Las elecciones en Pakistán, un país clave en la geopolítica asiática, llegan en el momento más difícil de la última década. Los Gobiernos frágiles y la influencia del Ejército, han llevado al país a un punto de difícil retorno. Sin unas elecciones libres, justas y sin interferencias, situación casi imposible en estos momentos, la crisis política se perpetuará.

Pakistán celebrará el próximo 8 de febrero las elecciones generales que debían de haberse celebrado en el año 2023, tras la detención y destitución como primer ministro de Imran Khan, líder del Movimiento por la Justicia de Pakistán (PTI) y uno de los políticos más populares del país. Unos días después, el presidente de Pakistán disolvió el Parlamento y nombró un Ejecutivo en funciones dirigido por Anwaar ul Hab Kakar.
Khan, auténtica némesis de las autoridades actuales y todavía una de las figuras más influyentes del país, fue condenado a tres años de prisión por corrupción, no pudiéndose presentar a unas elecciones durante un periodo de cinco años, si bien el Tribunal Supremo pakistaní reconoció «defectos de procedimiento».
Como telón de fondo, podrían estar, además de los intereses del omnipresente Ejército pakistaní, la posición de Khan frente al conflicto de Ucrania. El 24 de febrero de 2022, mientras Rusia lanzaba su operación militar, Khan era recibido en el Kremlin por el presidente Vladímir Putin. La visita, al parecer, no gustó en Washington.
Tras el encarcelamiento de Khan, la situación política en este país se ha convertido en un caos. A menos de un mes de las elecciones, un gran número de líderes de su partido han renunciado al PTI, aparentemente bajo coacción. Otros se encuentran en la clandestinidad, tratando de evitar ser arrestados, mientras que otros han desertado y se han unido a partidos políticos rivales.
En este contexto, el 14 de enero de 2024, el Tribunal Supremo dictaminó, que los candidatos del PTI, uno de los principales del país, deberán presentarse como independientes, al declarar ilegal la elección de su nuevo líder, Gohar Alí Jan, a principios de diciembre.
Mientras las autoridades electorales impiden que los candidatos del PTI se presenten a las elecciones, la Justicia retira los cargos contra el ex primer ministro, Nawaz Sharif, encarcelado y en el exilio (su familia figuraba en los “Papeles de Panamá”), que ha regresado, para poder presentarse a las próximas elecciones de 2024.
Para complicarlo aún más, a finales de diciembre, el PTI llevó a cabo el primer “mitin virtual” para el lanzamiento de la campaña electoral, con un discurso del ex primer ministro Imran Khan generado por Inteligencia Artificial. Aunque hubo interrupciones de Internet en todo el país, Khan destacó la situación de persecución del PTI e instó a sus partidarios a salir en masa el 8 de febrero a votar para cambiar el sistema.

Pakistán continúa siendo un sistema político “híbrido” (4,13% IDE ) donde se mezclan características de democracia y autoritarismo. Se ha enfrentado en los últimos años a una creciente inestabilidad política y económica. Con una inflación rondando el 30%, el crecimiento económico se ha desplomado, pasando a depender del FMI, con el apoyo de EEUU, y de socios como China y Arabia Saudita.
En este contexto, se produce la “destitución” del presidente, Imran Khan, provocando vacío institucional y aumento de la inestabilidad política. En esta situación, los próximos comicios podrían ser cruciales para restablecer un nuevo liderazgo del país, que pueda aplicar las reformas necesarias para la salida de la crisis, pero sin interferencias militares, algo que, por el momento, parece muy difícil.
Las Fuerzas Armadas de Pakistán son una institución muy poderosa. Todas las instituciones civiles, incluyendo el Poder Judicial, han estado a su servicio desde hace décadas. Es el séptimo ejército más grande del mundo, con más de 650.000 efectivos (año 2023) y con una historia repleta de golpes de Estado, por lo que parece complicado que asuman que son los garantes de la soberanía nacional e independencia del país, sin inmiscuirse en la política.
Pakistán ha oscilado entre gobiernos militares y civiles desde su independencia.

