues bien, ya sabemos en lo que estaba pensando Meloni y donde estaba el guisante del juego de trileros que se había orquestado para engañar a Donald Trump. Conscientes de que nadie estaba preparado para asumir el absurdo, han empezado a conocerse los resultados materiales de proyectos “paralelos” que, en pura teoría, estarían bajo el mágico manto del 5%.
Leo en La Razón que Italia pretende incluir los costes de la realización de un macro puente entre la península y Sicilia en los capítulos presupuestarios dedicados a ese famoso compromiso. Ese es el primer proyecto conocido y me temo que, una vez reconocida la posibilidad de coger el rábano por las hojas, vamos a ver ejemplos gloriosos repartidos por todo el mundo mundial que abarca la Otan. Cuando la próxima cumbre tenga lugar dentro de un año, nada menos que en Turquía, me temo que los fuegos artificiales van a ser de concurso. El que más y el que menos habrá metido hasta la comida del perro dentro de los gastos adjudicados y el repaso a los proyectos va a ser delirante, ya lo veréis.
Todos deberían hacerle un homenaje al valiente Pedro, especie de sastrecillo valiente que arrostró el sólo la reprimenda del matón y abrió un boquete en la línea de flotación de la exigencia del que todos se están beneficiando ahora.
La vida es injusta, el tiempo breve, la memoria flaca y los mandatos presidenciales de los USA pasan como pasan las aguas de esos ríos que nunca vuelven a ser los mismos. Atentos a la jugada que veremos cosas curiosas.
https://www.larazon.es/internacional/italia-imputara-construccion-mega-puente-cumplir-objetivos-otan_20250721687d8853ffbf4a1a673d65e0.html


