domingo 19 julio, 2026

El péndulo de Trump

La visión desde Moscú

Después de la histórica reunión en la Casa Blanca el pasado lunes 18.08 (sabemos que todo lo que hace Trump es histórico, ¿verdad?), Donald Trump merece otro apodo en la historia, esta vez el de «Péndulo», porque parece que todos los que no son perezosos lo zarandean. Al poner su reputación personal en la solución del conflicto en Ucrania, ha caído en un estado de «balanceo» entre Moscú y la colectividad de Bruselas (los líderes de la Unión Europea más el Reino Unido).

El pasado viernes, durante la cumbre en Anchorage, vimos que se llegó claramente a un acuerdo sobre la retirada del ejército ucraniano del Donbass a cambio de un tratado de paz. Sin embargo, en las negociaciones en Washington, estas condiciones fueron completamente rechazadas. Por lo tanto, en este momento solo tenemos una constante firme: ya no hay una demanda de tregua o alto el fuego, y las partes tendrán que negociar un acuerdo final para resolver el conflicto. A esto se puede agregar que Ucrania no se convertirá en miembro de jure de la OTAN. Sin embargo, hablar de proporcionar a Kiev garantías de seguridad similares al artículo 5 del tratado de Washington sugiere que puede unirse a la alianza de facto.

La administración Trump no ha renunciado públicamente a los acuerdos alcanzados con Rusia en Anchorage. Simplemente los ha dejado «suspendidos» en el aire y ha permitido a los aliados europeos de Ucrania exponer en paralelo sus condiciones, que son absolutamente inaceptables para Rusia: fronteras en la línea del frente, la negativa a reconocer legalmente las nuevas fronteras rusas, la preservación de grandes fuerzas armadas ucranianas (negativa a la desmilitarización, una de las condiciones básicas que Rusia puso al inicio del conflicto en 2022) y la posible introducción de tropas europeas en Ucrania para garantizar un acuerdo de paz.

Si el acuerdo se concluye en tales condiciones, significará un empate en un sentido militar y una seria derrota política para Rusia. En general, sucedió lo siguiente: en Anchorage, Moscú hizo las máximas concesiones y Estados Unidos acordó «venderlas» en las negociaciones en Washington, convenciendo a los europeos de que las aceptaran. En lugar de eso, la administración Trump se hizo a un lado y entregó la tribuna a Kiev y sus aliados europeos. Tal desarrollo de eventos nos permite llegar a una conclusión inequívoca: Donald Trump, con todas sus relaciones públicas, no tiene las palancas necesarias para influir en la colectividad de Bruselas.

Quizás en Moscú ya se dieron cuenta de esto y dejaron claro a sus socios que no será posible vender las concesiones por debajo del casi nulo listón de Anchorage. La prueba de esto es la declaración de Lavrov en una entrevista con la cadena Rusia 1: «Si Kiev renuncia a la neutralidad y el estado libre de armas nucleares, desaparecen los motivos para reconocer la independencia de Ucrania».

En general, las conversaciones celebradas durante tres días en Anchorage y Washington llevan a la idea de que el proceso de negociación con la administración Trump tiene en realidad tan poco sentido como el diálogo con Bruselas (a menos que en Moscú se tome la decisión de rechazar todas las demandas que llevaron a la operación militar en Ucrania, lo cual me parece poco realista en estos momentos). Esta carrera en círculo, combinada con un circo diplomático, solo puede ser interrumpida por una cosa: el avance del frente y la marcha hacia el río Dniéper. Citando una frase ya muy habitual en Moscú: el mejor negociador es un soldado ruso y el mejor argumento en las negociaciones es un avance en el frente. Entonces los aliados de Kiev estarán listos para hacer cualquier concesión para que su aliado ucraniano no desaparezca para siempre.

Hablando en serio y sin ironía, podemos llegar a la conclusión de que los acuerdos en Anchorage fueron efectivamente desautorizados en Washington y que, de hecho, la reunión en la Casa Blanca demostró que la administración Trump tiene poca influencia sobre sus aliados europeos, y el propio Zelensky se inclina hacia los líderes europeos, no hacia Estados Unidos. De hecho, la Cumbre en Alaska se convirtió en una táctica diplomática para Moscú, durante la cual aceptó la posibilidad de ceder territorios (la retirada de las tropas ucranianas solo del Donbass y no del resto de las nuevas regiones que ocupaban) en la expectativa de concesiones recíprocas sobre otros aspectos clave del acuerdo de paz. Entre ellos se encuentran la neutralidad de Ucrania, su estado no alineado y la desmilitarización.

Pero Donald Trump en Washington no pudo lograr nada de lo anterior por parte de Zelensky y, de hecho, perdió la ronda de negociaciones con la coalición europea. Habiendo recibido una eventual concesión sustancial de Moscú sobre el tema territorial, Ucrania y sus aliados europeos no dieron un paso lógico al encuentro, sino que, considerando esto como un signo de su debilidad, se precipitaron a «acabar» con ella y conseguir la «victoria» completa sin avances en el frente. Es decir, la lógica aquí es la siguiente: si la parte rusa ha dado un paso atrás de su posición firme anterior, entonces la rechazaremos en todos los aspectos.

