Podría comenzar esta reseña con una pregunta directa, o retórica, o ambigua, sobre qué es para usted el deseo. Pero no lo voy a hacer, porque no es mi estilo y no me gustan las preguntas, con respuestas o sin ellas. Prefiero ir directo al escenario y comprobar que esta Giselle no es el ballet romántico estrenado en 1841en París, donde la protagonista muere de amor y traición, convirtiéndose en, poco menos que, en un espíritu frustrada por el engaño, por el deseo, por el dolor, por el amor no correspondido.
Es esta otra Giselle, la de La Ferviente Compañía, que mezcla danza, teatro, performance, participación del espectador.

No quieren pararse en medio del camino, no quieren sonar a falsedad y buenas maneras, quieren identificar el deseo y darle la importancia que se merece. En esa ‘no pregunta’ iría la cuestión de hasta dónde queremos llegar, y si la frustración también es motivo de anhelo, de rompimiento con las lamentaciones, lucha en sí misma y conseguir el objetivo de otra manera. Además, la libertad. La libertad de que cada uno se exprese, se motive, haga o deshaga, se interne en un bosque o salga a la claridad, estar solo o preferir una compañía que, quizá, no nos merece.
Una opinión en contra, un error, una piedra en el camino también pueden ser motivos de superación, y ahí, mostrar resistencia, deseo ardiente, deseo libre, deseo creador, deseo visible, deseo agazapado, sensación de presentimiento bien encauzado.
Con dirección y dramaturgia de Carmen Adrados, que tropezará, o no, que se acompañará de bailarines que no lo son, o sí, Tony Galán, Reyes García, Leyre Morlán y Adrián Pulido, ejecutarán ese rítmico movimiento más de nubes que de olas de mar, sacando brillo a un diamante aún sin pulir. Y de ahí surge la propuesta, de la creación acompasada, del rumor de las hojas de las ramas de los árboles, de la huida, pero hacia atrás, hacia lo que se dejó para recuperarlo.
El espectador no es un pasivo testigo de lo que acontece, no es un simple observador, mirador, sino que debe ofrecer, si quiere, por supuesto, su participación blanca en acciones que tiemblan, pero se disimulan.
Giselle es, por tanto, el sueño que se hace realidad, el deseo que se puede llevar a cabo, la aceptación de un mundo hostil, el desprendimiento del encorsetamiento, no tengas miedo, aunque tu deseo no sea nítido, ni profundo, ni le encuentres explicación.
Aquí hay heterogeneidad, búsqueda de lenguaje corporal, sin preguntas, eso sí, pero indagando, algarabía disuelta en ademanes, expresión melancólica sin gritos, sueños que no son pesadillas, aunque exista la fantasía, monólogos donde se juntan las palabras y conforman una historia de conjunto.
Giselle, no te angusties, no te asombres, no pierdas el deseo, no has muerto, todo empieza de nuevo, en cada instante, en cada pasado convertido en hoy, la danza sin descanso, el deseo, deseo, deseo, cúmplelo, antes de que se te pasen las ganas.

INFORMACIÓN
GISELLE
Dirección y dramaturgia: Carmen Adrados
Intérpretes: Carmen Adrados, Tony Galán, Reyes García, Leyre Morlán y Adrián Pulido
Mundo sonoro: Juan Sánchez Pulido
Coreografía y dirección de movimiento: Juando Martínez Montiel
Espacio: Nave 73


