Hoy 26 de noviembre, un grupo de oficiales del ejército ha anunciado por la televisión estatal que ha tomado el poder en Guinea-Bisáu, declarando la destitución del presidente Umaro Sissoco Embaló, la suspensión del proceso electoral, el cierre de fronteras y la imposición de un toque de queda. El portavoz militar, Diniz N’Tchama, aseguró que los oficiales han constituido el Alto Mando Militar para la Restauración del Orden, que gobernará el país hasta nuevo aviso.
Poco después, Embaló declaró en France 24: “Me han depuesto”. Su paradero sigue siendo desconocido y no hay confirmación de si ha sido detenido. Antes del anuncio militar se escucharon tiroteos intensos durante cerca de una hora en la Comisión Electoral, el Palacio Presidencial y el Ministerio del Interior, generando pánico en la población. No hay información oficial sobre víctimas.
La Comisión Electoral debía anunciar mañana los resultados provisionales de unas elecciones muy disputadas entre Embaló y su rival Fernando Dias, en las que ambos se habían proclamado vencedores.
La crisis surge en un contexto de tensión electoral extrema, donde Embaló buscaba convertirse en el primer presidente en tres décadas en obtener un segundo mandato consecutivo. La oposición llevaba meses denunciando que el presidente había excedido su mandato, especialmente tras la disolución del Parlamento en diciembre de 2023, que dejó al país sin legislatura funcional desde entonces.
El clima político ya era explosivo: en octubre de 2025, el gobierno anunció la detención de altos oficiales acusados de planear un golpe. Además, Embaló había afirmado haber sobrevivido a tres intentos de golpe en su mandato, en un país que ha sufrido nueve golpes e intentos frustrados desde 1974.
A este escenario se suma el factor estructural del narcotráfico. Guinea-Bisáu es uno de los principales hubs de cocaína hacia Europa, con redes que involucran a sectores militares, políticos y organizaciones criminales transnacionales. El comunicado militar acusa a “barones de la droga nacionales y extranjeros” de intentar manipular los resultados electorales, lo que evidencia que las luchas internas por el control del narcotráfico están en el centro del conflicto.
El golpe no parece todavía un movimiento unificado de todas las Fuerzas Armadas. La gran incógnita es si el Estado Mayor y las unidades clave (Guardia Presidencial, Marina, Batallones de Bisáu) reconocen al Alto Mando Militar. Si no existe un mando único, Guinea-Bisáu podría precipitarse en un escenario de fragmentación militar, disputas entre facciones y una posible escalada hacia violencia intra-militar, algo que ya ocurrió en 2012.
En términos estructurales, este golpe es también un reflejo directo de la economía política del narcotráfico. Bajo el mandato de Embaló, los flujos de droga parecían aumentar, y en 2024 se incautaron 2,63 toneladas de cocaína llegadas desde Venezuela. Es probable que el golpe represente un reacomodo interno de poder entre redes político-militares vinculadas a esos beneficios.
La suspensión del proceso electoral supone un retroceso institucional severo. Rompe la frágil transición democrática y sitúa al país de nuevo en el patrón histórico de intervención militar como mecanismo para resolver disputas políticas.
La CEDEAO, debilitada tras los golpes en Níger, Mali y Burkina Faso, difícilmente podrá ejercer presión efectiva sobre los golpistas. Senegal, potencia regional y vecino inmediato, observará cuidadosamente los acontecimientos y podría liderar una respuesta diplomática para evitar una desestabilización de la frontera sur.
La comunidad internacional reaccionará probablemente en tres líneas: condena inmediata, suspensión de asistencia militar y financiera, y exigencia de restablecimiento del orden constitucional. Estados Unidos y la Unión Europea adoptarán una postura de firme rechazo, mientras que Rusia y China mantendrán una posición más ambigua hasta determinar quién controla realmente el poder.
El golpe añade presión al frágil equilibrio de África Occidental, donde la tendencia regional es claramente regresiva en términos democráticos y marcada por una creciente militarización del poder político.
Riesgos inmediatos (0–72 horas)
El principal riesgo es un choque entre facciones militares, especialmente si unidades leales a Embaló intentan reorganizarse. También existe riesgo de violencia urbana, saqueos y desplazamiento de población si la tensión se prolonga. El deterioro de la seguridad podría afectar los puertos y aeropuertos, comprometiendo las rutas de tráfico ilícito y provocando una reconfiguración acelerada de los actores criminales.
Para conocer los antecedentes de esta crisis, puede consultarse el informe completo correspondiente a 2024
La politóloga manchega Máriam Martínez Bascuñán observaba recientemente en un acto público que don Quijote ampliaba la realidad encontrando gigantes donde había