viernes 8 mayo, 2026

Los tiros en el pie a la restauración turística


Soy propietario de un restaurante en la turística Mallorca y he recibido una notificación de mi Gestoría en la que alertan a todos sus clientes sobre la próxima oleada de inspecciones laborales en horarios aleatorios al sector de la Hostelería y del comercio.
Me comuniqué con un Inspector de trabajo a punto de jubilarse, quien me añadió que no se le ocurra a mi mujer entrar a saludar al equipo de cocina puesto que, si en ese momento aparece un Inspector, se nos ha caído el pelo.
Conste que el Convenio de Hostelería en Baleares, podría equipararse al que más favorable encuentren ustedes en cualquier país Europeo, tanto a nivel salarial como en beneficios añadidos.
Y eso en sí mismo estaría muy bien, si se aplicara al gran canalizador del Turismo, desde Tour Operadores hasta llegar a las grandes compañías Hoteleras, que, al manejar economía de escala, tienen suficiente con subir el precio de la habitación al Turista que sigue ansiando viajar a Mallorca.
Pero resulta que el sector servicios, es decir, restaurantes, comercios, cafeterías, bares, etc., no pueden subir sus precios en correlación a sus costes laborales y beneficios sociales que deben aplicar a sus empleados, puesto que ahuyentarían a sus clientes (una gran parte de ellos españoles que no están dispuestos a pagar 8 € por una caña de cerveza, o 25 € por una pechuga de pollo con patatas, como es normal) y por tanto luchan contra las subidas salariales y de cotizaciones «contra margen», es decir, se dedican a entregar toda su «caja» al Estado.
En el primer trimestre de 2025, el número de empleados públicos superó al de trabajadores por cuenta propia al frente de negocios en 239.600 personas, con 3.499.100 funcionarios frente a 3.259.000 autónomos, según publica la última Encuesta de Población Activa (EPA) publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE).
Las miles de micro pymes que tratan de vivir de la estacionalidad del sector, tienen una media de vida de tres años.
Solo un 5% de esos negocios consigue consolidarse en el mercado.
Los carteles de «traspaso», «alquilo» «vendo», se agotan en las tiendas de los chinos cada mes de octubre.
Propietarios y familiares trabajando 10 y 12 horas cada día, con el único afán de pagar sus facturas y seguir remando, tienen que tragar con una jornada laboral que se verá reducida a 37,5 horas semanales, con un registro de control de horario en remoto, que cualquier inspector de trabajo podrá ver cómodamente desde la cafetería del Corte Inglés durante su almuerzo de dos horas.
Con inspecciones aleatorias de las que advierten las gestorías para «cazar» cualquier incumplimiento, aunque éste sea voluntario por parte de un trabajador que también lucha por pagar su hipoteca (si vive de alquiler, simplemente no puede pagar).
Los jóvenes huyen del sector como de la peste, dado que les hemos vendido el maldito cuento de que es mejor convertirse en funcionario que emprender por cuenta propia.
Los pequeños empresarios de la restauración cuentan los días para jubilarse.
Es más fácil encontrar en el mercado laboral un neurocirujano que un cocinero.
Pero eso sí, vivimos del turismo.
Aun estando de acuerdo con el cumplimiento de las reglas del juego, y por tanto de las inspecciones laborales con las que nos amenazan, diría yo que podrían haber empezado por la Diputación de Badajoz, o por Tragsa o por Ineco, incluso por la Complutense.
Tal vez con esa batida, se habría cubierto el cupo de sanciones anuales a endilgar.
Cuando le cuento esto a mi amigo, el inspector, se encoge de hombros y me mira con rostro compasivo mientras aparta expedientes de su mesa.
Pero es más fácil cebarse con la maldita clase media, esa que quiere ser libre, comprarse un coche de gasolina y marchar de vacaciones a Marbella o incluso a la Dominicana por si se topa con algún personaje famoso incluso político y echarse un selfi con él o con ella.
Y es más fácil, porque como dijo aquel, las clases medias temen caer en la pobreza, ansían prosperar y por eso seguirán remando, aunque el amigo inspector les envíe su ejército de Inspectores a comisión.
Es evidente que hay mucho «empresario» que no merece más que mano dura, pero no es menos cierto que es una pequeña minoría, aunque hagan mucho ruido.
Estaría bien poder trabajar en equipo emprendedores y empleados, emprendedores y gobernantes, (aunque eso fuera muy cansino para esto últimos), y también estaría bien que personas que mandan mucho en este país y han dejado en ruinas todo aquello que han tocado, tuvieran un poco de humildad y en lugar de ir a la peluquería cada día, y hacerse vídeos cogiendo la plancha al revés y planchando ropa sin estrenar, se pusieran a trabajar aunque fueran 37,5 h semanales, antes de seguir arruinando todo aquello que tocan con sus ocurrencias, falta de experiencia y populismo de «chalé para todos».
En fin, mi amigo inspector me añade un montón de datos estadísticos sobre el número de inspecciones/sanciones y me añade con voz quebrada que ellos solo cumplen con su trabajo.
Cosa esta que nunca he dudado.

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