El mundo no está bien, pero ¿cuándo lo ha estado? Mejor, quizás en algunos momentos, pero mucho peor muchas veces más. Las guerras le asolan frecuentemente y si no son mundiales, son regionales, locales o civiles, que no civilizadas. Además, tampoco hacen falta guerras para no estar bien.
Actualmente tenemos un gran conflicto que amenaza a la Europa democrática y en particular a los países de la Unión Europea y, asimismo, a los de la Alianza Atlantica. Es el que tiene lugar en Ucrania por la invasión de Rusia que inicialmente, hace cinco años ya, pensó que conquistaría fácilmente Kiev y que instalaría ahí un gobierno títere favorable a Moscú, como lo es Bielorrusia a la que poco le falta para ser una colonia rusa. Prueba de ello es que la invasión rusa de Ucrania partió de territorio bielorruso además del propiamente ruso. En todo caso, Rusia ya ha perdido la partida.
Rusia ha violado todos sus compromisos con Ucrania. Reconoció su independencia y sus fronteras en 1991 cuando explotó la Unión soviética y la propia Rusia como consecuencia del fracaso del comunismo, ese mismo que a algunos líderes de la extrema izquierda española les gustaría instalar en nuestro país, como en Cuba, o algo semejante, como en Venezuela. Rusia se comprometió a respetar sus fronteras y lo reiteró en 1994 cuando Ucrania accedió a entregar a Rusia su arsenal nuclear al entenderse que el país heredero de la URSS era Rusia. Sin embargo, y sin quitar un ápice de culpabilidad a Rusia, hay que tener en cuenta tres matices importantes.
Empezaremos por Crimea, rusa de toda la vida. Su entrega a Ucrania por Jrushchov en los años cincuenta del siglo pasado fue una irresponsabilidad y una cacicada administrativa pensando que la URSS sería eterna y que nos comería a todos. Moscú la reconoció como ucraniana, pero en aras a un compromiso de paz, Kiev debiera aceptar que nuevamente sea rusa a pesar del condenable ejercicio de la fuerza por Rusia que, además, se inquieta por la pertenencia de Sebastopol donde la Armada rusa siempre ha tenido una importante base naval en “aguas calientes”.
El Donbas es otra cosa. Era ucraniano y ahora lo ha conquistado casi en su totalidad Rusia a costa de enormes pérdidas en material y en hombres. No obstante, las poblaciones del Donbas nunca fueron muy entusiastas con la deriva occidental de la mayoría de Ucrania que, librada del arnés ruso, prefería acercarse al mundo occidental, a la Union Europea e, incluso, a la OTAN, una oferta equivocada inicialmente de la Alianza, pero que no han sabido manejar con habilidad desde el Kremlin, ni desde la Alianza, que, con la invasión y destrozos humanos y materiales al país que antes llamaba hermano, por no decir súbdito, solo ha conseguido acercar Ucrania a la OTAN y que los aliados la consideren el primer valladar frente a la Rusia imperialista.
Antes se pudo maniobrar tanto por parte occidental como rusa para evitar que Ucrania ingresara en la Alianza. Ahora ya es tarde, salvo que ello sea parte de un acuerdo de paz que, sin embargo, no podría impedir ya una relación especial de Ucrania con la OTAN y con la UE, si es que no ingresa en la Unión.
Sin embargo, lo que más contraría a Rusia, aunque no lo confiese, no es un ingreso de Ucrania en la OTAN ya que el Kremlin sabe que la Alianza no le va a atacar. Lo que más le preocupa es el ingreso de Ucrania en la Unión Europea. Rusia tiene un PIB semejante al de Italia y vive de exportar materias primas. En cambio, Ucrania, integrada económicamente en el mundo occidental y en la UE, tendrá un desarrollo mucho más pujante y en apenas una década será, en condiciones de paz, mucho más prospera que Rusia y la comparación será desastrosa para cualquiera que gobierne en el Kremlin moscovita.
Trump presumía de poder arreglar el conflicto con Putin y ofertó planes que, en definitiva, conseguían una paz a cambio de territorios. El Donbas y Crimea para los rusos. En Europa se indignaron mucho argumentando que no se puede premiar a un país agresor. Tienen razón los europeos en principio, pero la realidad de la vida apela a otros comportamientos. Crimea siempre fue rusa y el Donbas no quería apartarse mucho de Rusia. Son, con otras cuestiones, el elemento esencial para un entendimiento entre todos.
Naturalmente, los europeos se pueden echar a sus espaldas un apoyo que EEUU ya va regateando a Ucrania. Como dijo hace tiempo un negociador estadounidense, si Rusia no quiere la paz, más sanciones, y si no la quiere Ucrania, menos apoyo. Aunque Trump y Zelenski se han reconciliado, para Washington Ucrania, como la defensa de Europa, es un asunto que cada vez más debe de ser responsabilidad (y gasto) de los europeos.
El acuerdo de paz dibujado en estas líneas sería bueno para Ucrania que se incorporaría plenamente al mundo occidental y europeo, así como a una merecida prosperidad. Si quiere un buen antecedente histórico, que se fije en Finlandia amputada de un 20% de su territorio por los rusos al principio de la 2GM, tras invadir Rusia a Polonia con Alemania, cuando la agresora Rusia, que quería toda Finlandia, se topó con una resistencia heroica finlandesa.
Rusia sacaría su tajada territorial, justificaría a Putin y le daría también una oportunidad de mejorar su economía con el levantamiento de sanciones y una normalización de las relaciones internacionales. Otros detalles serian importantes, pero es la única alternativa para acabar con un conflicto canceroso en medio de Europa que no tiene una solución militar y que solo conlleva mayores riesgos de guerra generalizada y de inestabilidad económica, además de ser una carnicería. Facilitaría también que el Consejo de seguridad de la ONU fuese de nuevo operativo.
¿Rusia aprovecharía para rearmarse y volver a atacar más adelante? Quizás. No es de fiar, y por eso deben los países europeos mejorar su propia disuasión porque les va en ello su propia libertad, si bien ello tampoco significa renunciar a la Alianza Atlántica que Washington mantendrá por propio interés. ¡No va a entregar Europa al Kremlin!


