martes 16 junio, 2026

Progreso y Progresista

Las palabras “progreso” y “progresista” son incomprensibles para los ángeles nuevos o los alumnos de bachiller

 Examinad y oled, si podéis, las tres puertas de bronce del baptisterio de Florencia. De las tres, la meridional, la más antigua (1330-1336), es obra de Andrea Pisano y contiene veintiocho paneles que representan la vida de Bautista, las cuatro virtudes cardinales y las tres teologales: fe, esperanza y caridad. Pisano representa la esperanza sentada, como un ángel que levanta los brazos hacia un futuro o un premio que le resulta inalcanzable a pesar de tener alas.

Dibujad con los dedos las líneas básicas del Angelus novus de Paul Klee (1920). En este dibujo se representa un ángel que parece alejarse sin remedio de aquello que mira fijamente, quizás de aquello que anhela. Los ojos se le ven desorbitados, ha girado el rostro hacia el pasado, hacia una única catástrofe que amontona escombros sin cesar. Anhela detenerse, pero, soplando desde el paraíso, el vendaval del progreso dobla sus alas, y el ángel ya no puede reorientarlas hacia el pasado que anhela. Hasta aquí no he hecho más que resumir los comentarios de uno de los primeros poseedores del dibujo: Walter Benjamin.

Añado yo que entre ambas imágenes aladas hay tres diferencias básicas: el fruto, los ojos y el movimiento. En la puerta de Pisano, el ángel de la esperanza divisa un fruto. No sabemos si se levantará para agarrarlo, pero sí vemos el fruto. Levanta los brazos, pero le pesa el culo que le hace desconfiar de la fuerza de las alas. Mira el fruto con unos ojos concentrados, pero no vuela: espera. El ángel implora la asistencia divina como un niño hambriento una ayuda humanitaria que no llega; o un pagafantas la recompensa carnal de la amada. La esperanza así se convierte en espera.

El Angelus de Klee, en cambio, mira un fruto que ya no aparece en la imagen con unos ojos que ya se han desorbitado. El Angelus novus ya está en movimiento, pero sus alas tampoco tienen bastante fuerza como para levantar el vuelo y agarrar el fruto. El progreso histórico lo aspira como una aspiradora una maraña de polvo y pelos. El fruto estaba en el pasado y ya no se ve en el dibujo, estaba en la prehistoria que la historia borra con los datos y el relato historiográfico.

El fruto es inalcanzable para los dos ángeles, que lo miran desde una lejanía por cercano que pueda estar. Ahora bien, el ángel de Pisano se mantenía estable en la Florencia del trecento, en cambio, el de Klee ya no, porque a inicios del siglo XX ya circulaba el flujo eléctrico por las ciudades centroeuropeas, ya se habían inventado los primeros electrodomésticos y porque, aunque esto fuera secundario para un materialista, ya se había expandido la idea del progreso. El ángel de Pisano espera un paraíso con esperanza. El ángel de Klee ya no puede esperar, porque es aspirado por un progreso sin esperanza. Es la historia de una espera que se transforma progresivamente en un error, una historia con imágenes. Muchos alumnos de bachillerato ya no esperan, se han cansado de esperar a un progreso que se sitúa más allá de su alcance. Las ideologías de los gobiernos progresistas son galimatías que no les interesan ¿Habrá que dejar de esperar el fruto de una vida mejor aquí o más allá? Muchos alumnos de bachillerato lo tienen claro. Los adultos progresistas no tanto. En este punto los que mejor entienden a esos jóvenes desesperanzados son los apocalípticos de extrema derecha.

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