Mario de Andrade
Conté mis años y descubrí, que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora…
Me siento como aquel niño que ganó un paquete de dulces: los primeros los comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban pocos, comenzó a saborearlos profundamente.
Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.
Ya no tengo tiempo para soportar a personas absurdas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido.
Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades.
No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados.
No tolero a manipuladores y oportunistas.
Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus lugares, talentos y logros.
Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos.
Mi tiempo es escaso como para discutir títulos.
Quiero la esencia, mi alma tiene prisa…
Sin muchos dulces en el paquete…
Quiero vivir al lado de gente humana…, muy humana.
Que sepa reírse de sus errores.
Que no se envanezca con sus triunfos.
Que no se considere electa, antes de la hora.
Que no huya de sus responsabilidades.
Que defienda la dignidad humana.
Y que desee, tan sólo, andar del lado de la verdad y la honradez.
Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.
Quiero rodearme de gente, que sepa tocar el corazón de las personas…
Gente a quienes los golpes duros de la vida le enseñaron a crecer con toques suaves en el alma.
Sí…, tengo prisa…, por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar.
Pretendo no desperdiciar parte alguna de los dulces que me quedan…
Estoy seguro de que serán más exquisitos que los que hasta ahora he comido.
Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.
Tenemos dos vidas y la segunda comienza cuando te das cuenta de que sólo tienes una.
Mário de Andrade: El Polímata de la Vanguardia Brasileña (1893-1945)
Mário Raul de Morais Andrade (São Paulo, 1893-1945) fue el alma y el intelecto mayor del Modernismo brasileño, destacándose como poeta, novelista, ensayista y musicólogo.
Su destino cambió dramáticamente en 1913: la trágica muerte de su hermano menor por un golpe de fútbol le dejó un temblor nervioso en las manos que sepultó su prometedora carrera como concertista de piano. Alejado de los escenarios, se volcó a la enseñanza musical y, sobre todo, a la literatura, donde halló un nuevo cauce para su inmensa energía creativa.
En 1922, se erigió como catalizador de la Semana de Arte Moderna de São Paulo, el grito de independencia de las artes en Brasil. Ese mismo año, su poemario Paulicéia desvairada (Ciudad alucinada) rompió con el pasado, inaugurando la poesía moderna brasileña. Pero su obra cumbre, la novela-rapsodia Macunaíma, o herói sem nenhum caráter (1928), se alza como el espejo de la identidad nacional, una audaz mezcla de folclore indígena y crítica sociolingüística.
Más allá de las letras, Andrade fue un activista cultural incansable. Como Director del Departamento de Cultura de São Paulo (1935-1938), transformó su visión en políticas públicas, fundando instituciones clave como la Discoteca Pública Municipal y el Servicio del Patrimonio Histórico y Artístico Nacional (SPHAN). Su legado no es solo una pila de libros revolucionarios, sino una infraestructura cultural dedicada a desenterrar, estudiar y celebrar la genuina voz y la rica diversidad del pueblo brasileño.
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