domingo 14 junio, 2026

Pakistán bombardea Kabul y declara “guerra abierta”

Islamabad justifica la operación como respuesta a atentados recientes atribuidos al Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP), organización insurgente que, según Pakistán, opera desde suelo afgano con tolerancia o incapacidad de control por parte del régimen talibán.

La ONG estadounidense ACLED registró más de 1300 ataques el año pasado (56% más que en 2024). El Centro de Estudios de Investigación y Seguridad (CRSS) señala que el número de víctimas en Pakistán alcanzó el año pasado su nivel más alto en una década: 3417, frente a las 616 de 2020 .

La ofensiva pakistaní parece constituir una escalada con respecto a los enfrentamientos anteriores. Islamabad ya no sólo tiene como objetivo al grupo terrorista Tehrik-e-Taliban Pakistan, sino al propio régimen talibán 

El gobierno talibán ha denunciado los ataques como violación grave de la soberanía nacional, ha reportado víctimas civiles y ha advertido que responderá “con todos los medios disponibles”. En Kabul se han activado medidas de seguridad extraordinarias y movilizaciones militares en provincias orientales.

Para ver antecedentes y mas informacion del conflicto2025:

https://ladiscrepancia.com/tensiones-entre-afganistan-y-pakistan/

Antecedentes

Las relaciones entre Pakistán y Afganistán atraviesan su momento más delicado desde el regreso de los talibanes al poder en Kabul en 2021. La escalada de ataques del Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP) en la provincia paquistaní de Khyber Pakhtunkhwa, fronteriza con Afganistán, ha provocado enfrentamientos directos entre fuerzas de ambos países, especialmente en octubre de 2025. Aunque se mantenía un alto el fuego frágil mediado por Qatar y Turquia, el riesgo de nuevas hostilidades sigue siendo alto.

El problema central es claro: Islamabad acusa a Kabul de proporcionar refugio y apoyo indirecto al TTP, mientras que las autoridades talibanes afganas niegan cualquier implicación y sostienen que la insurgencia es un problema interno de Pakistán.

El resurgimiento del TTP y la nueva ola de violencia

El TTP, fundado en 2007 como coalición de grupos yihadistas principalmente pastunes, fue debilitado por operaciones militares paquistaníes en la década de 2010, lo que obligó a muchos de sus combatientes a refugiarse en Afganistán. Sin embargo, tras la toma del poder por los talibanes afganos en 2021, el grupo ha experimentado un fuerte resurgimiento.

En 2025, Pakistán registró el año más mortífero en más de una década: alrededor de 660 militares y policías y 580 civiles murieron en ataques militantes, concentrados mayoritariamente en Khyber Pakhtunkhwa. El 71% de los incidentes violentos y casi el 68% de las muertes relacionadas ocurrieron en esta provincia.

Los residentes viven bajo una inseguridad constante. En muchos distritos del sur, el temor impide circular después del anochecer. Un dicho popular resume la situación: “el día pertenece a los militares; la noche, a los militantes”, aunque cada vez más se afirma que “incluso el día pertenece a los militantes”.

Acusaciones cruzadas y dimensión transfronteriza

Islamabad sostiene que Afganistán se ha convertido en un “gran santuario” para el TTP. Según autoridades paquistaníes, combatientes cruzan la porosa frontera para ejecutar ataques y regresan posteriormente a territorio afgano. También alegan que el grupo ha adquirido armamento avanzado abandonado por fuerzas estadounidenses y de la OTAN.

Kabul rechaza estas acusaciones y afirma que el TTP es un fenómeno exclusivamente paquistaní. Además, señala que la frontera es difícil de controlar completamente y acusa a Pakistán de albergar elementos del Estado Islámico-Provincia de Jorasán (IS-KP), aunque Islamabad ha detenido a miembros destacados de esa organización.

Más allá de la disputa política, los vínculos ideológicos y étnicos entre el TTP y los talibanes afganos son profundos. Ambos comparten raíces pastunes y la tradición deobandi del islam sunita. Los líderes del TTP han jurado lealtad formal a los emires talibanes afganos, reforzando una relación histórica de camaradería yihadista.

Octubre de 2025: del enfrentamiento indirecto al choque militar

La crisis alcanzó su punto álgido el 8 de octubre de 2025, cuando un ataque del TTP mató a once militares paquistaníes. Islamabad respondió con ataques aéreos en territorio afgano, incluyendo un presunto bombardeo en Kabul dirigido contra el líder del TTP, Noor Wali Mehsud.

