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viernes 6 marzo, 2026

La histórica semana de Juan Manuel Beltrán

Estos días de verano, propicios a dejar vagar el coco, vamos a hacer un repaso a lo que ha sido la dinastía de los Borbones para «la cosa pública» Un vistazo al retrovisor: De Felipe V a Fernando VII

Felipe V: El primer bipolar

El cambio de dinastía que se produjo con la llegada de los Borbones tras la degenerada y lenta agonía de la casa de Austria facilitó la entrada de otras taras espirituales que, además de sorpresivas e impredecibles, mantuvo a España en una especie de permanente sobresalto a la espera de cada nueva crisis real. De entrada, Felipe V pudo escribir, parodiando a Tolkien, la historia de un viaje y una vuelta tras haber abdicado en su efímero hijo Luis, cuyos 229 días de reinado constituyen el récord de brevedad en nuestra historia. Su muerte a causa de la viruela es posible que sensibilizara a la familia frente a esa enfermedad, algo que, muchos años más tarde, pudo ser la razón del impulso real a la expedición de xxx en pos de llevar la vacuna al nuevo mundo y a la consagración de Isabel Zendal en nuestros anales.

Pues bien, parece ser que la causa de su abdicación estuvo fundamentada en una profunda depresión y que su vuelta estuvo propiciada por las intrigas de su esposa en contra de su otro hijo, Fernando, habido en su primer matrimonio. Locura e intrigas juntas inauguran el debut de la dinastía, algo que no presagiaba nada bueno, la verdad.

Junto con el Reino de España, Felipe heredaba todas sus inconsistencias, de manera que el Reino de Aragón se levantó en armas contra la pérdida de sus prerrogativas, fueros y leyes propias, que, de facto, convertían sus territorios en un estado paralelo que trataba de mantener sus propios destinos al margen de la corona española. Esto ya había provocado que Felipe II buscara la manera de saltarse la tradición degollando “a la brava” a Juan de Lanuza, último Justicia de Aragón que había protegido a Antonio Pérez, secretario del Rey caído en desgracia en base a la vigencia de los Fueros de Aragón, que no reconocían la validez jurídica de las sentencias emitidas en Castilla. Gracias a la pastueña postura de la iglesia, fue la Inquisición, que si tenía jurisdicción en Aragón, la que le hizo el trabajo sucio y así pudo el verdugo real rebanarle el gañote a tan obstinado funcionario. Por cierto, el juramento real ante el Justicia de Aragón era precioso: “Nos, que somos tanto como vos y todos juntos valemos más que vos, os hacemos rey de Aragón, si juráis los fueros y si no, no.”

Dando continuidad al enfrentamiento de la Corona con las instituciones tradicionales, Felipe V acaba, con la promulgación del Decreto de Nueva Planta, los fueros jurados por él mismo en 1701 con lo que la palabra del Rey queda para siempre cuestionada en función de la hoy llamada “real politik” que es, más o menos, lo mismo que decir que “ya veré yo lo que sea conveniente para mi propio provecho”, axioma y divisa que acompañará a los Borbones hasta nuestros días.
Consciente de que, en lenguaje vulgar, su salud mental derivaba hacia lo que el lenguaje vulgar cataloga como “estar como un cencerro” (tenía delirios en los que se creía una rana y no se lavaba, se sumía en depresiones estupendas etc) abdica en su muy joven hijo Luis en xxx tras dejar montado un buen lío -que todavía vivimos- con las consecuencias de la aplicación de sus decretos de nueva planta. Semilla de larga vida, los efectos de este decreto darán lugar a largos y complejos problemas en la España moderna y en los distintos apoyos recibidos por los llamados “Carlistas”, que levantaron la bandera de los decapitados fueros en busca de tropas y apoyos por parte d e los sectores más reaccionarios como veremos en su momento.

Luis I: Pasó sin dejar huella


229 días de reinado dan para poco y nada hay destacable en el reinado de este casi adolescente salvo las consecuencias de su muerte: el retorno de su enloquecido padre al reinado tras algunas dudas aplacadas por el emergente poder de la Reina, Isabel de Farnesio, mucho más avispada, inteligente y dispuesta a bloquear el lógico curso de la sucesión en favor de su otro hijo, Fernando, habido con su primera esposa, María LUisa de Saboya, y que, años después reinaría con el nombre de Fernando VI.
Su largo reinado deja por detrás los primeros conflictos con el Papa y con al Iglesia y el abandono de políticas que hubieran contribuido a la correcta evolución y modernización del Estado

Fernando VI: El segundo bipolar

La biblioteca virtual Cervantes nos ofrece un breve resumen de su reinado apoyado siempre en sus ministros, verdaderos gobernantes en nombre del Rey, ocupado en sus rarezas que acabaron “El último año de su vida, y a consecuencia de la muerte de Carvajal, de la reina y el destierro de Ensenada sumieron al rey en la locura, siendo recluido en Villaviciosa de Odón, Madrid. Con una España sin rey y una administración paralizada, la monarquía siguió funcionando hasta que llegó de Nápoles su hermanastro Carlos para hacerse cargo del trono una vez que falleció FernandoVI, sin descendientes, el 10 de agosto de 1759, con cuarenta y cinco años de edad y trece de reinado.”

