Un mundo hostil
Moebius es un balde de agua sucia, una sociedad húmeda de lágrimas, la agitación de las conciencias, el clamor de las injusticias, la regresión del siempre fue así.
Un mundo hostil donde la ternura no tiene cabida. Un temor irremplazable, un querer imponerse en las ideas, el triunfo de las ideas retrógradas, el summum de la avaricia y el sometimiento, las relaciones ariscas o, directamente, odiadoras, la punzada del miedo, la crueldad servida en bandeja de plata.
Con Moebius, Carlos Be, en la dramaturgia y en la dirección, nos presenta a través de Raquel Pérez y su Formación actoral, el desierto de cuerpos y almas que vagan intentando encontrar una salida, mientras unos pocos, las cierran, para que nadie entre y para que nadie escape.
Nos plantean qué posición tenemos ante esta sed de venganza y de injusticias. Ante esta multiplicación de ideas represoras cada vez más extendidas, con el razonamiento de si no estás conmigo, estás contra mí y, además, tú no tienes cabida en mi círculo exclusivo, a no ser que sea para servirme y que yo pueda humillarte.
Todos los actores y actrices formados por el manantial teatral de Raquel Pérez, junto con la sabia y asombrosa puesta en escena de Carlos Be, están perfectamente apropiados y acoplados a mostrar lo que es el quebrantamiento de la libertad, la amargura del dominio de los poderosos, la tibieza ante las condenas por parte de los ciudadanos y las autoridades políticas. La sensación es de soledad, exclusión, miedo, culpabilidad, agresiones y violencias. Se va perdiendo el concepto de solidaridad, de alegría, de cercanía, de camarada y compañerismo, de ser humano preocupado por sus semejantes.
Para algo sirve el teatro, no me cansaré de repetirlo. Nos despierta las conciencias, por si las tuviéramos aún dormidas, a pesar tanto acontecimiento doloso como nos circunda últimamente. No son solamente lamentaciones. Es denuncia, es espejo, es mostrarse cara a cara con los desmanes y luchar con otras armas. Las de la cultura, las de la tolerancia, las de la paz a través de la palabra, las de la tregua de nosotros mismos. Debemos permitirnos regresar a casa con la sensación de que, desde nuestras posibilidades, hacemos algo. Los que pergeñan, ensayan, interpretan y los que asistimos y, después, comentamos, escribimos sobre ello, recomendamos. Se nos suaviza el rencor, queremos solidarizarnos con que no todo está perdido.
Por cierto, el síndrome de Moebius es también un trastorno neurológico poco común que se caracteriza por la parálisis facial y la dificultad para mover los ojos de lado a lado. Las personas con este síndrome no pueden hacer expresiones faciales como sonreír, fruncir el ceño o mover los ojos hacia afuera.
En el caso que nos ocupa, Generación Moebius es parada y aliento. Fidelidad a un método de trabajo, sustentación de unos ideales. Aquí no se busca el éxito, sino el triunfo, no personal, sino colectivo, y más allá, social, intenso en las relaciones personales, magia teatral sin trucos. Solamente los antihéroes, la ciudadanía de a pie y sensibilizada, podrá recobrar la esperanza, la sonrisa, las expresiones faciales y la libertad de expresión, de reunión y de desplazamiento, y no dejar que se corrompa el estado de derecho.
FICHA ARTÍSTICA
MOEBIUS. RAQUEL PÉREZ FORMACIÓN ACTORAL
Autoría: Carlos Be y Generación Moebius
Dirección: Carlos Be
Interpretación: Leire Aguiar, Charly Artero, Antonio Casares, Miriam Escabias, Lau Jiménez, Laura Micha, Mateo Muniz, Pedro Orenes, Silvia Quintana, Mane Sant, Emma Tarrés y Martina Toro
Dirección de producción: Raquel Pérez Formación Actoral
Espacio: Teatro del Barrio
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