Siguieron días de ataques y contraataques con artillería pesada, incursiones terrestres y bombardeos. Las cifras de bajas fueron disputadas, pero ambas partes reconocieron pérdidas significativas. La mediación de Qatar y Turquía logró un alto el fuego temporal, posteriormente ampliado, aunque sin acuerdo sustantivo sobre mecanismos verificables para frenar la infiltración.

Desde entonces, las negociaciones están estancadas. Islamabad exige compromisos escritos y verificables contra el TTP; Kabul ofrece garantías verbales y niega la presencia significativa del grupo en su territorio.

Presión económica y deportaciones masivas

Antes incluso de los enfrentamientos armados, Pakistán había recurrido a medidas de presión económica: cierre de pasos fronterizos clave como Torkham y Chaman, restricciones comerciales y aumento de aranceles. Tras octubre de 2025, el comercio bilateral quedó prácticamente suspendido.

A nivel nacional, el impacto económico es limitado (solo el 0,6% de las exportaciones paquistaníes), pero en Khyber Pakhtunkhwa el daño es considerable. Comerciantes y transportistas locales dependen del intercambio transfronterizo para su sustento.

Paralelamente, Islamabad intensificó la deportación de afganos. Desde octubre de 2023, cerca de dos millones han sido deportados o han abandonado Pakistán por temor a detenciones. Las nuevas políticas exigen visado incluso para refugiados previamente protegidos por la ONU.

Esta política afecta especialmente a mujeres, periodistas, defensores de derechos humanos y minorías, muchos de los cuales temen represalias al regresar a Afganistán. Aunque Islamabad defiende su derecho a controlar la inmigración, la medida ha alimentado sentimientos anti pakistaníes al otro lado de la frontera.

Una contrainsurgencia fragmentada

El desafío no es únicamente externo. La respuesta interna paquistaní presenta fisuras importantes.

El ejército lidera la contrainsurgencia en Khyber Pakhtunkhwa, relegando a la policía provincial a un papel secundario. Sin embargo, la coordinación entre ambas fuerzas es limitada. La policía carece de equipamiento y formación adecuados, especialmente en los distritos fronterizos recientemente integrados tras la fusión de las antiguas Áreas Tribales Administradas Federalmente (FATA) con Khyber Pakhtunkhwa en 2018.

Las tensiones políticas agravan la situación. El gobierno provincial está controlado por el partido PTI de Imran Khan, enfrentado al gobierno federal de coalición. El PTI critica la estrategia militar y aboga por mayor control civil y reanudación del diálogo con Kabul.

Esta desconexión civil-militar reduce la eficacia operativa y complica la elaboración de una estrategia coherente frente al TTP.

Geopolitica y Geoestrategia

El conflicto entre Pakistán y Afganistán tiene como eje estructural la disputa histórica sobre la Línea Durand, frontera heredada del periodo colonial británico que Kabul nunca ha reconocido plenamente y que divide el espacio étnico pastún. Esta fractura identitaria se combina con un problema de seguridad crítica: la actividad del Tehreek-e-Taliban Pakistán (TTP), grupo insurgente que ataca al Estado pakistaní desde áreas fronterizas afganas. La tensión no es solo territorial, sino estratégica: Pakistán teme una desestabilización interna creciente en Khyber Pakhtunkhwa y Beluchistán, mientras el Emirato afgano intenta afirmar su soberanía sin aparecer subordinado a su vecino.

Además, el conflicto está insertado en una ecuación regional más amplia: la rivalidad histórica entre Pakistán e India, la preocupación de China por la seguridad del corredor económico China-Pakistán (CPEC) y el impacto potencial en la estabilidad del Asia Central y del Golfo. El escenario más probable es una tensión crónica controlada, con episodios de escalada puntual, ya que ninguno de los dos Estados puede permitirse una guerra abierta, pero tampoco puede ceder en cuestiones que afectan directamente a su seguridad y legitimidad interna.

El ministro de Asuntos Exteriores turco, Hakan Fidan, ha mantenido conversaciones telefónicas por separado con sus homólogos pakistaní y afgano en presencia de representantes de Qatar y Arabia Saudí. China, Rusia, el Reino Unido e Irán, entre otros, han pedido a ambos países que reduzcan la tensión. Por el momento, Estados Unidos no ha hecho ninguna declaración sobre la situación, aunque la administración Trump ha reforzado sus lazos con Pakistán en 2025 y durante la primera reunión del Consejo de Paz el 19 de febrero, del que Pakistán es miembro fundador, Trump dijo que «quería mucho» al primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif.

En las últimas semanas, el ejército estadounidense ha desplegado importantes recursos militares en Oriente Medio, entre ellos 18 buques entre el Mediterráneo y el mar Arábigo, cerca de las costas pakistaníes.

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