miércoles 16 septiembre, 2026

Meses de trabajo intenso en la UE – Buen momento para reforzar el papel de España

Una de las cosas en que la gran mayoría de los españoles, afortunadamente, estamos de acuerdo es que nuestra pertenencia a la UE es muy buena para nuestro país, Según el Eurobarómetro, un 73% de los ciudadanos coincide en esa valoración, y un 77% apoya más decisiones de la UE.

La respuesta no puede sorprendernos, y de hecho bastaría mencionar solo unos datos: las elevadas sumas que hemos recibido de fondos europeos, 185.000 millones de euros,  para poder realizar las grandes obras de infraestructuras de las que disfrutamos; el apoyo a muchas políticas; la libertad para vivir y trabajar en otros estados miembros; el que un millón seiscientos mil estudiantes españoles hayan estudiado como “Erasmus”  en otro país; el que seamos líderes en algunos sectores agrícolas; o lo que ha supuesto el gran mercado europeo para muchas empresas.

Por ello, en los próximos meses, en que la UE debe de adoptar e implementar decisiones muy importantes sobre sobre su futuro, debería  ser un tema de alta prioridad el conocer y compartir cual va a ser la posición y el papel a jugar por España en los temas más relevantes.

Justamente ese razonamiento de dar a conocer con rigor que grandes decisiones se van a adoptar, está detrás de la sesión “Europa en la Encrucijada” organizada por el think tank Fundación INCIPE, Instituto de Cuestiones Internacionales y Política Exterior, el pasado 16 de julio, que contó con la intervención de Daniel Calleja, Director de la Representación en España de la Comisión Europea.

En su extensa y detallada presentación, muy recomendable y accesible en internet (https://www.youtube.com/watch?v=VOF0eotdSUQ&t=2312s), el responsable de la Comisión, un español con muchos años de experiencia en las Instituciones Europeas, hace un análisis de los retos que tiene delante la UE en el momento actual, así como de las decisiones que han de irse adoptando e implementando en los próximos meses. Y ello, detallándolo en torno a tres grandes prioridades: reforzar la competitividad de Europa, la seguridad y la defensa, y defender los valores europeos.

Reforzar la competitividad de las empresas europeas, y dentro de ellas las españolas, es un tema crítico que exige un diagnóstico claro y una estrategia a seguir, con diferencias según los sectores. Es un hecho que la UE en su conjunto ha ido desarrollando una dependencia, en diferentes ámbitos, respecto a otros grandes bloques económicos. En concreto, una dependencia en materia de energía, entre otras fuentes, de Rusia; de productos industriales, fundamentalmente de China; y de tecnologías digitales, de EEUU. Un buen reforzamiento de la base industrial dentro de la UE aportaría más solidez a Europa y además generaría un aumento del comercio intracomunitario.

En materia de defensa y seguridad,  la guerra de Ucrania, la situación en Gaza y Líbano, y el conflicto de EEUU con Iran y el estrecho de Ormuz, han evidenciado aún más la necesidad de una verdadera política de Defensa y Seguridad de la UE.

En cuanto a los valores democráticos, que son una seña de identidad europea, su defensa debe ser contundente en unos tiempos en que los autoritarismos y extremismos ideológicos van en aumento.

El diagnóstico de los problemas existe desde hace muchos meses. Así,  el Informe Draghi, “Informe sobre el futuro de la competitividad europea”, presentado en septiembre de 2024, recoge en sus 400 páginas 176 medidas especificas en 10 sectores diferentes que podrían implementarse, y el inmediatamente anterior Informe Letta apuntaba también un conjunto de medidas para dinamizar el mercado único y la economía europea en su conjunto.

Precisamente, apoyándose en estos Informes, la Comisión presentó su Programa de trabajo para 2026, y en abril, el Consejo Europeo de Chipre adoptó un paquete de medidas a implementar, contando con el acuerdo del Presidente del Consejo, el Presidente de Parlamento y la Presidenta de la Comisión.

