domingo 10 mayo, 2026

Simeón y los estilitas del siglo XXI

Nunca se es más activo que cuando no se hace nada; nunca se está menos solo que cuando se está consigo mismo.​​​​Marco Porcio Catón, el viejo.

SIMEÓN EL ESTILITA es un personaje mítico a caballo entre los siglos IV y V. Asceta, místico, tal vez provocador…, pasó treinta y siete años viviendo en lo alto de una columna. Ligado al absurdo, ha pasado a la posteridad gracias a sus excentricidades, al igual que lo han hecho tantos otros a lo largo de la historia de la Humanidad. 

Es curioso, ¡me gusta la moral de algunos¡ Convierten en palabras lo que antes eran silencios, en razones lo que antes eran sinrazones. Es más, me encantan como algunos se olvidan de su propio pasado, pero no dudan en arrojarlo contra los demás, en el presente. Pero ellos son felices así, siempre buscando una diana contra quien apuntar, intentando remover conciencias, superando sus propias contradicciones, sus propios y abultados desvaríos, siempre señalando con el dedo para reafirmar sus causas personales, sus muchas sabidurías, sus no menos carencias, su elevado ascetismo… y su prepotencia supremacista.

! Bienvenidos al mundo de la farsa, de la pura representación¡, ¡bienvenidos al gran teatro del Mundo! Bienvenidos al concierto de Simeón el Estilita, ese Orbe donde se predica en el desierto y se maja en hierro frío, pero donde nadie se muere de sed. Y desde su elevada columna se predica: “Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo y tíralo lejos, porque más te vale entrar con un solo ojo en la Vida, que ser arrojado con tus dos ojos en la Gehena del fuego …”

Así vemos el duro proceder de una sociedad confusa, contradictoria, a veces sensata, a veces estúpida, llena de individuos que encuentran en las redes sociales sus “modernos estilitas”, míticos “influencer”, charlatanes, buleros y predicadores, que les ofrece su “liberación” personal y una vía de escape a sus “frustraciones”

Hace unos días una compañera me recordaba como nos enfrentamos a un mundo donde “la cultura de lo contemporáneo es la incultura”.

Y dentro de esa incultura, se baten miles de contradicciones que soportamos estoicamente cuando creemos “con fe ciega”, la del carbonero. Es esa fe simple, contundente, irracional y sencilla que no requiere pruebas, ni argumentos, ni comprensión teórica alguna. Es decir, unos predican sobre todo y “otros” se  creen todosobre nada, defendiendo lo indefendible como si les fuese la vida en ello. No es preciso buscar mucho para encontrar este tipo de actitudes por todas partes. Hay quienes, cadadía, entierran la razón bajo  siete losas, donde a modo de epitafio se dice: “AQUÍ YACE LA RAZÓN, VICTIMA DE LA ESTUPIDEZ”.

Pero me quiero referir a las actitudes más insultantes. Esas que se explicitan con desparpajo que asusta. 

El último concepto político introducido en España por el “trumpismo galopante”, u lo que sea, es el de “prioridad nacional” esa especie de movimiento MAGA, con vocación aún más paleta que la original. Trump es el estúpido estilita del siglo XXI, subido en su torre de 58 plantas de la 5ª Avenida de New York, llena de mármoles, horteradas, oropeles y mal gusto, reduciendo el cosmopolitismo al nivel de tribu. Es ese tipo al que le gusta tanto el poder como la ostentación. Es ese ser a imitar por gentes sin sustancia, pobres diablos que se creen, y quieren ser, alguien, pero con mala leche. Son esos tipos que pululan por el mundo y se esparcen por el universo como un virus.  

Y me pregunto ¿Me podría explicar alguien dónde está el “patriotismo” de Abascal y de VOX? ¿Dónde está la “prioridad nacional” que con tanto engaño predican? 

Pero todo es comprensible. En la columna patria, el estilita es “el bueno” de Don Santiago, el líder más insustancial de cuantos ha producido la ultraderecha internacional porque, simplemente, no le cabe el intelecto en la cabeza y por la boca se le escapa, en incontenibles borbotones, sus “irrebatibles argumentos”, su emponzoñado discurso, siempre dispuesto a volver a un pasado que no fue, a desunir, dividir, alterar el orden social y acabar con el hombre libre y universal. Es lo propio de la Revolución reaccionaria con la que el Siglo XXI nos ha premiado, esa revolución maniquea “que premia a los buenos y castiga a los malos”, “jibarizando” las ideas hasta el punto de convertirlas en meras simplezas. 

En fin, quien quiera leer que lea, quien quiera oír que oiga. Lo demás no vale la pena. En su libro “La sociedad del cansancio” el filósofo surcoreano Byung-Chul Han nos recuerda que “en el Crepúsculo de los ídolos, Nietzsche formula tres tareas para los que se requieren educadores, Hay que aprender a mirar, hay que prender a pensar y hay que aprender a hablar y escribir.”. Sin duda, desde estos parámetros destruiremos a todos los “estilitas” y sus vagas, absurdas e irracionales predicas, y volveremos a reencontrarnos con la capacidad de ser ciudadanos libres, y tornar a ser nosotros mismos.

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