Para disfrutar de nuestro tiempo, a todos nos gustaría pasar menos tiempo en el trabajo. ¿Quién no quiere trabajar menos y cobrar más? Esta frase me parecería éticamente correcta para todas las partes si añadiésemos un «horas» después del menos. Porque sí, si somos capaces de hacer lo mismo en menos horas, nos pueden seguir pagando igual, o incluso un poco más (por los gastos que ahorraríamos a la empresa). Pero si trabajamos menos, bajamos la productividad y tienen que contratar a otro para que termine nuestro trabajo, igual la cosa no es muy justa para el empresario.
Las Pymes, las más afectadas
Los empresarios, de hecho, están que trinan con imposición vía legislativa de la ministra de Trabajo. Garamendi ha cifrado en 23.000 millones de euros el coste de reducir por ley la jornada laboral de 40 horas a 37,5 horas y ha señalado que serán las Pymes las más afectadas.
Según el informe de CEPYME del mes de junio del pasado año, la reducción de la jornada afectará al 75% del mercado laboral, excepto a las grandes empresas, en las que ya se trabajan 37,2 horas semanales.
La productividad, clave para la reducción
Evidentemente, CEPYME pone el ojo en la productividad, que debería ser un «factor clave» para plantearse cualquier modificación de las condiciones de trabajo. Los pequeños y medianos empresarios destacan que la productividad encadena 7 trimestres de caídas interanuales. A esto, afirman desde CEPYME, hay que añadir los costes laborales soportados por las pymes, del 18,1% desde 2019 (sin contar con el aumento del Salario Mínimo Interprofesional).

En el informe ¿Cómo reducir la Jornada Laboral? de J. Ignacio Conde-Ruiz, Jesús Lahera y Analia Viola, ponen el acento en que la jornada laboral no se ha vuelto a reducir desde 1983, cuando se fijaron las 40 horas semanales, aunque a partir de entonces, las reformas, iniciadas en 1994, han ido incorporando una gran flexibilidad a la distribución horaria mediante la negociación
colectiva.

Junto a esto los autores hablan también de la productividad y la influencia de la reducción de la jornada en su aumento y enfrentan a diferentes autores que lo sostienen como Andrés y Doménech (2020) y Bick, Fuchs-Schündeln y Lagakos (2018) con «el consenso entre los economistas sobre la dirección, al menos dominante, de la causalidad en esta correlación».
En el informe se sostiene que el crecimiento de la productividad nos hace más ricos y nos lleva a demandar una jornada laboral más corta, pero también sostienen que el crecimiento no es automático ni universal. El resumen para los autores es que la reducción de la jornada laboral puede tener muchos beneficios, pero también posibles riesgos y desafíos que requieren una planificación cuidadosa, flexibilidad y medidas compensatorias.
La importancia de la negociación
Para CEPYME el coste directo de la reducción de jornada sin negociación será de 11.800 millones de euros, a los que hay que sumar los indirectos en términos de afectación a la
producción, nuevas contrataciones y pago de horas extra, entre otros.
No todos los sectores son iguales
Otro problema viene en el caso de las pequeñas empresas, especialmente las que se dedican a la atención al público, que necesitan tener cubiertos unos horarios, que en caso de reducción de jornada laboral, tendrían que reducir, o contratar más personal, con la dificultad de hacer rentable el negocio.

Horas extras
En ocasiones, la reducción de jornada por ley implicará un aumento de las horas extraordinarias, que, en un gran porcentaje, no son pagadas ni compensadas, como denuncian frecuentemente los informes sindicales. En este escenario, la reducción de la jornada laboral agravaría un problema ya detectado con las horas extraordinarias. Según Infojobs, 2 de cada 5 trabajadores aseguran hacer horas extra fuera de su jornada laboral y uno de cada tres trabajadores afirma que estas horas no son ni pagadas ni compensadas.

Según explican Conde-Ruiz, Lahera y Violatocar, tocar la pieza de la jornada máxima legal, fuera de los intercambios propios de la negociación colectiva, no sólo altera los equilibrios entre tiempo y salario, sino que toca el resto de las piezas del sistema de ordenación del tiempo de trabajo, con consecuencias y efectos colaterales que deben ser valoradas porque pueden terminar perjudicando a los trabajadores y a los usuarios, con efectos no deseados.

Otro posible efecto de la reducción de la jornada puede ser el aumento de los contratos a tiempo parcial. ¿Vamos a necesitar dos trabajos a tiempo parcial para poder cubrir nuestra jornada de trabajo y conseguir unos ingresos que nos permitan vivir bien? Quienes hemos vivido esta situación, sabemos que dos medias jornadas son mucho más que una jornada completa. Pero, al fin y al cabo, fue esta compaginación de ocupaciones la que trajo esa costumbre tan española de comer a las 14:00.


