
De izquierda a derecha: candidatos presidenciales de Taiwán, Hou Yu-ih, Lai Ching-te y Ko Wen-je
El año 2024 se presenta, desde un punto de vista electoral, como el más importante de la historia. Cerca de 70 países, la mitad de la población mundial, entre ellos ocho de los más poblados (Bangladesh, Brasil, India, Indonesia, México, Pakistán, Rusia y Estados Unidos) acudirán a las urnas. Es la primera vez que se alcanza este hito.
Lo que debería suponer un año triunfal para la Democracia, en la práctica va a ser todo lo contrario. Más de la mitad de estos países, no reúnen los requisitos para que los comicios sean libres y justos, lo que servirá en muchos casos para afianzar a gobernantes populistas, corruptos e incompetentes.
En el plano geopolítico, este ciclo electoral va a tener un gran impacto debido al complejo contexto en el que nos encontramos y por los múltiples intereses que están en juego.
En este contexto, el 13 de enero, la República de China (Taiwán) celebrará elecciones legislativas y presidenciales, donde el futuro de la isla está en juego, pero también la estabilidad y la paz en el Estrecho de Taiwán.

Estos dos últimos partidos, hoy en la oposición, son más proclives a un entendimiento con Pekín, sin embargo, no han sido capaces de llegar a un acuerdo para formar una alianza para las elecciones, única posibilidad de ganar al gubernamental DPP. La situación, ha producido un giro inesperado en el escenario político del país y provocado un endurecimiento de las ofertas electorales que ahora incluyen «la elección entre la guerra y la paz» como base en las propuestas de los diferentes actores.
Es probable que, tras las elecciones, el DPP, partidario de la independencia, conserve el control de la presidencia y la legislatura, como hasta ahora, y que continúe la “tensión controlada” en las relaciones China-EEUU, pero no es previsible una escalada importante del conflicto.
La posición de Estados Unidos sobre Taiwán va a seguir siendo ambigua, manteniendo unas relaciones mejorables con China y fuertes lazos con Taiwán. Continuará sin apoyar “de jure” la independencia, pero apoyándola en la membresía en organizaciones internacionales.
Además, hay que tener en cuenta lo que un nuevo conflicto significaría para Estados Unidos, tras Ucrania y Palestina, a lo que habría que añadir las próximas elecciones presidenciales, convocadas para el día 5 de noviembre de 2024 en Estados Unidos, que se prevén cuanto menos “complejas”.
El objetivo de Estados Unidos es salvaguardar el “statu quo” de Taiwán, a la vez que evita un conflicto con China.
En el ámbito geopolítico, la República de China (Taiwan) es una isla de 35.980 kilómetros ubicada en el este de Asia, a 160 kilómetros de la costa de China con una población de más de 23 millones de habitantes (2023). Es el lugar donde se refugió el general Chang Kai-Sheck con sus partidarios, tras ser derrotado por Mao TseTung, en la guerra civil de 1949.
Así se crearon las dos chinas: la República de China en Taiwán de corte nacionalista y la República Popular de China comunista. Desde entonces, esta última viene reclamando “el principio de una sola China”, lo que supone la anexión del territorio insular.
Con el apoyo de Estados Unidos, el gobierno de la República de China (Taiwán), estableció un gobierno autócrata que durante décadas controló el expansionismo comunista en la región. En 1986, comenzó la democratización tras el levantamiento de la ley marcial y la fundación del Partido Democrático Progresista (DPP), el primer partido de oposición de Taiwán.
Taiwán lidera la fabricación mundial de semiconductores, acaparando más del 60 por ciento del mercado, lo que la convierte en un punto crítico a nivel global. De producirse la citada invasión, las consecuencias serían incalculables, lo que hace más difícil que se produzca esta hipótesis.
No obstante, la gigantesca compañía taiwanesa TSMC se está diversificando más allá de sus fronteras, siendo Japón el principal beneficiario. Otros países como India, están decididos a inspirarse en su modelo y ocupar su lugar si se presentase la oportunidad.
La invasión de Ucrania y el acercamiento de Rusia a China han permitido a los servicios de inteligencia especular sobre una posible invasión de Taiwán por China, situación que, por el momento, no parece probable. La política de China de “ascenso por desarrollo” no se parece para nada a la de Rusia, más inclinada por una doctrina de “guerra de nueva generación”.