Después de la reunión en Washington, ahora todo se ve de la siguiente manera: el Donbass completo no se cede a Rusia. Solo se reconocen de facto los territorios que ya controla (es decir, existe la posibilidad de superar esta decisión por la fuerza en el futuro). Además, en los demás puntos mencionados anteriormente, hubo un rechazo total. En lugar de la neutralidad de Ucrania, se propone darle garantías de seguridad que la unirán con alianzas militares con los países miembros de la OTAN. En lugar de la desmilitarización, se planea mantener el número de las fuerzas armadas de Ucrania en el nivel actual o incluso más alto, y rearmarlas completamente (es decir, prepararlas para una nueva guerra contra Rusia). También se planea introducir un contingente militar europeo en el territorio ucraniano con apoyo aéreo estadounidense.

Está claro que Rusia no aceptó nada parecido en Anchorage. Por lo tanto, sobre la base de todo lo que ahora se publica en los medios de comunicación occidentales, se pueden sacar dos conclusiones mutuamente excluyentes: o Moscú aceptó repentinamente la rendición completa (para lo cual no hay ningún fundamento y de hecho es muy poco probable), o después de Washington se puede olvidar de los acuerdos de Anchorage y las reuniones con Zelensky tan deseadas por Trump, y Rusia a su vez seguirá con el combate, participando periódicamente en camuflajes diplomáticos. No descartamos que este desarrollo fuera el objetivo de todo este circo diplomático en Washington, por lo menos de parte de los europeos. Aunque en el caso de Trump, él da una oportunidad de salir de forma elegante del conflicto, dejando toda la responsabilidad, incluso financiera, en manos de Europa, con el compromiso de estos últimos de comprar las armas de fabricación americana por 100 mil millones de dólares.

De hecho, un desastre en el camino diplomático asociado con la clara inconsistencia de uno de los participantes. Y una derrota personal para Trump y sus planes para el Nobel de la Paz. Aunque, sabiendo su capacidad para dar un salto mortal en los casos críticos, podemos esperar un nuevo paso poco habitual. Con una diferencia: con cada desvío como en el caso de Anchorage-Washington, tendrá cada vez menos confianza por parte de sus interlocutores, en este caso, Vladimir Putin. La respuesta rusa no ha tardado en aparecer. He mencionado antes las declaraciones del ministro de Exteriores ruso Sergey Lavrov, que rechaza rotundamente todas las pretensiones de los europeos. La última frase suya lo dice por sí misma. Calificó de degradación los métodos de política exterior, la declaración de la jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Kaja Kallas, de que la UE «no puede permitirse ningún acuerdo con Rusia».

Aun más significativas y demostrativas fueron las nuevas declaraciones del ministro Lavrov esta vez en la conferencia de prensa conjunta con el ministro de exteriores de India de visita en Moscúel 21 de agosto.
Ha aclarado la postura de principio de Rusia sobre todas las cuestiones clave relacionadas con el modelo de resolución del conflicto propuesta por Trump y la posible reunión entre Putin y Zelenskiy.

Según el Vladimir Putin está listo para reunirse con Zelenskiy solo si todos los temas que requieren discusión al más alto nivel están bien preparados.

Cuando y si se trata de la firma de futuros acuerdos con Ucrania, surgirá la cuestión de la legitimidad de los firmantes de la parte ucraniana, dijo Sergei Lavrov. Y ha recordado que en Ucrania no está anulado el famoso decreto del presidente ucraniano que prohíbe rotundamente negociar algo con Putin.

Tambien el ministro ruso ha destacado que Rusia apoya los principios de las garantías de seguridad acordadas en Estambul en 2022, todo lo demás son unas ideas poco prometedoras. Agregó que, de hecho, Europa ofrece una intervención extranjera en parte del territorio ucraniano, lo cual es absolutamente inaceptable para Moscú.

Rusia está de acuerdo en que las garantías de seguridad de Ucrania se brinden en igualdad de condiciones con la participación de países como China, Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, (miembros permanentes del Consejo de seguridad de la ONU) dijo Lavrov.
Moscú está de acuerdo en que la propia Rusia debería garantizar la seguridad de Ucrania. Al mismo tiempo, agregó que discutir seriamente las garantías de seguridad sin Rusia es el camino a ninguna parte.

Rusia está dispuesta a continuar las negociaciones con Ucrania y una posible Cumbre que debe poner fin a este proceso. Como ha declarado Lavrov en rueda de prensa el 21.08, después de una conversación telefónica con el presidente Trump el lunes 18 de agosto, el presidente Putin hizo una propuesta no solo para continuar estas negociaciones, sino también para pensar en elevar el nivel de los jefes de delegación. Esto se inscribe en la propuesta rusa, de que en el marco de este proceso se cree un grupo separado para examenar los aspectos políticos de la solución junto con los militares y también con los humanitarios. Pero debido a que esta idea fue recibida positivamente por el presidente Trump, Moscú espera que Washington lo transmite correctamente a Kiev y lo explica comprensiblemente y habrá una reacción adecuada.
Esto sería un paso importante para mejorar el nivel de negociación, para aumentar el grado de concreción y para acercar la visión de las cuestiones fundamentales que deben abordarse para el desarrollo sostenible de la regulación del conflicto.
En todas las circunstancias, concluyó el ministro, Rusia está lista para cualquier formato. Pero cuando se trata de reuniones en la cumbre, es necesario prepararlas cuidadosamente en todas las etapas anteriores para que las cumbres no empeoren la situación, sino que de hecho, se pondría fin exitoso a las negociaciones que Moscú está dispuesta a llevar a cabo.

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