Habría que, se debería de, sería apropiado para…..lo siento pero no encuentro el espacio mental
ni cuaderno suficiente para dedicar más de una línea recordatorio a las memeces, riesgos de alto
volumen para democracias y demás espacios de bienestar y otros temblores de terror. Así que,
nuevamente, cada uno con su conciencia mientras yo intentaré repartir pequeñeces.
Va una paseando tranquilamente, ocupando espacio público y no escucha el trino de lindos
pajaritos ¡No! soporta indicaciones gastronómicas conyugales, detalles de la última visita al
ginecólogo, un enfado paternofilial o uno filioparental por una pastilla olvidada, una chavalita de
aspecto estudiada diciendo unos tacos de miedo refiriéndose al noviete……..vaya, un lodazal
humano entre cutre y soez.
En la calle, a pleno pulmón, con un telefonillo fino filipino de a más de 1000 euros la pieza, los
humanos repartimos información a diestro y siniestro como si nadie nos escuchara, o como si a
alguien le pudiera interesar nuestros asuntos. No se que será peor.
Hemos vaciado la sociedad del ocultismo, la privacidad, la discreción, donde los hijos podían ser
respetuosos bastardos y nos hemos descolgado por la pared del que no quiera oír que tape los
oídos del mono.
Porque todo esto transita por la calle, respirando profundo en la sociedad de la protección de
datos. ¡Viva la Pepa! Forman parte de nuestro entorno natural en su modalidad artificial; son los
que leen el wasap y caminan, los que hablan y caminan, los que tropiezan y caminan y hablan
también….tienen superpoderes.
Pero es más, ¿por qué tengo yo que escuchar cómo prepara el cocido un desconocido que
transita a mi lado?. ¡Con lo bien qué lo hace mi madre! Si yo le contara…..situación de locos con
superpoderes.
Me pregunto si sería posible diseñar un inhibidor colectivo que interfiera y bloquee todas estas
conversaciones privadas ventiladas en público a voz en grito.
Desearía un paseo urbano, mirando escaparates (los pocos que van quedando), sentándome en
una terraza (con permiso de palomas, gaviotas y otras aves urbanitas) sin necesidad de
enterarme de la vida de todo dios. Ya bastante ruido hay como para añadir los ruiditos de muchos
humanos llenitos de información que repartir como ofertas de supermercado.
Cabe añadir que existen dos tipos, el del teléfono en mano libre y el del pinganillo. Este último,
además es un sordo andante, que pisa una caca de perro porque no escucha tu aviso y que puede
ocasionarte cualquier lesión porque tampoco ve. Eso si, hablan, y mucho, y, tu, los tienes que
escuchar.
Una decisión a compartir: me vuelvo al armario, o al aparador o a cualquier otro mueble
doméstico, renuncio a la tolerancia sin educación, quiero tener un teléfono fijo en casa y deseo
cotillear desde mi ventana.
Gracias lectores. Se aceptan sugerencias.


