martes 17 marzo, 2026

África: un espacio de oportunidad geopolítica.

Desde 2018, Rusia ha desplegado mercenarios y estructuras paramilitares en gran parte del continente africano como una herramienta clave de su poder exterior. Tras la anexión de Crimea en 2014 y el deterioro de sus relaciones con Occidente, Moscú ha buscado nuevas alianzas para romper su aislamiento diplomático, acceder a recursos estratégicos, obtener ingresos fuera del circuito sancionado, así como, para construir apoyos políticos en foros internacionales. África se ha convertido, en ese sentido, en un espacio de oportunidad geopolítica.

En este contexto, el Grupo Wagner, dirigido por Yevgeny Prigozhin hasta su muerte en 2023, se convirtió en el principal instrumento de proyección rusa. Wagner ofrecía a Moscú una doble ventaja: por un lado, ampliaba su presencia militar y económica en el continente y, por otra, proporcionaba “negación plausible”, es decir, negaba su responsabilidad en determinadas operaciones porque no eran ejecutadas por sus fuerzas regulares, sino por actores “privados” o semiestatales.
Gracias a este mecanismo, el Kremlin podía evitar la responsabilidad directa por abusos y operaciones encubiertas, incluyendo asesinatos, campañas de desinformación o interferencias en la política interna de países africanos, aun cuando las dirigiera de facto.

PRESENCIA MERCENARIOS RUSOS ANTES REBELIÓN WAGNER (2018-2023)

 Como muestra el gráfico, entre el despliegue de paramilitares, la venta de armamento y la combinación de ambas vías, Rusia mantiene presencia en gran parte del continente africano. Sin embargo, la rebelión de Wagner en junio de 2023 y la posterior muerte de Prigozhin marcaron un punto de inflexión decisivo, acelerando un cambio profundo en la estrategia rusa en África.

La transición posterior a 2023 resulta clave para entender la evolución del fenómeno de los mercenarios rusos en África. Para evitar que un actor autónomo volviera a desafiar al Estado, Moscú asumió el control directo de las operaciones, renombrando y redefiniendo la estructura mercenaria. El Kremlin sustituyó la marca “Wagner” por África Corps, integrada en el Ministerio de Defensa ruso. Desde entonces, estas fuerzas actúan como una extensión oficial del Estado.

PRESENCIA DE MERCENARIOS RUSOS (2023–2025)

En 2024 se constata una presencia consolidada de mercenarios rusos en: Burkina Faso, República Centroafricana (RCA), Mali, Níger, Sudán y Libia. A ello se suman los efectos del spillover (desbordamiento o arrastre transfronterizo) que afectan a Mauritania y Chad, donde se reproducen dinámicas de violencia (tráfico de armas, grupos armados, presiones migratorias e inestabilidad política).

En Mauritania, este desbordamiento procede principalmente de incursiones y dinámicas de inseguridad originadas en Mali. En Chad, en cambio, el fenómeno responde a la presión combinada de los conflictos procedentes de Libia, la RCA y Sudán, que se proyectan más allá de sus fronteras. También, se han detectado movimientos incipientes en Guinea Ecuatorial, vinculados a tareas de protección de la familia Obiang desde 2024, y Camerún, donde la actividad rusa aparece vinculada al uso logístico y apoyo operativo.

En conjunto, la presencia rusa abarca ya el Sahel, África Central y el norte de África, consolidándose como uno de los actores externos más influyentes en las zonas de conflicto del continente.

IMPACTOS MILITARES Y DE SEGURIDAD

Las violaciones de los derechos humanos constituyen un patrón estructural en la actuación de estos grupos, donde la brutalidad funciona como marca de identidad del modelo Wagner/África Corps. El caso de Moura (Mali, 2022), documentado por la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los DD. HH. (2023), donde al menos 500 civiles fueron ejecutados en una operación conjunta con las Fuerzas Armadas Malienses (FAM) y Wagner, es emblemático de este patrón: cada masacre genera nuevas oleadas de radicalización y una ruptura del vínculo entre comunidades y autoridades estatales. En la República Centroafricana, las denuncias de “asesinatos indiscriminados”, torturas, desapariciones forzadas y violencia sexual son constantes y ampliamente documentadas.

El uso de prisioneros rusos reclutados para combatir alimenta un ciclo de impunidad, dificulta la supervisión y perpetúa prácticas coercitivas fuera de control estatal. Este tipo de violaciones crea un clima de terror que fractura el vínculo entre el Estado y la población, abriendo espacio para insurgencias, milicias locales y grupos yihadistas que capitalizan el vacío de poder y la desconfianza hacia las autoridades.

