Lo que está pasando en España es tremendo. No sé puede orillar, disimular, encubrir, distraer con el novio de Ayuso, las banalidades e inepcias acostumbradas de Esperanza Aguirre, la incompetencia de Mazón o la tragedia de Gaza. No es que afloren ahora las cloacas del PSOE, los fontaneros que se dedican a minar las instituciones del Estado para seguir en el gobierno, los politicastros que se escudan tras el burladero parlamentario, no: es que el PSOE de Pedro Sánchez -conviene personalizar, no generalizar- se ha convertido en una cloaca maloliente, manchando una historia que no será irreprochable pero que ha tenido momentos extraordinarios, los de los años ochenta. Non olet, decía el emperador romano que puso un gravamen a las alcantarillas. El dinero carece de olor. El de ahora apesta. En la imagen, la cloaca Máxima de Roma.
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