viernes 8 mayo, 2026

El insoportable atractivo de un gobierno de ultraderecha

Las recientes elecciones autonómicas de Extremadura y las encuestas sobre las próximas de Aragón siguen el mismo preocupante patrón: ascenso vertiginoso de Vox, ligera subida del Partido Popular y descenso acusado de la izquierda. Eso prefigura unos gobiernos autonómicos y un posible gobierno nacional en las próximas elecciones generales en los que la ultraderecha tendrá un gran poder para imponer su programa. Conviene que los que, con su voto, nos están trayendo este futuro sepan qué tipo de políticas están haciendo posible. No vaya a ser que después se lamenten como aquellos que se quejaban de que los leopardos les estaban comiendo la cara tras haber votado al “Partido de los leopardos que se comen la cara de la gente”.

En Extremadura, Vox pasó de 6 a 11 diputados y el PP de 28 a 29. Entre los dos suman mayoría absoluta. En Aragón, las encuestas dan a Vox una subida de 7 a 13 diputados y, al PP, de 28 a 29. También aquí el PP necesitará los votos de Vox para gobernar.

Muchos afirman que el pueblo nunca se equivoca cuando vota, pero hay suficientes ejemplos en la historia que contradicen esto. El más reciente, el del segundo triunfo de Donald Trump en las elecciones estadounidenses, cuando ya no era un desconocido para el votante. Muchos republicanos lo están lamentando ahora e incluso algunos de sus congresistas votan en contra de sus políticas. También está el ascenso de Hitler al gobierno en las elecciones de 1933 y el de Mussolini al parlamento en las de 1921. Es más fácil prevenir que este tipo de personas adquieran poder que desalojarlos o combatir sus decisiones una vez se instalan en él.

Tampoco Vox es ya un desconocido. Ha demostrado mucha habilidad en ofrecerse como un partido antisistema y en hacer creer a sus seguidores que todos los males —reales o inventados— que padecemos en España son culpa de los dos grandes partidos que han gobernado hasta ahora. Promete Vox que ellos acabarán con todos esos problemas, ya sea el coste de la vida, la vivienda o los accidentes ferroviarios. Pero ya han cogobernado en varias comunidades autónomas y en muchos ayuntamientos, por lo que resulta fácil saber qué tipo de políticas llevan a cabo cuando tienen poder. En el parlamento europeo forman parte del grupo Patriotas por Europa, junto con el partido del presidente de Hungría Viktor Orbán, y sabemos lo que votan. También sabemos que son lacayos incondicionales de Donald Trump y que apoyan todas sus decisiones, por lo que podemos presumir que sus políticas serán similares a las de este. Veamos cuáles son.

Una de sus bestias negras es la inmigración que, según ellos, está reemplazando nuestra identidad y solo trae delincuencia. Prometen deportaciones de millones de inmigrantes, tanto irregulares como residentes. En las CC.AA. donde han gobernado han impulsado a estas a negarse a recibir menores inmigrantes y a prevenir lo que ellos llaman la amenaza del fundamentalismo islámico. También rechazan la reciente regularización de inmigrantes promovida por el Gobierno. Ocultan que tal amenaza islámica no existe —la proporción de africanos frente a latinoamericanos es del orden de 1 a 15, no todos los africanos son musulmanes ni la inmensa mayoría de los musulmanes suponen amenaza alguna— y tampoco nos dicen cómo van a cubrir los puestos laborales que nuestra economía demanda. Los nacionales tenemos una demografía en declive —1,1 hijos por mujer, cuando se necesitarían 2,7 para el mantenimiento a largo plazo de la población— y 10 millones de pensionistas que se financian a través de las cotizaciones sociales. Sin la inmigración, tendríamos graves dificultades.

Otra de sus constantes en los gobiernos ha sido promover no pagar impuestos, o reducirlos, especialmente los de patrimonio, sucesiones, sociedades y grandes tenedores de vivienda, o sea, los que afectan a los más ricos. En este aspecto no se diferencian mucho del PP que es otro gran enemigo del estado del bienestar. Las CC.AA. son las responsables de financiar la educación y la sanidad públicas y los servicios sociales. Esos gobiernos han recortado drásticamente estos servicios y han apoyado en cambio a la enseñanza concertada y a la sanidad privada.

La tercera pata ha sido la negación del cambio climático y el desmantelamiento de todo lo que tenga relación con él. En el parlamento europeo han votado repetidamente contra el Pacto Verde y la Agenda 2030 de la ONU. En varios ayuntamientos —por ejemplo, en Valladolid, Logroño, Palma de Mallorca, Gijón, Elche, …— han eliminado carriles bici, con el agravante de que algunos habían sido financiado con fondos europeos y estarían obligados a devolverlos. Su política energética pasa por apoyar la nuclear y los combustibles fósiles.

La última pata de su acción de gobierno ha sido lo que conocemos como “guerra cultural” contra todos los valores que ellos adscriben a la izquierda, aunque la mayoría sean transversales o simplemente civilizatorios. Aquí se engloban las acciones contra los colectivos LGTBI, la supresión de fondos para combatir la violencia de género, las trabas al aborto o a la ley de Memoria Democrática y la exaltación del franquismo. Los valores alternativos que Vox ha promocionado en sus gobiernos han sido la familia tradicional, el veto parental en la educación, las políticas de natalidad, la tauromaquia y la caza. Las carteras que más frecuentemente ha ocupado en los gobiernos autonómicos han sido la de cultura, justicia —relacionada con la violencia de género—, agricultura y mundo rural.

Las políticas que sus afines internacionales realizan en sus respectivos países no son muy diferentes a las enunciadas: la persecución a inmigrantes y a los medios de comunicación independientes en EE.UU; la de homosexuales en Hungría; las trabas al aborto en Italia; los recortes de servicios públicos en Argentina; etc. También Vox coincide con ellos en su aversión a las leyes internacionales, al comercio libre, a la democracia  —en particular, a la Unión Europea— y en la vuelta a un nacionalismo extremo más propio del siglo XIX.

Aviso entonces a los que vais —muchos de vosotros envenenados por las redes sociales y desencantados de esta democracia— a votar a Vox: el mundo que alumbraréis será un mundo de hombres blancos, racistas, cristianos, muy machos, heterosexuales, con muchos hijos, que irán los toros y les encantará cazar. El franquismo y sus valores estarán de moda. Habrá desaparecido la prensa y la televisión independientes. Los homosexuales y el feminismo estarán perseguidos. Las mujeres tendrán que irse fuera a abortar. Los maltratadores y asesinos de mujeres circularán impunes por la calle. Cada uno se pagará su educación, su sanidad y sus pensiones. La atmósfera estará felizmente enriquecida con grandes cantidades de CO2, las vacunas no serán obligatorias y los inmigrantes serán cazados a lazo por las calles y enviados a sus países.

Los que no compartimos todo ello os lo agradeceremos de corazón.

 Ricardo Peña

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