FRACASO EN LA LUCHA ANTITERRORISTA

Los gobiernos de la región suelen justificar la entrada de compañías militares privadas alegando la necesidad de combatir el terrorismo. Sin embargo, la evidencia empírica indica lo contrario. De acuerdo con ACLED (2025), el Sahel atraviesa su año más violento desde que existen registros, y Burkina Faso concentra cerca del 50 % de todas las víctimas atribuidas a grupos yihadistas en la región. Esta tendencia se ha agravado después de la expulsión de misiones internacionales y la entrada de actores privados rusos.

En Mali, lejos de mejorar la situación, la llegada de Wagner coincidió con una expansión territorial de los grupos yihadistas. Según Crisis Group (2024) y el Panel de Expertos de la ONU sobre Mali (2024), Jamaat Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM) y el Estado Islámico en el Sahel (IS-Sahel) avanzaron en Mopti, Ségou, Gao y Menaka. El deterioro alcanzó tal nivel que en 2024 se registró el primer ataque reivindicado cerca de Bamako en nueve años, símbolo del retroceso estratégico del Estado.

La evidencia acumulada por ONU, ACLED y el Instituto de Estudios de Seguridad (ISS África) demuestra que los mercenarios no reducen la amenaza yihadista. Al contrario, sus abusos sistemáticos contra civiles (ejecuciones, desapariciones y violencia sexual) alimentan el reclutamiento yihadista y erosionan la legitimidad del Estado, percibido como dependiente de fuerzas extranjeras que actúan sin control y deterioran la cooperación militar regional, vital en un conflicto que traspasa fronteras.

Diversas investigaciones convergen en otro punto clave: los mercenarios operan bajo una lógica de “caos controlado”. Informes de Clingendael (2024), Crisis Group y análisis de monitoreo en redes de Digital Forensic Research Lab (DFRLab) muestran que en países como Nigeria, Ghana o Costa de Marfil circula una percepción ampliamente compartida: África Corps generan la inseguridad que luego prometen resolver, mediante operaciones que incluyen ataques a civiles, campañas de desinformación y apoyo a cambios de régimen que aseguren gobiernos alineados con los intereses estratégicos de Rusia. El resultado final es un círculo vicioso: más violencia, más dependencia del actor extranjero y menos capacidad estatal real para enfrentar la insurgencia.

DESBORDAMIENTO HACIA PAÍSES VECINOS Y RETIRADA DE MISIONES INTERNACIONALES

Los efectos de la presencia de mercenarios no se limitan a los países anfitriones: el desbordamiento hacia Estados vecinos está ampliamente documentado por organismos internacionales y centros de investigación.

En Mauritania, el Panel de Expertos de la ONU sobre Mali (2024) y análisis de ACLED (2024) registran incursiones procedentes de territorio maliense, protagonizadas por milicianos apoyados o coordinados con redes asociadas a Wagner. Estos episodios incluyeron asesinatos, torturas y detenciones de ciudadanos mauritanos, lo que llevó a Nouakchott a emitir una advertencia oficial: el gobierno mauritano declaró que responderá militarmente si estos incidentes se repiten. Crisis Group subraya que Mauritania, hasta ahora uno de los países más estables del Sahel, podría verse arrastrada al conflicto si persiste esta presión externa (ICG, Sahel Briefing, 2024).

En Chad, informes del Institute for Security Studies (ISS África, 2024) y del Consejo de Seguridad de la ONU (Informe sobre Libia y Sahel, 2024) señalan que Wagner ha entrenado y armado a facciones rebeldes chadianas, especialmente aquellas con bases o retaguardia en el sur de Libia. Esta influencia incrementa la vulnerabilidad de la franja Libia–Sudán–República Centroafricana, una zona que ya concentra movimientos de grupos armados, rutas de tráfico y desplazamientos forzados. Según el Clingendael Institute (2024), esta presión externa aumenta significativamente el riesgo de desestabilización para Yamena y para toda la cuenca del Chad.

La presencia rusa también ha alterado de forma decisiva el ecosistema de seguridad internacional. La retirada de MINUSMA de Mali (que la ONU (2023) atribuye en gran parte a las restricciones impuestas por el gobierno maliense y los mercenarios de Wagner) dejó un vacío que los grupos yihadistas han explotado con rapidez. En la República Centroafricana, MINUSCA ha visto limitada su capacidad operativa: de acuerdo con el Departamento de Operaciones de Paz de Naciones Unidas (DPKO, 2024), los mercenarios rusos han bloqueado vuelos de la ONU, interferido en rutas de abastecimiento y presionado políticamente para reducir la presencia occidental.

