Diana Morato
De promesa de innovación a servicio que ya no convence
Hace justo 10 años, el food delivery irrumpió como una de las grandes revoluciones urbanas en España. Restaurantes sin reparto podían llegar a nuevos clientes, los usuarios ganaban comodidad y miles de personas encontraban ingresos adicionales con horarios elegidos por ellos mismos.
Lo que nació como una historia de innovación, hoy está en una situación que no beneficia a nadie.
Lo que intuíamos desde hace tiempo
En los últimos meses los usuarios lo han notado: menos cobertura, tiempos más largos y riders con menos flexibilidad.
Coincido con las reflexiones publicadas en los últimos días Avi Meir , Carlos Blanco y Jesús Muñoz. La regulación ha terminado perjudicando a todos: riders, restaurantes y clientes. Además ha puesto a las empresas europeas en desventaja, como muchos veníamos advirtiendo.
Cuando el silencio jugó a favor de unos y en contra de otros
La historia, sin embargo, no se explica solo por la política. También dentro del sector fallamos.
Deliveroo fue el primer blanco y soportó la mayor parte de la presión durante los primeros años, mientras otros competidores callaban porque les convenía. Just Eat aprovechó para diferenciarse en España con flotas contratadas. Deliveroo finalmente decidió retirarse y centrarse en países más fáciles. Así Glovo pasó al centro de mira mediático y en lo judicial acumuló sanciones multi millonarias.
Competir a toda costa tiene un precio
La realidad es que nunca fuimos capaces de articular una voz común. Y quizá era inevitable: startups respaldadas por capital riesgo, compitiendo a muerte por cuota de mercado.
En ese contexto la prioridad era sobrevivir para cerrar la siguiente ronda, no construir algo sostenible en España a largo plazo.
Los sindicatos supieron reaccionar antes
Lo paradójico es que quienes sí entendieron el riesgo primero fueron los sindicatos tradicionales. Pronto vieron que el modelo de riders podía extenderse más allá del delivery y organizaron una respuesta política y mediática eficaz.
El tejido empresarial, en cambio, nunca actuó con la misma coordinación ni presentó propuestas conjuntas. El relato de los “riders explotados” se consolidó y ya fue imposible revertirlo.
La verdadera oportunidad perdida
Desde mi punto de vista lo más grave no es solo la historia del reparto de comida. Deliveroo llegó a cotizar en bolsa y Glovo fue adquirida por Delivery Hero: emprendedores, inversores y equipos se vieron recompensas. Lo que realmente se perdió en este camino fue mucho mayor: la posibilidad de construir un marco que hiciera del trabajo flexible algo digno y con garantías
El delivery fue solo el primer campo de batalla. Detrás venían otros sectores basados en microtareas y plataformas: por ejemplo, la logística, algunos servicios colaborativos o iniciativas sociales como aquella startup de Barcelona que conectaba a personas con tiempo disponible con mayores que necesitaban ayuda o compañía.
Una lección que va más allá de los emprendedores
Competir es necesario, pero si no se encuentran espacios para colaborar en lo esencial, otros acaban imponiendo su visión.
Y la lección aquí no es solo para los emprendedores, que bastante tienen con sobrevivir día a día. Es para todo el tejido empresarial: sin narrativa común, sin propuestas conjuntas, se pierde la capacidad de influir en cómo se regulan las innovaciones.
Lo que está en juego de ahora en adelante
España y Europa todavía están a tiempo de aprender. El futuro del trabajo no encajará en moldes del siglo XX. Vendrán nuevas plataformas, nuevas formas de ingresos flexibles y nuevas demandas sociales de protección. La inteligencia artificial acelerará aún más estos cambios, creando tanto riesgos como enormes posibilidades. No podemos afrontarlos desde la fragmentación
La clave está en la colaboración empresarial: articular una voz común, diseñar un marco que combine flexibilidad y seguridad y que potencie la innovación sin dejar a nadie atrás. Si lo hacemos bien, la IA y las plataformas no serán una amenaza, sino una palanca para reinventar cómo trabajamos y cómo generamos valor

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