martes 17 marzo, 2026

Venezuela. La pieza de un nuevo paradigma.

Del fin de la Guerra Fría a los inicios de una Guerra Caliente.

El año se ha iniciado con un nuevo sobresalto dentro de lo que podríamos empezar a llamar una nueva era. Donald Trump, inductor de un nuevo y disparatado mundo decidió “secuestrar” o “detener” al líder autoritario de Venezuela, Nicolas Maduro, saltándose una vez más, y por decisión unilateral, las reglas universales del Derecho Internacional. Pero no era para restaurar la libertad, la democracia y el pluralismo político, como algunos ingenuos se habían creído.

Esta vez, Trump lo ha expresado con claridad: El negocio es lo que le ha llevado a intervenir en Venezuela. Durante su disertación explicativa mencionó, nada menos, que veintitrés veces la palabra petróleo, mientras las palabras libertad y democracia estuvieron ausentes.

Donald Trump ha enviado una clara señal de imponer su voluntad en lo que EEUU considera un Mar interior – un lago colonial: el Caribe-, lo que puede contribuir a que cambie la forma en que otras grandes potencias se comporten en sus propias zonas de influencia. La intromisión en Venezuela viene a legitimar la guerra de Ucrania, como podría también legitimar la actuación futura de Putín sobre alguno otro país de su entorno, y que si no lo hace es por su disminuida capacidad militar. Pero es más, China podría hacer algo parecido en su zona de influencia, aumentando la amenaza sobre Taiwan. Pero China está mostrando, al menos de momento, una inteligencia muy superior a sus colegas americanos y rusos: Toda guerra significa un deterioro de la economía productiva y de la cohesión social de sus sociedades, y la carencia de ambas cosas puede ser motivo de descontento social. China ha ido conquistando, con habilidad diplomática y económica, espacio e influencia en la geografía y el mercado mundial sin entretenerse en disparar un solo tiro.   

El mundo del siglo XXI se mueve por nuevos paradigmas donde la prioridad es la posesión de la energía y las riquezas minerales, ahora llamadas “tierras raras”, necesarias para impulsar el mundo tecnológico del presente y del futuro, esa realidad virtual que nos amenaza más allá de lo cotidiano.  

La libertad del individuo y la democracia de las naciones se doblega ante el egoísmo y la plutocracia, verdaderos leitmotiv de la política socioeconómica del mundo actual. Ya no hay ideología que ampare la defensa de un sistema político participativo, ni la economía de mercado, ni el reparto equitativo de la riqueza. Todo está cuestionado. El libre comercio ya no lo impone el mercado, sino los que lo dominan, las empresas energéticas y las grandes tecnológicas, que han sido capaces de colocar al frente de los Estado Unidos al personaje que necesitaban: un hombre ridículo sin miedo al ridículo. Ese que siempre llama la atención y siempre abre expectativas sobre las que “los demás” están pendientes. 

Todo quedó muy claro en la comparecencia de Donald Trump el pasado día 3 de Enero en el que justificaba la operación militar sobre Venezuela y la detención de Nicolás Maduro:  

              1.- El interés por la riqueza económica del país, cual si fuese una colonia de los EE.UU.

              2.- La continuidad del régimen bolivariano, como única garantía de estabilidad política de Venezuela. EEUU no va a arriesgar la vida de un solo soldado. La ocupación militar se muestra siempre como un problema y un riesgo, tal y como demostró la invasión de Irak o Afganistán. Es preferible someter a tutela a un Gobierno que controla los resortes del Estado – Ejercito, policía y administración…, que suplantarlo por un Gobierno de ocupación o por uno nuevo que no tiene el más mínimo control sobre las estructuras del Estado, por mucho que haya ganado las elecciones.  Al propósito de los EE.UU le interesa, para su negocio, la estabilidad interna del país más que sustituir al Régimen Chavista.

              3. Se impone el pragmatismo. Y para Trump y sus hombres, La libertad, la democracia, los derechos humanos, las elecciones son valores más morales que políticos. Así, la posible restauración democrática queda supeditada, sin tiempo, a los intereses y la política de la doctrina MAGA, y solo a ellos. La actual oposición venezolana no es, ni tan siquiera, un actor secundario en este proceso.

              4. No obstante, está por ver como funciona esta “ocupación virtual” o “sistema de tutela colonial”.

              El mundo abre nuevos derroteros. Las Naciones Unidas, como en su día ocurrió con la Sociedad de Naciones, se muestra, cada vez más, como una institución inútil, sin capacidad ni eficacia. Cuando Estados Unidos la desprecia, o no la presta interés, en la práctica deja de existir.

Trump no deja de ser “un tipo peligroso” para la estabilidad mundial, que pretende un reparto del planeta, al que Putin es llevado por el ronzal, incapaz, hoy por hoy, de recuperar la influencia y el poder de la antigua Unión Soviética, mientras China juega un papel de primera potencia. El mundo de hoy es absolutamente inestable, y muy diferente al de ayer. Cualquier desliz puede desembocar en un conflicto a escala planetaria. Cada vez que los “locos” se instalan en el poder es síntoma de que la historia puede acabar mal, como demuestran las duras experiencia del pasado.

              Mientras la Unión Europea, en ese nuevo marco geoestratégico, ha quedado relegada a un papel insignificante, incapaz de fortalecer las instituciones supranacionales, tanto políticas, como económicas, como militares. Los demás, sabedores del enorme potencial europeo desaprovechado, han explotado sus debilidades para así evitar que desempeñe el papel de primer orden que por economía, población, territorio y fuerza militar debiera desarrollar. “Divide y vencerás” es una máxima atribuida a Julio Cesar. Europa debía haberla tenida en cuenta para seguir avanzando en lo contrario, pero han sido sus enemigos – los externos y los internos – quienes la han alimentado y han hecho de Europa un estado sin Estado, incapaz de fortalecerse con la Unión de veintisiete, y ser un interlocutor válido en el concierto de las grandes naciones, de ahí que la amenaza de Trump sobre Groenlandia sea algo más que un presagio sobre lo que puede suceder.  

Fernando Mora Rodríguez. Politólogo. 

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