Ediciones Península acaba de publicar “La derecha desnortada”, obra colectiva dirigida por Armando Zerolo, profesor de la Universidad CEU San Pablo.
El libro analiza, desde un punto de vista liberal, la desviación populista y autoritaria de la derecha en los últimos tiempos. Sostiene que la derecha tiene el riesgo de alejarse de los principios, y de la moderación, que le hicieron triunfar electoralmente.
El libro incluye el aviso para Feijoo de que: “No se pueden navegar dos olas al mismo tiempo”. Previene de que la derecha no debería renunciar a sus principios, porque eso facilitaría su fin, y su sustitución por la ultraderecha.
En efecto, la extrema derecha no pretende colaborar con la derecha en el gobierno, pretende sustituirla.
En el mundo hay una ola conservadora, y una lucha de la ultraderecha por superar o destruir a la derecha. La ultraderecha ya es el principal partido en varios países europeos y gobierna en Italia.
Trump ha pasado a controlar el partido Republicano de EEUU, fue reelegido en 2024, e intenta fomentar y potenciar a los Patriots en Europa, y todo el mundo. Trump significa la vuelta al siglo XIX, al patio trasero desde su frontera sur, al enriquecimiento propio y de sus amigos sin pudor alguno, a convertir la política en negocio sin importar los derechos humanos, ni los crímenes de guerra, y la aversión a la UE y la OTAN.
La derecha está asumiendo parte de las ideas de la ultraderecha, sobre todo en temas de inmigración, motivado por las encuestas. La inmigración ha pasado a ser un problema prioritario para los que se confiesan de derechas, así como la vivienda para los que se sitúan en la izquierda.
La ultraderecha española no tiene los porcentajes de votos de otros países europeos. Confiemos que en España exista un hecho diferencial y que no los alcancen.
VOX es un partido autoritario. Se hacen purgas de militantes, sin explicación ni transparencia alguna
No puede esperarse lealtad por parte de VOX, o que tenga sentido de Estado. Su único fin y pensamiento es de acabar con la derecha y sustituirla.
Ahí están las actuales negociaciones para los gobiernos autonómicos de Extremadura, Aragón y Castilla-León, o las espantadas de los gobiernos autonómicos de 2024, como testigo de que a VOX le interesan sus conveniencias partidistas, por encima del sentido de estado y facilitar la gobernabilidad.
Cuando Rajoy formuló un decálogo para negociar con VOX los Gobiernos autonómicos, Abascal opinó que Feijóo les trata a él y a su partido como si fueran «salvajes» a los que hubiera que «domar».
No se debería indignar Abascal, ya que su partido quiere dinamitar el estado de las autonomías que está en la constitución, y coincide con los nacionalistas y la ultraizquierda en faltar a actos institucionales relevantes que preside el rey. Su portavoz parlamentario ha declarado que a Radiotelevisión Española “hay que entrar con una bomba atómica”, insistiendo en que no bastaría con un “lanzallamas”, sino algo “peor aún”. Son comprensibles, por tanto, las cautelas de Feijoo.
En cuanto al PP tiene el problema de ofrecer una imagen confusa sobre su ideología. Entre Isabel Díaz Ayuso y Juanma Moreno, cabe más de medio parlamento.
Su miedo a VOX le lleva a asumir determinados postulados de la ultraderecha, cayendo en la trampa.
VOX tiene el lema recurrente de que PP y PSOE son lo mismo. Esta estrategia infunde miedo al PP, hasta el punto de votar en contra de iniciativas del gobierno, con las que está de acuerdo con el fondo.
A esto se suma que Feijoo no controla su partido. La prueba más palpable es haber mantenido a Mazón en Valencia más de un año. Dimitió como Presidente del gobierno valenciano, pero no como diputado autonómico, y no ha reconocido ninguna responsabilidad por su actuación en la dana.
En paralelo a estos fenómenos en la derecha, se ha producido la radicalización de la izquierda.
Pedro Sánchez tuvo que repetir elecciones en 2019, ante la falta de apoyos, tanto de Podemos, como de Ciudadanos. Hoy Podemos está en horas muy bajas y Ciudadanos desaparecido. Ambos deseaban sobrepasar a PSOE y PP.
