La problemática en torno a la existencia de un proceso de modernización en el Marruecos previo a los Protectorados ha sido, desde hace décadas, tema de debate entre dos perspectivas representativas de la historiografía marroquí. Mientras la historiografía tradicional defiende la tesis de las reformas y el despertar que había vivido Marruecos; la historiografía contemporánea pone lo expuesto por las fuentes historiográficas tradicionales en tela de juicio. Quizás pues, al analizar estas dos perspectivas contrapuestas, podamos entender mejor el verdadero calibre de las iniciativas de cambio y apreciar si realmente habrían surtido efecto a largo plazo o habrían acabado reprimidas. Cabe hacer mención, en este contexto, a las dos figuras paradigmáticas que personifican ambas perspectivas historiográficas: Mouhammad Mennouni y Germain Ayache.
Mennouni considera que la génesis del regeneracionismo marroquí data de la derrota de Tetuán en 1860. A raíz de este suceso, los sultanes que alternaron el poder se dieron cuenta de lo arcaicas que eran las estructuras del Estado y planificaron unas amplias reformas, que empezarían con Sidi Mohammed IV. Cuando Mulay Hassan I accedió al trono de Marruecos sostuvo las mismas pautas reformistas pero de una forma más intensiva. Según Mennouni, Hassan I, consiguió que la política, la administración, el ejército, la marina, la economía y la cultura conocieran una marcada modernización. El talante aperturista liberal del soberano y su habilidad a la hora de tratar con las potencias extranjeras, con intereses contrapuestos en Marruecos, hicieron que el país se salvara de la ruptura del statu quo y le propiciaron la posibilidad de introducir importantes cambios con fines reformistas. El hecho de que dichas potencias cooperaran con el Majzén para reestructurar la administración y el ejército es clara y evidente prueba de la habilidad del sultán.
Para corroborar su tesis, Mennouni exponía una serie de hechos históricos y los consideraba como el resultado del carisma de Hassan I y de sus intenciones de modernización. En la política exterior se establecieron importantes reformas, empezando por el hecho de consagrarle un ministerio con competencias específicas. En el tema fiscal se optó por la reestructuración de la base administrativa con un exhaustivo control de las diferentes transacciones: a modo de ejemplo, la nueva organización de las aduanas portuarias. En el ámbito militar se contó con la cooperación de instructores europeos; con la inserción de jóvenes marroquíes formados en el extranjero en las diferentes ramas del ejército y la marina; se construyeron fábricas de armamento y pólvora en Fez y Marrakech; el gobierno compró nuevos buques de guerra con el objetivo de formar una flota marítima. El sultán envió misiones estudiantiles a Italia, Egipto, España, Bélgica, Gibraltar, Alemania, Francia, etc. para formar expertos en diferentes áreas del conocimiento, aunque a decir verdad, la mayoría accedió a carreras militares.
La administración introdujo nuevos métodos para facilitar la comunicación entre las diferentes zonas del país, tales como el correo ordinario o el telégrafo; se acuñó una nueva moneda para controlar la inflación y la circulación de moneda extranjera. Se introdujeron nuevas técnicas tipográficas que dieron lugar a la aparición de la prensa escrita en árabe. En definitiva, las iniciativas de reforma sostenidas por Hassan I constituyen, según Mennouni, verdaderos testimonios de una modernización nunca antes conocida en Marruecos; iniciativas que generaron un vanguardismo bien representado por una élite formada en los diferentes campos de las letras y las ciencias. Por primera vez Marruecos contaba con ingenieros, arquitectos, topógrafos, médicos, matemáticos, astrónomos y cartógrafos nativos formados en el extranjero.
Si realmente hubo una verdadera modernización, sus efectos, sin embargo, no salvaron el país de la inminente ruptura del statu quo y del establecimiento del Protectorado hispano-francés. Mennouni resume los motivos que redujeron el impacto de esta modernización en las ideas siguientes:
- El envío de las misiones estudiantiles al extranjero no respondía a un plan previo y estable.
- Los miembros de estas misiones no contaban con la simpatía del Majzén y los asesores del sultán.
- Tras la muerte de Hassan I, cesaron de modo definitivo los envíos de las misiones al extranjero. Las fuentes de la época señalan que el Gran Visir Ba-Ahmed veía con desagrado y recelo a las personas que se formaron en estas misiones y cuando sus miembros le visitaron para solicitarle el acceso al aparato administrativo del Majzén los despreció y los marginó.
- El Majzén no sostuvo ninguna campaña de sensibilización popular a favor de estos estudiantes.
- La coincidencia de estas misiones con el incremento de las tentativas europeas de intervención en Marruecos creó un sentimiento de odio y desconfianza ante lo occidental o europeo.