En consecuencia, vienen meses de trabajo intenso, y dentro de ello, un campo importante va a ser la simplificación administrativa y la reducción de la burocracia. Es un hecho que una de los obstáculos a un mayor comercio intracomunitario se deriva de ahí. No tiene mucho sentido que sigan existiendo 27 regímenes jurídicos con sus peculiaridades; que en lugar de Reglamentos comunitarios de obligado cumplimiento para todos, salvo las posibles excepciones temporales, siga legislándose en muchas materias con Directivas que luego los estados miembros en muchos casos no transponen a tiempo a su ordenamiento interno. Todo ello sin duda supone un freno.

El camino no va a ser fácil ya que hay muchos intereses en juego y adoptar decisiones que sean compartidas por una mayoría de estados miembros, exige tiempo y muchas veces tratamientos especiales.  Máxime cuando hay grandes las diferencias entre ellos en el momento actual, en el plano ideológico, De ahí que nos venga a la memoria un viejo y conocido chiste que siempre ha circulado en los pasillos de Bruselas: el de la pregunta sobre qué diferencia hay entre un caballo de carreras y un camello: un camello es un proyecto de caballo de carreras negociado en Bruselas. Corre mucho aunque no tanto como un caballo, pero eso sí, es más resistente a largo plazo y aguanta más.

Pues bien cabe esperar que en los próximos meses, independientemente de todo lo que sin duda irá  pasando por el mundo, la UE irá adoptando medidas que van a ser clave para los años futuros. Y ahí ha de estar España, jugando sus bazas y defendiendo sus intereses.

La Administración española, y en concreto, las unidades que gestionan directamente los temas europeos tienen mucha experiencia y profesionalidad; las Asociaciones empresariales conocen siguen los temas y,  se supone, mantienen una relación fluida con la Administración. Por tanto, ¿faltaría algo?

Pues realmente sí. Conseguir sacar adelante decisiones dentro de la UE que beneficien claramente a nuestro país, exige un “plus”. Exige algo más. Exige que ante el resto de la UE, y en todos los foros y lugares donde se hable de las decisiones que se han de adoptar, todos los españoles, con mayor o menor intensidad, mantengamos la misma posición, en términos generales.  Esto lo resumió muy bien un eurodiputado alemán cunado hace ya unos años, al final de la primera Presidencia de la UE que ejerció España, tan sólo tres años después de haberse producido nuestra adhesión, fue preguntado por el éxito logrado por nuestro país y respondió: “estos españoles están todos clonados, siempre dicen lo mismo sin importar su credo político”.

La frase, reproducida en el libro “Una pica en Flandes. La huella de España en la Unión Europea, de Javier Elorza, explica un factor fundamental que fue clave para lograr muchos de los éxitos que se consiguieron, y en especial que a partir de entonces, y por primera vez, España se convirtiera en un Miembro de peso dentro de la UE.

En un entorno de negociaciones continuas hasta llegar a una solución que todos puedan asumir, es fundamental esa actitud que transmite que dentro de un estado hay un consenso total sobre el punto que se discute en Bruselas, y que por tanto es vano todo intento de “justificar” con apoyos indirectos otras soluciones.

En definitiva, en estos momentos en que la UE se encuentra en una encrucijada y ha de tomar decisiones importantes que afectarán a su futuro, deberíamos plantearnos como sociedad la conveniencia de mantener una posición “común” de consenso en estos temas, al menos en sus ejes básicos. Por supuesto, la mayoría de los ciudadanos no siguen directamente estos temas ni conocen muchas de estas decisiones, pero los representantes políticos sí deberían preocuparse de ello, y trasladar en los medios su consenso en los puntos básicos.

En un país solidario como el nuestro, en que somos capaces de dejar a un lado las cuestiones ideológicas para identificarnos con la selección española de fútbol y compartir y celebrar sus logros, no estaría mal que dejáramos también a un lado algunas diferencias ideológicas para centrarnos en conseguir una mejor posición en la UE para los intereses de todos.  Hacerlo, puede sonar hoy a utópico, pero sería lo coherente con la valoración que expresamos en las encuestas que mencionábamos al inicio del artículo.

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