Tras varios años de negociaciones se ha logrado por parte de la Unión Europea (y España) un acuerdo con el Reino Unido para regular la relación de la UE con Gibraltar, la colonia británica al Sur de España con menos de seis kilómetros cuadrados de superficie y 30.000 habitantes.
Todo lo que acerque a los gibraltareños a la Unión Europea (de la que el RU ya no forma parte) es bueno para la Unión y para España que mantiene su reclamación sobre este territorio no autónomo que debe descolonizarse según Resoluciones de NNUU siguiendo la doctrina de la integridad territorial (española). Pero, esto último no era la cuestión ahora.
Algunos rechazan la participación gibraltareña en las conversaciones para lograr acuerdos con España. El Peñón disfruta de cierta autonomía de gestión con un Ministro Principal sin perjuicio de un Gobernador que representa al Rey británico y ejerce los cometidos encomendados por Londres. En las complejas reuniones mantenidas anteriormente entre España y el RU para resolver cuestiones relativas a Gibraltar, representantes del Peñón han estado presentes muchas veces sin que ello signifique el reconocimiento de una independencia que España no aceptará nunca ya que el artículo X del Tratado de Utrecht de 1713 establece que, si el RU renuncia a su soberanía, España tiene la primera opción. Esas negociaciones post Brexit han reunido en su tramo final al Comisario de la UE que lleva esta cuestión, al Ministro español de Exteriores, al británico del Foreign Office y al Ministro Principal gibraltareño.
La pretensión española es la de recuperar el Peñón que nos fue arrebatado por una flota inglesa en la Guerra de Sucesión en nombre del pretendiente austriaco. En Utrecht aceptamos, sin embargo, entregarlo a los ingleses a perpetuidad con la condición ya mencionada. NNUU alteró la situación en el sentido de que la Gibraltar debe descolonizarse. No obstante, estamos ya en el siglo XXI y no es concebible que entre dos naciones civilizadas se pudiera imaginar un cambio de soberanía sin la conformidad de la población local. Como habría ésta de expresarse es otra cosa y se pueden imaginar diferentes formas de hacerlo. Por su parte las Resoluciones de NNUU señalan que la restitución territorial debe respetar los intereses de la población local.
Con el RU fuera de la UE, este acercamiento de Gibraltar a la Unión favorece a España sin perjuicio de que Madrid debe saber mostrar las zanahorias oportunas para que Gibraltar se reincorpore un día a España mediante una Autonomía propia. Mientras tanto, un buen entendimiento entre el Peñón y la comarca local, el Campo de Gibraltar, es esencial para que ello se traduzca en una prosperidad que beneficie a todos.
Un punto fundamental es el traslado de los controles de policía y de las aduanas entre la UE y el RU de la Verja al puerto del Peñón y a su aeropuerto sin olvidar que la pista se construyó sobre territorio usurpado por Inglaterra y no cedido de común acuerdo. Sin controles en la Verja surge ahora una continuidad territorial que permitirá una libertad de circulación desde Punta Europa hasta el sitio más al norte de la UE.
La Verja queda “de facto” eliminada antes de serlo materialmente. Fue erigida en 1905 por los británicos para impedir un libre acceso de los españoles al Peñón. Gibraltar formará parte de la Unión Aduanera de la UE y de su espacio Schengen, preservando el Mercado Único comunitario porque los gibraltareños no votaron en su día el Brexit, sino quedarse en la Unión Europea. Como el Peñón sigue siendo una colonia británica, Londres mantiene su base militar, importante sobre todo a los efectos de escuchas en las aguas del Estrecho en detrimento de submarinos rusos y de otros no europeos o aliados.
Feijóo comete, como con el Sáhara Occidental, un error criticando el contenido de acuerdos que respetará si gobierna a pesar de las objeciones de Margallo que siempre fue contrario a una política española inteligente hacia la población gibraltareña que tiene en la práctica la llave del Peñón. Lo único criticable en estos casos es que Feijóo se entere siempre por la prensa.
Esa es una lamentable descortesía de Sánchez al ocultar la política exterior a la oposición cuando debiera de ser una “Política de Estado”. Sin embargo, Sánchez ignora lo que es eso. Una ocultación a veces también a algunos de sus socios en su propio gobierno o a otras de sus malas compañías parlamentarias con las que apúntala su poder.
Carlos Miranda, Embajador de España
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