La existencia de ideologías políticas opuestas e intereses económicos comerciales diferentes forma parte de la realidad del mundo. La historia registra conflictos continuos, algunos de duración secular y en el Siglo XX, después de dos guerras mundiales, los países se pusieron de acuerdo para establecer sistemas de contención o eliminación de episodios violentos. Por eso se creó la ONU y antes la Sociedad de Naciones. Durante ochenta años, con altibajos, este organismo internacional, al que pertenecen casi todos los países del Mundo, logró solucionar algunos y en otros casos al menos consiguió su hibernación, mediante el envío de cascos azules o acuerdos parciales. La parálisis frecuente del Consejo de Seguridad, por la utilización constante del veto por alguna de las cinco grandes potencias, no impidió solucionar algunos importantes conflictos.
Pero en ocasiones, casi siempre coincidentes con la presidencia republicana en los Estados Unidos, se desencadenan conflictos con intervención directa de USA, que logran colaboración de otros países occidentales y que lamentablemente no suelen terminar bien. En el recuerdo de todos está Afganistán, Libia, Irak o Vietnam. Desde luego, los fabricantes de armas obtienen beneficios, pero el balance para Occidente no ha sido precisamente positivo.
Ahora, después de asegurar hace sólo unos meses que el asunto de las armas nucleares estaba resuelto en Irán, se producen bombardeos conjuntos entre Israel y Estados Unidos, incluyendo la eliminación física del presidente iraní Jamenei. Como estamos viendo, el conflicto no se va a cerrar pronto y las comparaciones con Venezuela, registrado como éxito por los analistas, no parecen realistas. Tenemos conflicto para rato pues se trata de una potencia de 92 millones de habitantes, relativamente acostumbrada a las guerras con sus vecinos (recuérdese la guerra con Irak(1980-88) en tiempos de Sadam Hussein) y aparentemente con sólida cohesión política y especialmente religiosa, pues tiene el liderazgo de la facción chiita de la religión musulmana. Aunque los chiitas son aproximadamente sólo el diez por ciento de la población musulmana, son mayoritarios en Irak, Irán y Azerbaiyán y se encuentran extendidos en Oriente Medio y Asia.
Ciertamente, detrás está el control del petróleo en Oriente Medio y especialmente preocupante si el estrecho de Ormuz se cierra indefinidamente. Irán puede sembrar el pánico en las monarquías del Golfo, el daño colateral más grave lo sufrirá la economía china, que tendrá un problema de suministro que no podrá resolver inmediatamente.(Lasalle, 2026).
El conflicto, que ha permitido visualizar a un presidente de los Estados Unidos especialmente guerrero, que prometió no entrar en guerras y que aspiraba al premio Nobel de la Paz, ha generado ya diferencias en los aliados occidentales, especialmente en los casos de España, Reino Unido y Francia. Detrás de estos movimientos bélicos parece estar la la cita de noviembre. En ella, se renuevan la totalidad de los escaños de la Cámara de Representantes y un tercio de los del Senado, esenciales para la viabilidad de la segunda mitad de la segunda presidencia de Trump.
Renace de alguna manera el lema de hace 20 años de No a la Guerra, enarbolado especialmente por el presidente español y la izquierda europea. Se ha resquebrajado de nuevo la cohesión en materia de defensa de la Unión Europea, representada en este caso de manera especialmente evidente por el canciller alemán Merz, incapaz de defender o siquiera matizar su apoyo a la posición española, del Reino Unido y de la Unión Europea en el conflicto. El gobierno español no ha hecho otra cosa que cumplir los acuerdos con Estados Unidos que no permiten la utilización de las bases en conflictos que no tengan el respaldo de la ONU.
En todo caso, el olvido deliberado de las instituciones creadas después de la segunda guerra mundial conduce a esta situación de desequilibrio y guerra cuyo fin nadie sabe con seguridad cual será. En todo caso, se trata de un acto de agresión que constituye uno de los crímenes internacionales por excelencia.
Obsérvese que EEUU después de abandonar más de sesenta organismos internacionales en los que era habitualmente el máximo financiador, como la OMS ha suprimido de un plumazo las ayudas al desarrollo al liquidar USAID y ahora, sin autorización y ni siquiera comunicación al Consejo de Seguridad de la ONU, bombardea un país e incendia todo Oriente Medio. Detrás está el petróleo. Algunos analistas señalan la posibilidad de que incluso se pueda convertir en una guerra global y se plantea la pregunta de si las fuerzas armadas estadounidenses están ahora disponibles al mejor postor.(Timothy Snyder,2026).
El resultado de esta crisis será muy relevante para el liderazgo en la región y especialmente para las nuevas rutas del transporte de petróleo y gas. De inmediato, preocupa especialmente a la opinión pública europea y en términos estratégicos a China. Aunque la guerra ha comenzado, llegará el momento, como se ha señalado, de la negociación y cuando esta y el arreglo pacífico se han impuesto, la solución alcanzada ha permitido vivir un futuro mejor (Moratinos,2026).