Pakistán atraviesa una importante recesión económica agravada por la endémica crisis del sistema político, que acentúa los problemas existentes
Pakistán está en Asia del Sur, en una encrucijada de países claves (India, China, Afganistán e Irán) que le otorgan importante influencia a nivel regional. Tiene una superficie de 796.100 km² y está separado de Tayikistán por el corredor de Wakhan, perteneciente a Afganistán. Comparte frontera marítima con Omán.
«Desde su convulsa independencia, en 1947, Pakistán ha mantenido una relación con sus vecinos particular: apartada de Irán, cercana con China y muy conflictiva con India»
El río Indo, es el más importante de Pakistán; nace en las montañas del Tíbet, discurriendo por Ladakh y Cachemira, para cruzar Pakistán hasta desembocar en el Mar de Arabia, cerca de Karachi, inundando a su paso amplias zonas del desierto y convirtiéndolas en fértiles llanuras dedicadas a la agricultura.
Pakistán cuenta con 1.046 km de costa en el Mar de Arabia, donde se ubican los puertos de: Gwadar en la entrada del Golfo Pérsico (cerca del Estrecho de Ormuz); Karachi uno de los más importantes y concurridos de Asia, que junto con Qasim, opera más del 90% de todo el comercio exterior del país; y Sha Bandar en la provincia de Sindh, a unos 50 km de la costa del Mar de Arabia.
Pakistán es una “República Islámica” con 242.992.367 habitantes . Ocupa el quinto lugar entre los países más poblados del mundo, con una tasa de crecimiento anual cercana al 2%. El 97 % de la población practica el islamismo (de ellos, 80 % sunitas y resto chiitas), el resto se reparte entre hindúes, cristianos y otras religiones. Es un Estado federal que se divide en cinco provincias: Beluchistán, Jaiber Pastunjuá, Punyab, Sind y Gilgit-Baltistán. Cuenta con un territorio autónomo (Azad Cachemira) y un territorio federal (Islamabad).
El actual Pakistán surgió del desmembramiento de la India imperial británica. Sus inspiradores tenían como objetivo crear un “hogar nacional” para los musulmanes del subcontinente, por lo que la base religiosa fue el elemento fundamental para su creación. La partición se saldó con millones de muertos y con conflictos como el de Cachemira, que persiste hasta el día de hoy. El Pakistán islámico, fue dividido a su vez en dos sectores separados por varios miles de kilómetros. La parte oriental se escindiría tras una guerra de independencia, apoyada por la India, para formar Bangladesh.
Tras su independencia, la historia de Pakistán ha estado caracterizada por periodos de gobierno militar, de gobiernos civiles, de inestabilidad política y de conflicto latente con India, por Cachemira, origen de varias guerras. Desde entonces se mantiene una fuerte rivalidad entre ambos países, llevándolos a sendas carreras armamentísticas y a que ambos países desarrollen y dispongan de armas nucleares.
Las buenas relaciones con China se han concretado con el megaproyecto del Corredor Económico Chino- Pakistaní (CPEC), que conecta la región china de Xinjiang con el puerto de Guadar (bajo gestión China) y Karachi, mediante una red de autopistas, vías ferroviarias y oleoductos petrolíferos. El corredor es parte de la iniciativa de la Ruta de la Seda Marítima del siglo XXI. Esta infraestructura estratégica podría ser una pieza clave para el desarrollo de la economía regional.
En resumen: Pakistán atraviesa una importante recesión económica agravada por la endémica crisis del sistema político, que acentúa los problemas existentes. Las próximas elecciones, que podrían haber sido un acicate para la puesta en marcha de las reformas que el país necesita, a menos de un mes, podrían ser las más manipuladas del accidentado viaje democrático del país.
Además, es previsible que continúen los ataques transfronterizos puntuales, entre India y Pakistán por el control de Cachemira, al igual que los graves y complejos problemas de seguridad en las regiones fronterizas con Afganistán. Zonas muy porosas, con diferentes etnias separadas y donde se ha sido muy permisible con la actividad terrorista, cuando interesaba al poderosísimo ISI (Inter Services Intelligence) pakistaní y a EE.UU.
No pudiéndose descartar atentados terroristas, con un enorme potencial de desestabilización, contra objetivos de los servicios de seguridad o del Ejercito.
Por otra parte, Pakistán es altamente vulnerable a los efectos del cambio climático, pudiendo aumentar los desastres naturales (derretimiento de glaciares, aumento de lluvias monzónicas e inundaciones, terremotos y sequías) que podrían afectar a millones de personas.
Finalmente, con la dirección del país en permanente crisis, cobran especial importancia los conflictos exteriores (retirada de fuerzas estadounidenses de Afganistán de 2021 o conflicto de Israel-Palestina), que afectan especialmente a la población musulmana, siendo previsible manifestaciones violentas con problemas para la seguridad ciudadana.
(1) Tras la disolución de la Asamblea General, el 10 de agosto de 2023, fue elegido por la coalición de partidos de la oposición, generalmente enemistados, (Liga Musulmana de Pakistán-Nawaz PML y Partido Popular de Pakistán PPP) Anwaar-ul-Haq Kakar, el senador de la provincia menos poblada de Pakistán, Beluchistán, para encabezar el gobierno interino hasta las próximas elecciones generales y provinciales.
(2) ¿Qué es un régimen híbrido? – El Orden Mundial – EOM
(3) Global Firepower.
(4) Población de Pakistán (2024) (populationtoday.com)
(5) Esta noche la Libertad. Dominique Lapierre y Larry Collins.