Estos son los resultados de los apoyos a la moción de censura de 2016, y el Parlamento de las elecciones de 2019 y 2023:

En abril de 2019 el PSOE tenía 123 diputados y Ciudadanos 57, juntos tenían mayoría absoluta. Albert Rivera se negó al pacto iniciando el declive de su partido. Pablo Iglesias también votó en contra de la investidura, y se negó a pactar.

Los resultados de las elecciones de noviembre de 2019 y de 2023, hicieron que el PSOE dependiera no solo de su izquierda, sino de los nacionalismos. Mucho más en 2023.
Para tener mayoría absoluta en 2023 precisa de SUMAR, incluido Podemos que va aún más por libre, y los votos de los nacionalistas, incluidos los de los herederos de ETA. Existe la dificultad añadida que, de los 25 votos nacionalistas, los 12 de Junts y del PNV son nacionalistas de derechas.
De esta situación el Gobierno hizo de la necesidad virtud, y más tarde justificación teórica. La justificación teórica es la deseable España de las naciones y el muro frente a la derecha y la ultraderecha que vienen a ser lo mismo. “No pasarán”.
El precio pagado por esta situación de debilidad lo conocemos todos: indultos, amnistía, financiación singular, regalos al PNV, cesión de competencias, algunas de dudosa legalidad como la inmigración, salida de presos sanguinarios de ETA de prisión, saltándose la ley penitenciaria, etc.
El gobierno está embutido en un traje en que le aprietan las costuras. Ha tenido que radicalizarse admitiendo las propuestas procedentes de su izquierda. A su vez tiene que contentar a los nacionalismos con concesiones constantes. Cada votación es un nuevo chantaje.
Pierde votaciones porque algunas pretensiones, desde su izquierda, no son admisibles para los nacionalistas de derechas.
La actual estrategia del Gobierno es crecer ocupando su flanco izquierdo y fagocitando a SUMAR. La izquierda del PSOE trata de conseguir alianzas que eviten los repetidos fracasos electorales.
El resultado final es la de un PSOE que ha perdido su esencia socialdemócrata. Ha pasado a ser un partido populista, y que ha asumido bastantes postulados nacionalistas, y su vocabulario.
El exministro Jordi Sevilla, ha promovido el manifiesto SOCIALDEMOCRACIA 21 Por la reactivación política del PSOE y de la democracia en España. «Queremos que el PSOE recupere un proyecto autónomo, socialdemócrata, de cambio, ilusionante, mayoritario, centrado en los problemas de los ciudadanos y abierto a consensos democráticos con sus adversarios políticos en cuestiones de Estado»
SOCIALDEMOCRACIA 21 ha reaccionado a la desnaturalización operada en el PSOE, y desea una vuelta a un proyecto socialdemócrata, con sentido de estado. Ojalá tenga éxito.
En cuanto al actual funcionamiento interno del PSOE se ha buscado un control férreo que no admite disidentes. Las corrientes de opinión pasaron a la historia.
Se imponen desde Moncloa los candidatos electorales. Algunos de ellos, ministros o exministros del gobierno, se imponen como candidatos electorales, aún a sabiendas de que su designación es contraproducente para los resultados electorales.
No importa, con tal de controlar el partido después de la futura derrota en las elecciones generales, que las encuestas auguran. Se adivina el deseo de Sánchez de encastillarse en un partido controlado, confiando en que los errores que puedan cometer PP y VOX faciliten la vuelta al poder del PSOE con los nacionalistas de apoyo.
La izquierda y la derecha se han alejado de la moderación y han radicalizado sus posturas.
Algunos politólogos dicen que el centro nació con UCD y murió con Ciudadanos. Otros, como Eduardo Bayón, sostienen que «No es que no haya espacio sino que no han sabido consolidarlo».
Los puentes entre PSOE y PP han sido dinamitados a conciencia, como plasmación de la justificación teórica ideada.
Es impensable que el PSOE pueda ayudar al PP para que no tuviera que depender de VOX. Se evita cuidadosamente cualquier posible negociación.
Es impensable que el PP pueda echar una mano al PSOE para evitar los chantajes nacionalistas, o las medidas más radicales. Hay que votar en contra del gobierno aunque se esté de acuerdo con la medida.
Esta situación es totalmente indeseable, e impide pactos de estado para la solución de los problemas que de verdad preocupan a los españoles.


