Germán Alonso
La libertad y la igualdad figuran, junto a la solidaridad, entre los principios básicos de los partidos de izquierda.
En español distinguimos bien entre el ser y el estar. No ocurre igual en el lenguaje de los países anglosajones y francófonos, donde el concepto depende del contexto. Y el lenguaje sigue siendo el vehículo más importante de la cultura de cada pueblo.
En la elección política del votante el ser se relaciona más con la libertad, mientras el estar se relaciona más con la igualdad.
El ser hace referencia a a) la pertenencia a una nación o una nacionalidad, una región, una comarca, un pueblo y, si me apuran, un barrio y/o calle; b) una profesión, un gremio; c) una familia y un sexo. Es decir, lo que viene en mi tarjeta de visita o en mi DNI. Es por tanto algo más o menos estable.
El estar se refiere a mi fortuna: mi nivel de renta, mi nivel educativo, mi estatus social. Es decir todas las cosas que puedo variar en la percepción de mi mismo y en la percepción de los demás.
Evidentemente el ser y el estar están relacionados, aunque conviene tenerlos claros en los análisis políticos. Ambos configuran mis preferencias de voto.
En la esencia de los Estados Unidos de Norteamérica se espera del Estado que garantice la libertad, y eso hace que un norteamericano pueda sentirse orgulloso de su nación. Y la igualdad o, mejor dicho, el estatus social y económico se lo ganará cada uno con su esfuerzo, su inteligencia y su fortuna: trabajo, formación, tenacidad y suerte.
En la vieja Europa, y especialmente en España, que sigue soñando con ser vanguardia de la modernidad, últimamente estamos más a vueltas con la igualdad, es decir queremos un Estado proveedor de fortuna sin tener que llegar a las cotas de esfuerzo, inteligencia y suerte necesarias.
El ser y el estar tienen diferente peso en la decisión de voto, pero ambos suman ponderadamente según el momento y la ocasión. Se puede subir el salario mínimo, mejorar las pensiones, mejorar las condiciones de trabajo y la cuestión sindical, afectando positivamente al estar del votante. Pero si descuidamos el ser, por ejemplo la idea de España y las instituciones sociales comunes (Justicia, Educación, Sanidad, Género, Civismo …) podemos encontrarnos con un rechazo electoral. ¿Los proletarios votan a Vox …? ¡qué aberración! ¿Se han vuelto de derechas?, ¿ahora son fachas?.
En mi opinión el gobierno actual ha descuidado el ser de sus votantes encomendado su éxito sólo al estar, con una visión muy economicista de la política. De ahí la deserción de votantes, no hacia la derecha sino al que les da seguridad sobre su ser, que de su estar se ocupan ellos con el marco socioeconómico que facilita el Gobierno y las Leyes. El Gobierno no debe ser sólo garantía de igualdad, sino también de libertad.


