miércoles 10 junio, 2026

La expiración del tratado New START: una nueva etapa de incertidumbre nuclear

El New START(Strategic Arms Reduction Treaty) venció oficialmenteel 5 de febrero de 2026 sin que Estados Unidos y Rusia lograran un acuerdo para renovarlo o reemplazarlo. Con su finalización, el Sistema Internacional entra en una situación inédita desde comienzos de la década de 1970. Por primera vez en más de medio siglo, las dos mayores potencias nucleares no están sujetas a límites verificables sobre sus arsenales estratégicos desplegados.

La desaparición del último tratado bilateral de control nuclear elimina el principal mecanismo de transparencia y previsibilidad entre Washington y Moscú.

Los intentos de negociar un tratado que lo sucediera han quedado bloqueados por posiciones estratégicas incompatibles. EE.UU. sostiene que cualquier nuevo acuerdo debe incluir a China, argumentando que el equilibrio nuclear global ya no es estrictamente bipolar y que el crecimiento del arsenal chino altera la estabilidad estratégica internacional.

Frente a ello, Rusia cree que, si el formato pasa a ser multilateral, deben incorporarse también Francia y el Reino Unido, cuyas fuerzas nucleares (aunque más reducidas) forman parte del entorno estratégico occidental y están integradas en la arquitectura de la OTAN. Moscú sostiene que aceptar la inclusión de China sin contar las capacidades británicas y francesas generaría una asimetría desfavorable, en un contexto de transición desde un sistema bipolar heredado de la Guerra Fría hacia un escenario nuclear progresivamente multipolar.

Firmado en 2010, el New START establecía un límite de 1.550 ojivas nucleares estratégicas desplegadas por cada parte y contemplaba un sistema detallado de inspecciones in situ, intercambio de información y notificaciones obligatorias. Este mecanismo fue considerado durante años uno de los pilares de la estabilidad estratégica entre Washington y Moscú, incluso en períodos de elevada tensión política. El tratado no solo se limitaba a arsenales, garantizaba transparencia y reducía el riesgo de errores de cálculo.

La expiración del Tratado marca el fin de una era en el control bilateral de armas nucleares. Era el último marco jurídico vinculante que regulaba los arsenales estratégicos de Rusia y EE.UU., países que en conjunto poseen aproximadamente el 90 % de las armas nucleares del mundo. Su desaparición inaugura una fase caracterizada por mayores riesgos, incertidumbre y potencial competencia estratégica, aunque no necesariamente un incremento inmediato del número de ojivas. El riesgo principal no es cuantitativo, sino estructural: la erosión de la previsibilidad en el sistema nuclear internacional.

Una oportunidad para el liderazgo europeo

Las implicaciones para Europa son directas y profundas. En ausencia de límites verificables entre Washington y Moscú, la seguridad del continente depende aún más de la cohesión política y militar de la OTAN y de la credibilidad del compromiso nuclear estadounidense con sus aliados.

En este nuevo contexto, los líderes europeos deben asumir la magnitud del desafío. La era sin límites verificables exige mayor responsabilidad política, mayor claridad estratégica y una visión más activa por parte de Europa. No basta con reaccionar a las decisiones de las grandes potencias, es necesario definir una posición propia ante el deterioro del control de armamentos.

Contexto histórico

El régimen internacional de no proliferación y desarme nuclear está formado por un conjunto de principios, normas y prácticas destinadas a regular la posesión y expansión de las armas nucleares, con el objetivo de limitar la proliferación, reducir el riesgo de guerra nuclear y contener la competencia estratégica entre grandes potencias.

Su pilar central es el Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP), adoptado en 1968 y en vigor desde 1970, prorrogado indefinidamente en 1995. El TNP se basa en tres ejes: impedir la proliferación, promover el uso pacífico de la energía nuclear y avanzar hacia el desarme progresivo. La credibilidad del TNP se ha visto erosionada por la percepción de que las potencias nucleares no han cumplido suficientemente con el compromiso de desarme. Los compromisos de los Estados no poseedores se verifican mediante el sistema de salvaguardias del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), encargado de supervisar que los programas civiles no se desvíen hacia fines militares.

En este contexto surgió el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPNW), adoptado en 2017 y en vigor desde 2021, que prohíbe de forma integral la posesión, uso y amenaza de uso de armas nucleares. Su objetivo es reforzar el estigma normativo contra estas armas, pero las potencias nucleares y varios de sus aliados lo rechazan al considerar que debilita el régimen existente y desconoce la lógica de la disuasión.

La expiración del New START marca un punto de inflexión. Aunque su vencimiento no implica automáticamente una expansión inmediata de arsenales, sí elimina el marco legal que aseguraba transparencia, límites verificables y previsibilidad estratégica.

El contexto de esta expiración es muy distinto al de 2010: la guerra en Ucrania, el deterioro diplomático entre Washington y Moscú y la creciente rivalidad con China han erosionado la cooperación mínima que permitió el acuerdo original.

El fin del START no representa una crisis inmediata, pero sí un cambio estructural en la gestión del riesgo nuclear global. Durante décadas, incluso en los momentos más tensos de la Guerra Fría, existieron reglas compartidas para limitar el peligro de confrontación estratégica. Con su desaparición, el mundo entra en una etapa más incierta, donde la estabilidad dependerá menos de tratados formales y más de decisiones políticas volátiles en un entorno de competencia creciente.

