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lunes 10 agosto, 2026

La crisis de Ceuta

Han pasado ya algunos días desde esta crisis —más de 60.000 personas invadieron el territorio español desde Marruecos, abandonándolo en su mayoría pasadas 48 horas— y empieza a estar claro lo que ha habido detrás de este episodio: ni mafias que trafican con inmigrantes, ni efecto llamada de la regularización recientemente acometida por el Gobierno, ni consentimiento premeditado de este como afirma el señor Feijóo; lo que ha sucedido ha sido una confluencia de intereses entre los deseos anexionistas de Marruecos hacia las plazas españolas y la estrategia de desestabilización del trumpismo internacional hacia la Unión Europea.

Para empezar, desde algunas redes sociales se alentó a la juventud marroquí a atravesar la frontera, haciéndoles creer que estaba abierta sin restricciones. En otras, se les dieron indicaciones sobre puntos de encuentro, autobuses, tiendas para comprar neoprenos, aletas y bolsas herméticas para hacer la entrada por mar, diciéndoles que no podrían ser devueltos si entraban por esa vía. Pasada la crisis, todas esas cuentas desparecieron y borraron su rastro.

A la vez, el gobierno marroquí retiró los controles de acceso a la frontera durante al menos veinte horas. Todo ello, unido a que una gran parte de la juventud marroquí no tiene ninguna oportunidad de futuro en su país, crearon el caldo de cultivo perfecto para el asalto que se produjo. El hecho no admite otra interpretación que el de una agresión del gobierno marroquí a la soberanía española utilizando a su propia población como arma arrojadiza, muy similar a la que llevó a cabo en 2021, cuando más de 10.000 jóvenes entraron en Ceuta de un modo muy similar al de estos días.

El resultado ha sido tremendamente dramático desde el punto de vista humano, pues han fallecido en el intento alrededor de 80 jóvenes, y una conmoción desde el punto de vista político, tanto en España como en el resto de la Unión Europea. Las derechas españolas —el PP y Vox— han aprovechado para culpar al presidente Sánchez y a su gobierno de la agresión. Las ultraderechas europeas de Italia y Finlandia, y el grupo parlamentario ultraderechista Patriotas de Europa, también han atacado a Sánchez y su política migratoria. Peor aún, la derecha convencional, representada por el PPE (Partido Popular Europeo), ha reaccionado culpando igualmente al gobierno español. Otros gobiernos como el francés, el portugués y el irlandés han respondido sin embargo culpando al agresor, es decir a Marruecos, y solidarizándose con Sánchez. No cabe duda de que la UE está dividida sobre el fenómeno migratorio y que cada fuerza ha intentado rentabilizar la crisis en su propio beneficio. Unas reacciones muy diferentes a la unánime condena a Bielorrusia que sostuvo la UE en 2021 cuando aquella empujó a miles de inmigrantes sirios hacia Polonia en respuesta a las represalias económicas de la UE.

La pregunta a hacerse, pues, es por qué la agresión marroquí y por qué ahora. Marruecos ha utilizado esta arma contra España en otras ocasiones, siempre que alguna actitud de los gobiernos españoles le ha incomodado. En 2021, fue la acogida en un hospital español, para ser intervenido, del máximo dirigente del Frente Polisario. Esta vez podría haber sido la reanudación reciente de las relaciones diplomáticas y comerciales de España con Argelia —histórico enemigo de Marruecos— o la aprobación, también reciente, en el parlamento español del reconocimiento de nacionalidad a los descendientes de los saharauis nacidos cuando el Sáhara era colonia española. Pero no hay que olvidar la larga mano estadounidense, estrecho aliado de Marruecos al que pertrecha de armas y tecnología, que tiene escrito en su Estrategia de Seguridad Nacional que EE.UU. apoya las negociaciones entre Marruecos y España “para decidir el futuro estatus de Ceuta y Melilla, ciudades ‘administradas’ —atención al eufemismo— por España en territorio marroquí”. En lenguaje llano, a EE.UU. le vendría muy bien que Ceuta y Melilla pasaran a ser marroquíes. El Estrecho de Gibraltar es para ellos una posición estratégica muy relevante.

Observando las declaraciones sincronizadas de Trump, Netanyahu, Meloni y las ultraderechas europeas contra el gobierno español a escasos minutos de producirse el asalto multitudinario a Ceuta, es bastante evidente que estaban al tanto del mismo y que esperaban utilizarlo cada uno para sus fines: Trump, para reivindicar su cruel política antiinmigratoria y ganar posiciones con vistas a las elecciones de medio mandato de noviembre; Netanyahu para vengarse del gobierno español por su firme condena del genocidio de Gaza; y las ultraderechas europeas para seguir alimentando el odio a los inmigrantes y sus políticas de rechazo a su entrada en Europa.

Aunque España es sin duda la agredida y el gobierno español la víctima, cabe sin embargo hacer algunas críticas a la actuación de este. En primer lugar, su infravaloración del riesgo cuando había algunos indicios en los días previos al asalto, tanto por parte del CNI, como del Ministerio de Migraciones y del gobierno de Ceuta. De ahí su falta de reforzamiento de la frontera hasta una vez que se produjo del asalto. Por otro lado, no se entiende que la impermeabilidad de la frontera dependa tan solo de lo que decidan las autoridades marroquíes. Todos hemos visto el escaso espigón que separa un país de otro y los pocos guardias civiles que miraban impotentes la entrada masiva de marroquíes en las horas iniciales. Una frontera tan crítica debería estar suficientemente protegida del lado español y no depender de las veleidades del rey marroquí. Por último, si bien es comprensible la prudencia del Gobierno hacia Marruecos para solventar la crisis cuanto antes, no debería haber dejado pasar el episodio sin una protesta formal. La historia nos demuestra que apaciguar al déspota ante sus arbitrariedades nunca ha sido una política eficaz. Este siempre lo entiende como una muestra de debilidad y se siente estimulado a repetir la apuesta en el futuro. Tanto el gobierno español como la UE deberían haber condenado de manera firme la agresión de Marruecos.

Lamentablemente, la crisis de Ceuta es un fiel reflejo de los tiempos actuales: la UE carece de una política consensuada en el tema migratorio y se divide ante el episodio, las ultraderechas mundiales lo aprovechan para crecer y atacar el reducto democrático que representa la UE, el dictador de Marruecos es utilizado por las estrategias globales del trumpismo y la juventud marroquí, manipulada despiadadamente, muere tratando de escapar de un futuro sin oportunidades.

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