No puedes ocultarte
Mientras las flores crecen, llegan otros y las cortan para hacer ramos y regalarlos. Mientras uno, o una, busca su pareja ideal para engendrar y mejorar la especie humana, y todo se resquebraja porque el color de unos ojos o una piel no puede impedir el enamoramiento. Mientras se busca viajar, y la única forma de hacerlo sea a base de espónsores que se deshacen fríos en los nombres propios perdiendo la esencia del lugar al que estábamos destinados, mientras debamos cubrir las ausencias, el deseo de compañía, el aire de soledad que nos cierne en nuestros actos y recurramos a la tecnología, a las máquinas y, entonces, sepamos que nos están espiando…
Nos movemos a través de algoritmos, (fíjense lo que es el subconsciente, que ya dos veces que he ido a escribir algoritmos me trabucaba y me salía algortimo), que estamos fichados, mediatizados, controlados, sometidos, manipulados. Usted busca algo de interés en internet e, inmediatamente, como arte de magia de birlibirloque, los anuncios que le salen, las pantallas emergentes de publicidad que tiene que cerrar constantemente, las búsquedas relacionadas, tienen que ver con ese interés que usted ha mostrado, quizás, por simple curiosidad. Tampoco el amor y sus derivados se salva.
Se descubre el pastel de tus preferencias, porque has tecleado la palabra amor, pared, miel, cuerpo desnudo, olor, amoníaco, violencia de género, sustancias tóxicas o juegos infantiles, por poner algunos ejemplos, y a partir de ahí, alguien, ese es el misterio, los algoritmos, saben de tus fortalezas y debilidades, más bien de estas últimas, conocen qué es lo que quieres hacer, qué pretendes regalar, de qué vas disfrazado… y hasta las enfermedades incurables que acumulas en tu organismo perecedero.
Pues, más o menos, de eso se trata en Amor y otros algoritmos, un texto solvente de resplandor escénico de Marta Onzain, con una gran soltura en los diálogos y, sobre todo, con acidez crítica en lo que está ocurriendo, que se hace dulce, incluso agradable en los personajes por ella creados, interpretados por Edu Rejón y Elena Vallinas, que también, creo, alternan con Rodrigo Antonucci y Marta Romero.
Las conversaciones son ágiles y llevadas al límite de lo que está ocurriendo hoy en día, excesiva concienciación que nos impide quedar con esa persona que nos gusta, excesivo escrúpulo en elegir con quién debemos tener relaciones, excesiva comercialización para conseguir emolumentos y subvenciones, llamadas de atención sobre consumo y esponsorización, confiar en elementos algorítmicos, (que no nos queda otra), para realizar acciones, tomar decisiones, sentirnos menos solos.
Amor y otros algoritmos es un espejo de lo que está ocurriendo actualmente, llevado con humor sutil, sin alharacas ni gritos al cielo, advirtiéndonos de los lobos que hoy en día nos acechan, la tecnología, la impersonalización, el relámpago de la concienciación que nos impide mostrarnos realmente cómo somos, la grasa de que todo lo que hagas va a estar controlado por algoritmos impersonales, llagas del sentimiento, lobos acechantes de nuestros intereses, bisturíes que nos destripan las entrañas, hasta llegar, incluso, al amor, que siempre ha sido impredecible, y ahora, también viene marcado por lo que designen estos nuevos dioses actuales. No puedes ocultarte.
¡Que el futuro nos pille confesados!

FICHA ARTÍSTICA
AMOR Y OTROS ALGORITMOS
Texto y Dirección: Marta Onzain
Elenco: Edu Rejón, Elena Vallinas – Marta Romero y Rodrigo Antonucci
Espacio: Teatros Luchana – Sala 1
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