La pregunta que queda abierta no es solo si habrá un nuevo acuerdo, sino si las grandes potencias estarán dispuestas a reconstruir algún tipo de arquitectura de control antes de que la desconfianza se convierta en el principal regulador del equilibrio nuclear.

Inventario Mundial cabezas nucleares

Según el Instituto Internacional de Investigación sobre la Paz de Estocolmo (SIPRI), el inventario mundial de cabezas nucleares se estimó en 12.121 ojivas a principios de 2024.  De este total, aproximadamente 9.585 están asignadas a arsenales militares para su uso potencial, y unas 3.904 se encuentran desplegadas en plataformas operativas como misiles balísticos y aviones estratégicos.  Más de 2.100 ojivas están en estado de alerta operativa alta, listas para ser lanzadas en minutos. 

Rusia y EE.UU. controlan el 90% de todas las cabezas nucleares del mundo.  Rusia posee 5.800 ojivas, mientras que Estados Unidos tiene 5.200.  En tercer lugar se encuentra China, con alrededor de 410 ojivas, seguida por Francia (290)Reino Unido (225)Pakistán (170)India (164)Israel (90) y Corea del Norte (30)

Además, países como Italia, Turquía, Bélgica, Alemania y Países Bajos albergan armamento nuclear estadounidense, y Bielorrusia ha confirmado el despliegue de armas nucleares tácticas rusas.  La escalada de tensiones, especialmente tras la guerra en Ucrania, ha llevado a Rusia a ampliar su doctrina nuclear y a retirarse de tratados clave como el Nuevo START y el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares. 

Aunque el número total de armas nucleares sigue descendiendo lentamente, este descenso se debe principalmente al desmantelamiento de armas antiguas por parte de EE.UU. y Rusia. Sin embargo, el ritmo de eliminación se está ralentizando y es posible que pronto el número de nuevas armas o sistemas modernizados supere al de las retiradas. Además, los niveles de transparencia internacional son cada vez más bajos, lo que dificulta evaluar con precisión la situación real de los arsenales.

Modernización permanente y nueva competencia tecnológica

Todos los países con armas nucleares están modernizando sus arsenales. Esto no significa necesariamente que haya un aumento masivo del número de ojivas, sino que los sistemas existentes son más avanzados, más precisos y sofisticados. EE.UU. y Rusia siguen concentrando casi el 90 % del total mundial y continúan renovando sus misiles, submarinos, bombarderos y sistemas de mando. China, por su parte, está ampliando su arsenal con mayor rapidez y construyendo nueva infraestructura para misiles estratégicos.

En este proceso de modernización, la tecnología juega un papel creciente. La Inteligencia Artificial empieza a incorporarse en los sistemas de detección temprana, en el análisis de amenazas y en la gestión del mando y control, lo que permite procesar grandes volúmenes de datos en segundos. Esto puede mejorar la precisión, pero también reduce los tiempos de decisión en situaciones de crisis.

Algunos países (como Rusia, China, India, Pakistán y Corea del Norte) disponen de misiles de doble capacidad, es decir, capaces de transportar cargas convencionales o nucleares. Esta ambigüedad aumenta el riesgo de malinterpretaciones durante un conflicto. Además, varios Estados están desarrollando misiles con múltiples ojivas independientes, lo que permite que un solo lanzamiento alcance varios objetivos.

Paralelamente, se está fortaleciendo la dimensión marítima de la disuasión nuclear mediante submarinos estratégicos, considerados más difíciles de detectar y destruir. En este ámbito también comienzan a integrarse sistemas automatizados y tecnologías avanzadas de procesamiento de datos, donde la IA contribuye a mejorar la navegación, la comunicación y la coordinación de sistemas complejos, aunque la decisión final sobre el uso de armas nucleares sigue siendo humana.

REFERENCIAS

Estados Unidos – Nuclear Posture Review (NPR) 2022 Nuclear Posture Review (PDF, US DoD). Rusia– Resumen de la revisión de la doctrina nuclear rusa (2024)  Russia Revises Nuclear Use Doctrine Versión anterior y análisis conceptual (2020) – Sitio de SIPRI (contexto histórico) Russia’s nuclear doctrine moves focus to threats. China ha adoptado oficialmente el principio NFU, aunque no publica textos tangibles. Un recurso confiable de referencia es la Wikipedia académica, que resume la política formal: No first use policy. India publica un documento con título formal como “Doctrina nuclear”, pero su política está codificada en textos oficiales de seguridad nacional y discursos estratégicos. No first use policy (India y China) Incluye referencia a la doctrina india basada en “represalia solo” y NFU. Israel No publica doctrina nuclear formal ni confirma su arsenal oficialmente, pero hay textos analíticos reconocidos: Doctrina nuclear israelí y ambigüedad estratégica. Corea del Norte (RPDC): adopción de leyes que amplían condiciones de uso nuclear, pero no publican texto en fuentes accesibles. Informes de la ONU y resoluciones de CSNU ofrecen el contexto de su postura. Reino Unido y Francia: no publican en abierto documentos doctrinales, pero su política de armas nucleares está integrada en documentos de defensa nacional y revisiones presupuestarias.

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