Carlos III: Consciente de sus abismos

Este reinado sí puede considerarse positivo para España y de acuerdo con lo que podría esperarse de un rey cuya única desviación sobre el deber, la mesura y el apoyo a las ideas de la ilustración, fue la caza, actividad a la que dedicaba todo el tiempo posible y en propias palabras,debía alejarle de la melancolía y desviaciones mentales de sus antecesores. Buen rey y mejor alcalde no dejó, por desgracia, su manual de instrucciones y buen gobierno para sus sucesores.

Carlos IV: Ni voluntad ni acierto

A pesar de lo que he buscado, por mucho que he intentado encontrar un asidero que salvara este reinado, lo cierto es que no he encontrado nada que justifique a este personaje como portador de alguna corona. Perdido en su indolencia, en sus cacerías, conciertos y misas, su mujer, María Luisa de Borbón-Parma sí supo a qué dedicar sus horas gracias a la desmedida afición por quedarse embarazada hasta alcanzar un récord difícilmente igualable: 24 embarazos para 14 hijos pero solo 7 vivos.¿De dónde sacaba tiempo su querido Carlos para tanto fornicio? parece confirmado mediante confesión de la propia Reina que Carlos poco tenía que ver con los trajines de su útero y antes de morir dejó caer la bomba en oídos de su confesor, declarando que la dinastía de los Borbones decaía con Carlos IV, pues ninguno de sus hijos era fruto de la cohabitación marital. El tal confesor de encargó de dejar la cosa por escrito firmando un documento que se haya en los fondos del Archivo General del Ministerio de Justicia según nos informa Neus Agulló i San-Martín en el artúlo que conecto al texto: Por si hay alguna duda, he aquí la imagen de la confesión del confesor.

Ausente del lecho marital, ausente de los asuntos de estado que despachaba en media hora antes de cenar tras de sus cacerías, Carlos se dejó deslizar por la indolencia más absoluta mientras a su alrededor, las mareas del mundo iban acumulando la tensión entre la acción y la reacción que acabarían encontrando, en España, su mejor campo de batalla y terreno abonado para el más cruento de los conflictos.
Fernando VII: el peor

Sobre este personaje, no tengo más remedio que asumir la denominación de la genial divulgadora Nieves Concostrina, historiadora que se refiera a él como “El Mastuerzo” y cuyo paso por el poder dejó al país hecho unos zorros tal y como veremos en lo que debe ser uno de los capítulos más trascendentes de los albores del S XIX marcado, desde el incio, por sus diversas traiciones a unos y a otros, sus indecisiones, sumisión al poderoso, Napoleón Bonaparte, y una ausencia total de honestidad, honor, inteligencia o empatía.

Este rey es el mejor ejemplo de cobardía, mentira, traición y egoísmo que ha dado la historia de España. Con todo el viento favorable para haberse convertido en un ejemplo a seguir, hizo exactamente lo contrario: entre…


No era un Borbón, y se notaba. José I

Es muy probable que este sea uno de los reyes peor juzgados por nuestra historia y no faltan razones para ese encono, pero también es cierto que, de todos los analizados en este lo que sea esto, fue, junto a Carlos III, el único que tuvo una educación adecuada, la experiencia de gestión previa a su coronación así como una idea adecuada de lo que era el papel de un rey más o menos constitucional. Sin ninguna duda, a España le hubiera ido mejor dejando que su reinado continuara y no empeñarse en bendecir al idiotizado Fernando VII en su lugar para que lo estropeara todo con todo su mejor desempeño.


Veamos de dónde venía este Pepe “Plazuelas” mote despreciativo que ponía de manifiesto su buena intención a la hora de mejorar el urbanismo de Madrid derribando ruinas y espacios infectos en los que se diseminaban enfermedades y cochambre a partes iguales.
Sus estudios se centraron en las leyes y sobre esta base desarrolló su carrera legislativa como miembro del Consejo de los Quinientos y fue el responsable de la gestión y firma de tres tratados importantes: en 1801 los tratados de Luneville y el Concordato con la Santa Sede y, en 1802, el Tratado de Amiens. Si nos vamos a la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, veremos que, además “Durante las guerras napoleónicas, José I actuó como enviado de su hermano y firmó tratados con Estados Unidos, Austria, Gran Bretaña y el Vaticano. Fue embajador en Roma en 1797 y contribuyó a la preparación del golpe de Estado dado por su hermano, el 9 de noviembre de 1799. Tras la proclamación de Napoleón como emperador, éste adjudicó a su hermano José el Trono de Nápoles en 1806, donde gobernó hasta el verano de 1808 cuando, tras las abdicaciones de Bayona, Napoleón le instaló al frente de la Corona española y proclamó a Murat, que estaba al frente de las tropas francesas en España, como Rey de Nápoles.” En 1808 llega al trono bajo la escasa protección de la Constitución de Bayona -inspirada por Napoleón – y con el poco eficaz apoyo de los ilustrados españoles, para siempre jamás denostados bajo el nombre de “afrancesados”. Muestra de sus buenas intenciones fueron los intentos por hacerse popular e incluso tuvo el gesto de tratar de negociar y entenderse con los constituyentes de Oratorio gaditano que habían promulgado la Constitución de 1812. Las palizas a su hermano en Arapiles y Vitoria ponen fin a su reinado y en Diciembre de 1813 algo tendrá el numerito) Napoleón le devuelve la corona al pelota de Fernando VII que empieza a hacer de las suyas desde el primer momento y, sin esperar siquiera a entrar en Madrid, organiza la primera en el viaje a Madrid.
Mi impresión personal por lo que he leído y por lo que el personaje arrastraba de su vida personal, José I no pudo luchar contra el origen putrefacto de su coronación y eso significó su muerte, pero toda la inspiración de su reinado nos habla de lo que lo que pudo haber sido y no fue para nuestra desgracia. El cambio resultó funesto y, estoy seguro, la vida cultural, social, empresarial y política de España hubiera sido muy distinta de haber seguido su benefactora inspiración. Es al hablar de este asunto en el que mi amigo siempre comenta que “ganamos la guerra que debimos perder” y no puedo más que darle la razón.


