Abdelhamid Beyuki
El ascenso meteórico del partido portugués Chega, fundado en 2019 por André Ventura, está transformando el panorama político luso. Su nombre, que significa “¡Basta!”, condensa un mensaje de ruptura frente a la clase dirigente, al sistema político tradicional y a una situación socioeconómica que muchos ciudadanos perciben como estancada.
Con un discurso nacional-populista de tintes ultraconservadores, centrado en la identidad nacional, la familia y la religión, Chega ha pasado de ser una fuerza marginal en 2019 a convertirse, tras las elecciones de 2025, en la principal oposición en el Parlamento con más de una quinta parte de los votos (60 diputados) superando el histórico partido socialista.
Su crecimiento refleja una tendencia más amplia en Europa: la irrupción de partidos de extrema derecha que capitalizan el malestar social, el rechazo a la inmigración y la desconfianza hacia las élites políticas. En este sentido, las comparaciones con Vox en España son inevitables. Ambos comparten la defensa de la nación como eje central de su discurso, la denuncia frontal contra “la corrupción” y las élites, y una visión muy crítica hacia las minorías y hacia los valores del pluralismo liberal y la interculturalidad.
Lo interesante, sin embargo, es observar cómo este populismo nacionalista empieza a proyectarse hacia el terreno de la política exterior. El martes 16 de septiembre, Chega presentó en el Parlamento portugués un proyecto de resolución instando al Gobierno a reconocer explícitamente la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental y a cortar toda relación con el Frente Polisario. Aunque este tipo de iniciativas parlamentarias no son vinculantes, sí representan un posicionamiento político claro y obligan a los gobiernos a justificar su postura.
Aquí surge una pregunta clave: ¿podría Vox, por afinidad ideológica, adoptar una posición semejante en España? En principio, no es descartable. Vox comparte con Chega la lógica de un nacionalismo contundente que prioriza la soberanía estatal frente a las ambigüedades diplomáticas. Además, desde un punto de vista geopolítico, Vox podría encontrar en un alineamiento con Marruecos una forma de reforzar el control migratorio y la cooperación en seguridad, dos de sus obsesiones programáticas.
No obstante, el caso español es mucho más delicado. La historia colonial en el norte de África, la cuestión de Ceuta y Melilla y la propia salida considerada humillante de España del Sahara en 1975, hacen que cualquier movimiento en este terreno genere divisiones internas y riesgos diplomáticos considerables. De ahí que Vox, aun compartiendo con Chega el mismo marco ideológico, se lo piense dos veces antes de abanderar de forma abierta esta idea.
En el resto de Europa, la posibilidad de que otros partidos ultras apoyen las tesis de Rabat dependerá en buena medida de los intereses económicos y de seguridad que cada país tenga con Marruecos. Allí donde el vínculo migratorio, energético o comercial es más fuerte, cabe imaginar que puedan surgir voces en esa dirección. Pero en la mayoría de los casos, las agendas de estas fuerzas se concentran más en combatir la inmigración y el islam dentro de Europa que en pronunciarse – de momento – sobre conflictos internacionales.
Para Marruecos, sin embargo, la iniciativa de Chega no deja de ser significativa: señala que cada vez existen más grietas en el consenso europeo tradicional en torno al Sáhara y que incluso formaciones de oposición con peso creciente están dispuestas a reconocer de manera explícita la soberanía marroquí. No es un triunfo inmediato ni definitivo, pero sí un indicador de que el clima político en Europa está cambiando.
La pregunta es si este cambio, liderado por partidos como Chega o eventualmente Vox, será lo suficientemente fuerte como para traducirse en políticas de Estado. Marruecos, por su parte, hará bien en aprovechar estas señales como instrumentos de presión diplomática, sin perder de vista que la última palabra seguirá en manos de los gobiernos, no de las oposiciones.

- El telón de acero digital. El veto a Anthropic y la imperiosa necesidad de campeones europeos
por Andrés Pedreño MuñozLa drástica decisión de la Administración estadounidense de invocar la seguridad nacional para prohibir a ciudadanos extranjeros el acceso a los modelos de inteligencia artificial más avanzados de Anthropic (Fable 5 y Mythos 5) no es un mero contratiempo - Emigración y sociedad
por Francisco VelázquezLos conflictos sociales tradicionales en los países, que enfrentaban a los colectivos, clases o grupos de personas con el Estado o con los más poderosos, están cambiando de forma acelerada. En los últimos tiempos, cierto estupor alcanza al observador - Mundial de Fútbol 2026: el gran escaparate geopolítico de Norteamérica
por Pedro Fuentetaja RubioEntre el 11 de junio y el 19 de julio de 2026, el mundo volverá a detenerse ante la Copa Mundial de la FIFA. Será una edición histórica por múltiples razones: por primera vez participarán 48 selecciones nacionales, se - El fracaso del FCAS: golpe a la autonomía estratégica europea y oportunidad crítica para España
por Pedro Fuentetaja RubioResumen ejecutivo EL mayor proyecto europeo en la vertiente de la Defensa ha quedado abandonado después de que las empresas francesas y alemanas implicadas no lograran resolver años de disputas industriales, tecnológicas y estratégicas. Tras meses de negociaciones y - Desinformación sin fronteras y sin excusas
por Carlos PenedoLa politóloga manchega Máriam Martínez Bascuñán observaba recientemente en un acto público que don Quijote ampliaba la realidad encontrando gigantes donde había molinos; y que en estos tiempos parecemos haber perfeccionado el mecanismo contrario: vemos molinos cuando miramos gigantes. Hay mucho de desinformación







