Algo va a pasar
Por Alberto Morate
Algo va a pasar. Siempre pasa algo, incluso que exista un perro que nadie ve.
Pasa que se quieren y no lo saben, que sufren y se callan, que se pueden no tener muchas luces, pero iluminan como mil soles. Pasa que los hombres, los vecinos, son lobos, pasa la dureza de un constante asedio sin guerra.
Hasta que llega la guerra auténtica y hasta que llega un circo que pasará de largo. Pasa que en mitad del bosque uno puede encontrarse consigo mismo y con alguien que puede comprendernos.
Pasa que se quieren conocer realidades distintas, que las flores más aromáticas pueden tener espinas, que no puedo salir de esta realidad irreal a no ser que tú me acompañes. Que lanzaremos cuchillos siguiendo los dictámenes de un perro que sueña, que laten entre los árboles sentimientos impensados, que estamos necesitados de caricias, de manos, de esperanzas, de ilusiones, de canciones que no hayan conocido mis tristezas.

Lo que sueña un perro, un mágico texto de Marina Seresesky, donde hay que huir, hay que huir de la guerra, de las envidias, del acoso, de la propia familia, de la dureza de la vida, y aunque vengan tiempos más duros, quizás, al menos serán los que se han elegido.
Dirige con una sensibilidad de corazón palpitando Álvaro Lavín, y consigue transmitir lo que muy pocas veces llega desde los escenarios: la emoción, la melodía y una conjunción perfecta, la comprensión hacia los personajes que se hacen nuestros, entrañables, íntimos.
Y para ello contribuyen con no menos acierto los tres intérpretes, Elvira Cuadrupani, Iván Villanueva y Rafael Reyí. Ya desde el inicio, con la canción que introduce la obra, los horizontes que nos van a contar, se acercan, entendemos las soledades de cada uno, e intuimos que entre ellos se establecerá un vínculo férreo y necesario, al igual que ocurre con los espectadores, que en la quietud de las sombras del patio de butacas nos integramos en sus desvelos.
Algo va a pasar. Ahora, antes, luego, pronto. Esta obra, esta puesta en escena me hace sentirme bien, me abre los ojos a la insensatez de las guerras, al sufrimiento de la soledad, a la hostilidad de una sociedad que solo va a lo suyo, que discrimina, que ningunea, que se ríe de los demás, que explota a los demás, que somete y quiere que se tengan miedos para poder dominarlos.
Y el perro, profético, oráculo de una libertad que ha de llegar, instigando para que el destino asignado no sea el que nos conforme, y escapar de la violencia, del odio, de las rencillas, de lo establecido por norma.
La Meridional, con más de treinta años de trayectoria, vuelve a mostrar su compromiso social, no exento de humor, de poética, de la supervivencia humana, incidiendo en la idiotez de las guerras, en el escape de una realidad que no representa a nadie, nada más que unos cuantos que quieren manipular el dominio social y que, metafóricamente, en esta ocasión, nos vienen a decir, los animales son más solidarios, leales y sensibles que muchas personas.
Los tres personajes de Lo que sueña un perro, vienen a descubrir, como en el Mago de Oz, que se pueden superar obstáculos, que el poder emocional está en uno mismo, que juntos se pueden conseguir grandes cosas.

INFORMACIÓN
LO QUE SUEÑA UN PERRO
Autora: Marina Seresesky
Director: Álvaro Lavín
Intérpretes: Elvira Cuadrupani, Iván Villanueva y Rafael Reyí.
Música: Chani Marín
Producción: Álvaro Lavín (Meridional Producciones)
Espacio: Cuarta Pared