En la Constitución de Bayona se incluye la libertad de prensa (Artículo 45) y un consejo de garantías para velar por ella (Artículo 46); un secretario ministerial responsable de la negociación con el Vaticano (Artículo 56 sobre el Consejo de Estado). También se reconocía el derecho a la libertad individual y se estructuraban las formas en las que el Senado podría velar pro la seguridad jurídica de los ciudadanos en este terreno. Dentro de los tres estamento que componían las Cortes Generales: nobleza, 25 miembros, Clero, 25 miembros y Pueblo, con 122 miembros, destaco que 15 debían pertenecer o ser, de forma obligatoria “ Diputados de las UNiversidades,personas sabias o distinguidas por su mérito personal en las ciencias o las artes” (Artículo 64). Estos distinguidos “sabios” eran elegidos por el Rey tras propuesta del Consejo Real y también, las Universidades mandaban 7 nombres cada una para ser considerados por la corona. También era obligatoria la presentación anual de las cuenta para ser sometidas a escrutinio por las Cortes, quienes podían interpelar al Ministro de Hacienda. (Artículo 84). Muy curioso el Artículo 88, que bautiza una forma de entender la economía que, todavía, hoy, es retorcida y mal interpretada por muchos: “Será libre en dichos reinos y provincias toda especie de cultivo y de industria.” También, como es lógico, velaba por la estructura judicial según la inspiración del Código Napoleónico e incluso consagraba la independencia de los jueces en el Artículo 97 “El órden judicial será independiente en sus funciones”.


Parte de su impopularidad podemos buscarla en la erradicación de monopolios particulares y el libre comercio de los reinos y ciudades con la metrópoli y en un corto y demoledor artículo que, ni siquiera hoy, cumplimos en España: Artículo 117 “El sistema de contribuciones será igual en todo el reino”. Fueros y privilegios a hacer puñetas junto a la exclusiva de la trata de esclavos, los aranceles protectores y limitaciones comerciales entre provincias…demasiada modernidad y demasiado cambio para la anquilosada y vetusta estructura social de España, la verdad. Si alguien quiere leerla entera, aquí tiene la referencia: https://app.congreso.es/est_sesiones/ Legislatura 1808. Actas de Bayona. Constitución del 7 de Julio de 1808

Tras un largo periplo, muere en Florencia en 1844 su vida queda resumida, las más de las veces, en un solo pantallazo de las fuentes de internet que se pueden consultar libremente. Pobre balance para un personaje que pudo hacer mucho por España y al que la historia le jugó la mala pasada de hacerle hermano de quien fue responsable tanto de su coronación como de su caída. Un inicio torcido que tuvo un final cantado como rey.

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Todos mienten como bellacos

Interrumpo la serie histórica para comentar, muy brevemente, esa ceremonia de confusión, baile de sombras o patio de Monipodio que se ha celebrado en La Haya dando ocasión para una exhibición de desparpajo, falacia y mentira,mucha mentira. El País publicó un gráfico del actual nivel de gasto de los países de OTAN y cualquier paisano, con dos dedos de frente, sabe que es IMPOSIBLE que los firmantes se acerquen, ni de lejos, a cumplir ese “pacto de tramposos”.

Aprovechando la postura de Sánchez (Cuéntalo tú, que tienes más gracia) todos se han colocado detrás del valiente para firmar no sé qué que les permite un lejano “ya veremos” que ha dejado contento al matón del grupo y aquí paz y que pase la legislatura del loco sin que monte mucho lío.

Si estos son los que deben construir el nuevo futuro de Europa, está claro que lo llevamos claro, así que poco más hay que añadir a esa ceremonia de confusión y “patada a seguir”. Sencillamente impresentable.
P.D. Aprovecho para anunciar que entramos en periodo vacacional y estas entregas se adaptan al periodo vacacional y ya veremos -yo también – si entre el Tour, el calor y demás acontecimientos propios de la época, me apetece o no ponerme a escribir. Avisados estáis.
Felices tiempos de relajo y pereza, gente.

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