Dejarse llevar
Tenemos una imagen indeleble del Mago de Oz. Aquella cinta ya mítica, nada menos que de 1939, dirigida por Víctor Fleming, con una Judy Garland sobresaliente, convertido en uno de los cásicos del cine fantasía y musical, por lo que tuvo de innovador y reciente uso del Technicolor.
Personajes, además, emblemáticos, por lo que representan en valores: el espantapájaros sin cerebro, el hombre de hojalata sin corazón, el león sin valentía.
Pero, hete aquí, que Unay Ferrer no puede abstraerse al paso del tiempo, y crea una dramaturgia donde Dorothy se ha hecho más mayor, pero no ha perdido su inocencia, afortunadamente, y vuelve por arte de magia teatral a pisar el camino de baldosas amarillas y reencontrarse con sus viejos amigos, que mantienen el cerebro, es decir, la capacidad de pensar, de leer, de preguntarse, cosa que hoy en día no hace mucha gente ni por asomo. Y con el gran corazón del hombre de hojalata que se enamora, que es buena persona, que verá positivismo en las acciones de los demás. O en el valor del león que no es una cuestión de arriesgarse, ni de enfrentarse en grandes batallas a enemigos que no existen, sino en afrontar los reveses, en superar las crisis, en intentar conseguir aquellos anhelos en los que uno sueña.

Y lo dirige Rosa Fernández-Cruz con música original de Dustin Calderón, en un delicado montaje amable y muy visual, práctico en cuanto a resolver las escenas del encuentro de los personajes con la protagonista, colorido y hermoso, cercano y familiar.
Hay un paso a la madurez, como hemos dicho antes, sin perder esa inocencia, ese niño que llevamos dentro y que no debiéramos perder nunca. Y si lo hacemos, que podamos encontrarlo sin demasiadas dificultades.
Incide también la puesta en escena, creo yo, en que es necesario dejarse llevar, confiar en los demás, aunque tus expectativas anteriores sean otras. Para todos, el paso del tiempo no es algo gratuito. Se gana en madurez, se pierde en espontaneidad. Por eso es importante no olvidar aquellos sentimientos y emociones que un día nos unieron a personas que, en principio, parecía que no tenían mucho que ver con nosotros.
Spin Oz, una nueva historia a partir de otra ya existente, pero convirtiéndose en algo original que debiera hacer interesarse a los más pequeños por esos personajes curiosos que cantan a la vida, que ven el mundo bello, que no buscan el aplauso sin más, sino que quieren encontrarse a sí mismos, y ayudar, ese término que parece hoy en desuso, porque lo que debe impulsar nuestras acciones es la empatía, la solidaridad, la búsqueda de un mundo mejor, no idílico ni perfecto, sí humanamente habitable y sostenible.
Teatro para todos los públicos, de calidad y sin tratar a los jóvenes espectadores como si fueran bobalicones, sin la premura de la digitalización ni la asepsia de las relaciones impersonales a través de pantallas táctiles.
Canción, baile, una historia que contar, armonía, y abogar por los valores universales y perennes, esos que no debieran perderse nunca.
INFORMACIÓN
SPIN OZ
Autoría: Texto de Unay Ferrer.
Dirección: Rosa Fernández-Cruz
Elenco: Laura Rico y Unay Ferrer
Música: Banda sonora original de Dustin Calderón
Teatro San Pol


