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sábado 18 abril, 2026

1. El caso Esteban Collantes

      El 12 de abril de 1859 fue detenido Agustín Esteban Collantes, ex ministro de Fomento. En atención a su “categoría y circunstancias”, según se dice en el acta de detención, fue recluido en las dependencias del gobierno civil de Madrid, “con los miramientos debidos a su posición social”. La persona de Collantes era muy conocida. Miembro del Partido Moderado, había sido diputado por Palencia entre 1844 y 1854, participando en la redacción de la constitución de 1845; fue director general de Correos y director general de Administración en 1852, en un gabinete presidido por Bravo Murillo; llegó a ser ministro de Marina en 1853 y de Fomento en el mismo año. En los días siguientes fueron detenidos varias personas -Juan Bautista Beratarrechea, periodista de poca monta, que había trabajado para el ministerio de Fomento e Ildefonso Mariano Luque, contratista de obras, pero estos, por su menor consideración social, fueron presos en la cárcel del Saladero, “una cloaca inmunda” según algunos testimonios, húmeda, frío e insalubre.

      Según parece, se había ajustado una contrata en 4 de septiembre de 1853 entre el director de Obras Públicas del ministerio de Fomento –José María de Mora- y el contratista Luque, para el acopio de 130.000 cargas de piedra, con destino a la reparación de las carreteras de la provincia de Madrid. La contrata fue autorizada por el ministro Collantes y pagada -975.000 reales- al contratista en pagarés del Tesoro. El contratista declaró con posterioridad que hizo entrega de los pagarés al director general, también confesó que antes de la contrata, Mora le dio 600 reales. Un diario liberal del momento, El Clamor público, comentó la noticia en estos términos: “El pueblo veía improvisarse tantas fortunas, que necesariamente había de querer explicarse las súbitas metamorfosis de los que insultaban su miseria con su fausto, y le cegaban con el polvo que levantaban las ruedas de aquellos coches que por alusión á ciertas jugadas de Bolsa se llamaban del tres por ciento” Por decirlo con Villergas, un poeta satírico del momento:

Sin heredad, sin lotería y sisas,

¿De dónde diablos salen estas misas?

      Para considerar estos hechos, o estas misas, el Senado se constituyó en tribunal de justicia. En el momento de iniciarse las sesiones, José María de Mora, principal encausado, se hallaba huido en Londres.

     El caso Collantes, un desfalco al tesoro público, desarrollado ante la inadvertencia del ministro, se convirtió en un escándalo político. Después del llamado bienio progresista, entre 1854 y 1856, la situación había consolidado a la Unión Liberal en el poder, dirigida por Leopoldo O´Donnell. Con el desfalco reseñado se trataba de enterrar a los moderados contumaces y, en cierto modo, de acallar las voces que señalaban a la casa real como última destinataria de los fondos sustraídos. Galdós recogió esta versión en su episodio titulado Aita Tettauen: “Era ya fiambre manido el asunto de las cargas de piedra y la acusación y proceso contra Esteban Collantes, farsa de justicia que encubría el propósito de inutilizar a los moderados por la difamación. No era culpable el ex ministro de Fomento……la culpa venía de arriba y de peticiones de dinero que el Gobierno no podía desatender”

      El desarrollo de las sesiones del Senado, constituido como va dicho en tribunal de justicia, sirvió para que un joven político, Antonio Cánovas del Castillo, hiciera su brillante aparición pública, sentando doctrina sobre lo que entonces se llamaba la responsabilidad ministerial. Cánovas se apoyó en un célebre discurso de Cicerón contra Verres, procónsul de Sicilia, el que había cubierto sus pórticos y sus casas con estatuas robadas en las ciudades griegas, estatuas que había vendido al sentirse acusado de hurto y que luego alegó que no se había lucrado con dinero. Cicerón había argumentado de esta manera: ¿Qué no había entrado dinero en sus manos? Tus manos son los funcionarios que tú has elegido; tus manos son las personas de quienes te has valido para todo.

      El caso Collantes venía a actualizar el discurso de Cicerón. El ministro de Fomento en la España isabelina, o mejor sus defensas, alegaron no haber tocado lo que llamaban el “dinero del crimen”: “no existe el más ligero indicio que incline a creer que el señor Esteban Collantes haya tenido la menor participación en el producto del crimen”. Y ello le movió a Cánovas para afirmar: “O por intención o por negligencia, el ministro por cuyas órdenes se han cometido actos de esta especie es responsable (….) o por criminal o por negligente merece la pena”.

Sin embargo, el ministro quedó “inculpable” de los delitos de fraude y estafa. Los personajes secundarios del drama quedaron también en libertad, a excepción de José María Mora, el director general huido, que fue condenado a veinte años, inhabilitación perpetua y una fuerte indemnización.

Corrupción y escandalo político en España

Serie del Profesor Varela

Cuando la brujula del tiempo nunca marca el Norte
  • 1.- El caso Esteban Collantes
  • 2.- El estraperlo
  • 3.- MATESA
  • 4.- El caso Juan Guerra
  • 5.- El caso Pujol
  • 6.- Negra, gris, blanca. Tres tipos de corrupción
  • 7.- 5 hipótesis sobre la corrupción
  • 6.- Conclusión. El anillo de Giges
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