Copio el título de una canción de Carlos Areces y Anibal González, activos miembros de la tribu del subnopop, que hace escarnio de la pretendida comodidad moral de los que se colocan en la inmoral equidistancia de todo aquello que necesita implicación.
Algunos de los versos ya colocan al oyente en situación: Hay gente que piensa / Que te has de mojar / Pero yo prefiero ser neutral / Extremismo mal. Machismo y feminismo son igual / Evítate problemas Y procura equilibrar / Abajo la homofobia y la homosexualidad. Hay veces que eso de la reducción al absurdo funciona bien, la verdad. ¿Cabe equidistancia ante los sucesos del domingo en Madrid? ¿Qué balanza podemos usar para evaluar lo que pasó con la información que tenemos? ¿Qué efectos sobre la opinión pública tiene una “manifestación” que pasa desapercibida y que se limita a ondear banderas sin que pase nada más? ¿Qué necesita el poder para aceptar nuevas corrientes sociales que van contra lo que el poder da por establecido? No hay huelga sin daño económico -las japonesas también buscan el perjuicio para la empresa, no te engañes – ni avance social que no genere disturbios y lucha en las calles. Es una máxima histórica que va de los derechos laborales al voto de las mujeres, no hay otro camino. Europa vive en una esquizofrenia que no puede sostenerse y que se basa en la absoluta división entre la indignación de los ciudadanos y la inoperancia y falta de acción de los gobiernos nacionales y de la UE. Hay voces aisladas, pero no se está consiguiendo nada y no se hace nada. Israel sigue con sus acciones de exterminio y Europa mira espeluznada pero quieta, inerte, estuporada y nada, desde el poder, se mueve ofreciendo esperanza de cambio. Madrid ha tirado la piedra y me da la impresión de que puede ser la que ponga en marcha otras acciones tendentes a coordinar la calle con los gabinetes ministeriales. Hay que liberarse del complejo de culpa de una vez por todas y llamar a las cosas por su nombre y no, como decía Forges en uno de sus chistes “no se de que se quejan, que yo siempre he llamado al pan zufs y al vino frolo”. El domingo se quiso parar una actividad superflua, económicamente rentable para la organización y que proporciona ocio al espectador y gloria y dinero al ganador. Una actividad deportiva que, como otras muchas en su vertiente oficial, convive con lo más extremo de la política y otorga campeonatos mundiales a gobiernos dictatoriales y represivos de la península arábiga porque, en sus raíces, el deporte es bastante fascistoide y convive con esta opción muy a gusto. Culto al poder físico, a la férrea disciplina, a la estética de la victoria y su gloria inherente…¿os suena? La gran mayoría de los gestores del deporte mundial tienen tendencia a levantar el brazo derecho en cuanto se relajan, no hay duda. La UCI se quitó de en medio ante la consulta de la organización de la vuelta y UEFA, la FEB y otras muchas federaciones europeas miran al techo y silban cuando se les pregunta por posibles sanciones a Israel. Deberá haber más disturbios, los gobiernos deben sentirse muy incómodos con sus ciudadanos y la UE debe asumir esa corriente hasta que esas federaciones y organismos, como la UER, se den por aludidos, así que ánimo, que queda mucho y no se os ocurra comprar una naranja israelita, que todo ayuda.


