lunes 15 junio, 2026

La integración de España en la UE

El reto puntual del que apenas se habla, pero que fue crítico. Lecciones.


El pasado 12 de junio se cumplieron los 40 años de la firma de la Adhesión de España a la UE (entonces Comunidades Europeas). Fue sin duda un paso decisivo para la transformación y modernización de nuestro país, y para la consolidación de un sistema democrático tras los años difíciles de la transición. La economía se transformó, pasó de ser una economía protegida y relativamente aislada del exterior, a una economía abierta y más competitiva, que supo aprovechar, además, los cuantiosos fondos europeos para modernizar sus infraestructuras. Nuestra integración fue claramente un éxito.

Pero hay un tema del que apenas se habla. Quizás porque como todo salió muy bien, se ha dado por hecho que fue «normal» que tuviera lugar así. Sin embargo, fue un tema absolutamente crítico para que todo pudiera salir como salió. Me refiero al gran reto de que la Administración Pública fuera capaz de cambiar drásticamente su modo de trabajar.

En poco menos de tres años, de finales de 1985 a finales de 1988, el modo de trabajar de la Administración Pública se transformó. La misma Administración, los mismos Dir. Generales (salvo los que cambiaron en junio 1986 al cambiar algunos Ministros), los mismos Subdirectores, los mismos jefes de servicio, los mismos jefes de sección,… que habían gestionado esa “antigua Administración”, pasaron en el primer semestre de 1.989 a presidir y liderar las más de 1.300 reuniones de grupos de trabajo y 42 Consejos de Ministros  de las Comunidades Europeas, consiguiendo que los doce Estados Miembros aprobaran en esos seis meses el gran paquete de la nueva normativa europea para la implementación del Mercado único, y el espacio Schengen de libre circulación de personas, que habían estado definiéndo en paralelo a las negociaciones de adhesión de los dos nuevos miembros, España y Portugal. La eficiente gestión de los funcionarios españoles en el semestre de Presidencia, logró que se aprobaran 205 Reglamentos y 74 Directivas. España pasó de ser un pais que levantaba alguna dudas y desconfianzas, a un Estado Miembro admirado por su compromiso europeo y su eficiencia.

Este éxito fue, sin duda el resultado de tres factores: en primer lugar, un Gobierno claramente decidido a cambiar España; en segundo lugar, el conjunto de la sociedad (ciudadanos, empresas e instituciones) que veía con esperanza la incorporación a Europa; y en tercer lugar, el conjunto de funcionarios, no muy numeroso, que trabajaba en cada Ministerio en relación con los temas europeos, y que con rigor y responsabilidad cumplió con su trabajo. Ciertamente, para que esto último fuera posible en la práctica, fueron clave algunas medidas que adoptó el Gobierno tras la firma del Tratado de Adhesión y meses antes de nuestro ingreso.  En concreto, la creación de un modelo de coordinación dentro de la Administración para los temas comunitarios, y la incorporación de decisiones sobre estos temas dentro del proceso de decisiones de la Administración (Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos económicos y Comisión de Subsecretarios).[1]

Este, nuevo marco institucional facilitó el trabajo diario que implicaba adaptar la economía y la sociedad española a las nuevas reglas de juego, y adoptar posiciones, favorables a nuestros intereses en las numerosas propuestas de normas que se iban presentando en Bruselas para conseguir la creación de un verdadero Mercado único.

Pero los resultados se consiguieron por el esfuerzo y compromiso de ese colectivo de funcionarios al que antes hacía referencia, y su actitud de trabajo en equipo ante un proyecto común. Fue un colectivo que inicialmente era reducido, pues solo entendían de estos temas los que habían participado en las negociaciones de Adhesión, pero que poco a poco fue aumentando al ir incorporándose la implicación europea en todas las áreas de trabajo, y empezar a compartir la información. Precisamente ese convencimento de que era un proyecto país fue lo que impulsó la comunicación operativa entre las diferentes áreas, dejando de lado uno de los males, históricos, de la Administración, el corporativismo, que siempre había generado una cierta segmentación y separación entre Ministerios a la hora de gestionar temas que implican a varios departamentos.  En definitiva, la integración de España fue un éxito porque los profesionales de la Administración trabajaron en equipo, con independencia del Ministerio en que estaban.

Esta realidad invita hoy a una reflexión. La transformación digital, o mejor, el modo en el que se han implementado algunas cosas, ha llevado a que la Administración de ha ido distanciando más del administrado. El mecanismo de la cita previa como solución a los problemas del ciudadano genera problemas e insatisfacción, en especial en ciertos colectivos. La pregunta que nos surge es: ¿no sería bueno considerar la transformación digital como un proyecto país, y aplicar algunas de las lecciones aprendidas en otros momentos de transformación de la Administración, como el comentado?.

Probablemente, algunos lectores considerarán que esta pregunta es una exageración. Que no sólo no se puede comparar el reto de nuestra integración en Europa con el reto de la transformación digital, sino que incluso no hay semejanzas entre una y otra situación.

Discrepo con ellos. Es cierto que no se pueden comparar, pero sí podemos ver que hay algún tipo de semejanza entre ambas situaciones. La transformación digital que estamos viviendo no es solo una mayor utilización de internet y los teléfonos móviles en las diferentes actividades, usando aplicaciones innovadoras. La realidad que estamos viviendo va más allá. Estamos ante una profunda y disruptiva transformación de la sociedad que afecta a las empresas, a las Administraciones públicas y a los ciudadanos, con implicaciones profundas no solo en la forma de trabajar y en la estructura económica de la sociedad, sino también en los comportamientos. A esto hay que sumarle que hay problemas que por su carácter global requieren soluciones acordadas con otros países, y que el tenso panorama internacional no lo permite; por ello, es necesario que Europa vuelva a reafirmarse ocupando una posición de peso.

Teniendo en cuenta este panorama, se ve ya más claro que España tiene hoy delante el gran reto de integrarse en las nuevas reglas de juego en la economía global, con eficiencia, y definir el papel que va a jugar en la UE y en el resto del mundo. En definitiva, un proyecto pais. Y una vez definido, si existe un cierto consenso social, al menos en sus ejes fundamentales, la puesta en marcha podrá hacerse con éxito. La Administración tiene buenos profesionales y si están bien motivados, con proyectos de perfil técnico sin politización, tiene potencial para  conseguir implementar soluciones muy eficientes.


[1] Para un análisis más detallado ver: Ballestero, F y Puerto F. ”El reto que transformó la Administración económica española: la adhesión a las Comunidades Europeas y la primera Presidencia. El papel clave de Pedro Solbes”, ICE, nº 933 dic 2023, en https://www.revistasice.com/index.php/ICE/article/view/7690;

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