Por Fernando Mora Rodríguez. Politólogo.
Echarle la culpa al muerto siempre ha sido una actitud propia de quienes eluden sus responsabilidades, pero sobre todo es una actitud miserable, y mucho peor cuando la hace alguien que es ministro, secretario general del PSM y miembro de la dirección federal del PSOE, como “crítica” en lo que debería ser “autocrítica”, que pretende justificar la dura derrota sufrida en las pasadas elecciones aragonesas. La culpa de los propios errores no pueden tenerla siempre “los otros”. Seguramente son muchos los socialistas que aún están esperando el análisis sesudo del Sr. López de las elecciones autonómicas del 2011 en Castilla y León, , cuya candidatura encabezaba, perdió las elecciones con una diferencia de mas de veinte puntos respecto del PP. En fin, pelillos a la mar del olvido.
Oscar López no solo ha hecho un flaco favor a la memoria de Javier Lamban, -será la historia quien califique su gestión- al propio PSOE y a su mismísima persona. Hasta la propia candidata socialista en Aragón, Pilar Alegría, y muchos compañeros militantes en esa Región, han tenido que salir en defensa de la memoria de Lamban.
Javier Lamban, expresidente de Aragón, falleció víctima de un cáncer el pasado 15 de Agosto. Fue un socialista libre, un socialista íntegro, que entendía que no todo se puede pactar, que es muy importante la coherencia ideológica en política, y para guardarla no se puede ceder constantemente a quienes te chantajean. El chantaje no es ni pacto ni acuerdo, es simplemente cesión y humillación. Ceder de forma humillante nunca formó parte de la ideología de un partido en cuyos principios fundacionales estaba la igualdad y “el fin de la opresión”, algo que “algunos” parecen no querer entender y que han olvidado.
Algo realmente triste está sucediendo en el PSOE para que en su seno se haya instalado una dinámica de absurdos y enfrentamientos donde la autocrítica no existe, y al crítico le sitúan ante el implacable “paredón” de las redes sociales.
Llevo militando en el PSOE desde Marzo de 1981, y siempre aprendí que el diálogo y el respeto, compatible con la crítica y la autocrítica, son fundamentales para fortalecer a una organización que lucha por mejorar la vida de los ciudadanos y ciudadanas, por conseguir mayores cotas de igualdad social y una sociedad equilibrada, cohesionada y justa.
Está muy claro que lo sucedido en Extremadura y Aragón, pero antes en Galicia, Madrid y Euskadi, pero también en Junio de 2023 en las elecciones autonómicas y municipales, no nos deja en buen lugar como organización política. Hoy la cúspide de la pirámide tiene cada vez menos bases territorial e institucional, como la que correspondería a un gran partido. Todos saben los motivos, pero muchos vuelven la cabeza para otro lado a fin de no molestar e incluso lo justifican para no enfadar al líder y ser obsecuentes.
En España, tenemos una derecha tan montaraz como débil, y una extrema derecha dislocada y contradictoria, incapaces de ofrecer una alternativa sana, razonable y coherente a los españoles. Las derechas navegan, absolutamente desorientadas, por un mundo sin rumbo ni destino. No tiene nada nuevo que ofrecer a los españoles, pero crecen, única y exclusivamente, a costa del demérito del PSOE.
Las izquierdas andan perdidas en un triste juego de poder. Las que se encuentran a la izquierda del PSOE por carecer de líder e ideología de referencia. El PSOE de Pedro Sánchez, ensimismado en las propias cuitas, ha perdido la centralidad, olvidado de ofrecer un proyecto claro para el conjunto de España, y que va dejando espacios electorales a las derechas sin apenas ofrecer resistencia ideológica, al haber perdido la coherencia que debe presidir la acción política de una organización. Los problemas internos y la incoherencia le debilitan.
España ha caído en una suerte de esperpento, donde cada vez existen más figuras deformadas en los rostros y comportamientos de los personajes que actúan en el escenario. Si fuésemos pesimistas diríamos que estamos en caída libre.
Cada vez es mas obvio que España necesita un movimiento regenerador, libre, democrático, capaz de deambular por caminos rectos, bien trazados, de recuperar la centralidad, el sentido común para la política y las relaciones humanas, que nos despeje el panorama de intolerancia y odio, y nos retorne al sentido común en acciones de desarrollo, avance, modernidad y progreso. El problema de España no puede ser ni la política ni sus políticos sino la solución de sus problemas como sociedad.