Estos movimientos han precipitado la retirada o reducción drástica de fuerzas europeas del Sahel (documentado por EEAS y EUISS, 2024–2025), debilitando de forma notable la capacidad regional para contener la violencia. Con menos misiones internacionales, más presión sobre los gobiernos locales y un entramado creciente de actores armados, el Sahel queda expuesto a una espiral de violencia, fragmentación territorial y expansión yihadista, tal como advierten Crisis Group, ACLED y ISS Africa en sus proyecciones de 2025.

ACTIVIDADES ECONÓMICAS: EL MOTOR REAL DE SU PRESENCIA

El negocio principal de Rusia en África no es militar es extractivo, siendo las áreas clave: Oro (Sudán, RCA, Mali); Diamantes (RCA, Sudán); Madera tropical (RCA, Camerún); Uranio (Niger) y otros minerales estratégicos. Las empresas utilizadas se camuflan tras múltiples rebrandings para evadir sanciones. La toma de minas suele ir acompañada del desplazamiento forzoso de comunidades, torturas, violaciones y asesinatos, confiscación de oro y diamantes y uso de milicias locales como intermediarios. En RCA, ataques recientes (2024) en Kotabara y Zaranga dejaron 60 muertos en zonas mineras.

CONTRABANDO Y RUTAS LOGÍSTICAS

PRINCIPALES RUTAS

La Ruta 1 se inicia en la República Centroafricana, atraviesa Camerún y llega al Golfo de Guinea, desde donde los cargamentos se dirigen hacia Rusia y Oriente Medio. Esta vía es clave para la salida de recursos naturales procedentes del África Central. La Ruta 2 parte de Sudán y utiliza vuelos privados con destino a Rusia o a los Emiratos Árabes Unidos (EAU), lo que facilita el transporte discreto de mercancías de alto valor y reduce los controles internacionales. La Ruta 3 se origina en el Sahel y tiene como destino Libia, que actúa como plataforma regional de tránsito y redistribución hacia otros mercados. Esta ruta también está vinculadas a actividades ilícitas, entre ellas el tráfico de personas, especialmente a través de Libia; el narcotráfico, con especial presencia en zonas del Fezzán; y la falsificación de moneda, particularmente del dinar libio. Se estima que el volumen total de estas actividades entre 2018 y 2024 supera los 2.500 millones de dólares estadounidenses.

ANÁLISIS DE PERCEPCIÓN PÚBLICA

El análisis de 685.000 mensajes revela un patrón claro:

El sentimiento negativo hacia la presencia rusa y sus mercenarios es claramente dominante en Mali (26 % negativo frente a solo 2 % positivo), Burkina Faso (23 % negativo / 1 % positivo) y Níger (29 % negativo / 3 % positivo). El rechazo se articula en torno a violaciones de derechos humanos, ineficacia real en la lucha contra el terrorismo, explotación económica de recursos, manipulación informativa y un aumento general de la inestabilidad. El escaso sentimiento positivo detectado procede mayoritariamente de bots, cuentas gubernamentales y canales prorrusos coordinados, mientras que la población real expresa de forma reiterada testimonios de abusos, hartazgo y frustración ante la evolución de la situación de seguridad.

RUSIA: UNO DE LOS PRINCIPALES SUMINISTRADORES DE ARMAS

La venta de armas rusas a países africanos como Argelia, Egipto, Sudán, Angola, Mali y la República Centroafricana se ha consolidado como una de las principales palancas de influencia de Moscú en el continente africano. A través del suministro de material militar y de la cooperación en defensa, Rusia ha fortalecido su presencia política y estratégica en diversas regiones de África.

En términos generales, se estima que alrededor de 40 países africanos mantienen algún tipo de cooperación militar-técnica con Rusia. El armamento suministrado incluye principalmente tanques, vehículos blindados, helicópteros, aviones de combate, sistemas antiaéreos, munición y equipamiento pesado, adaptado tanto a necesidades de defensa nacional como a conflictos internos.

Rusia también provee armamento ligero y equipos de entrenamiento militar a Estados que enfrentan conflictos internos, sanciones internacionales o relaciones tensas con Occidente. Estas transferencias suelen estar acompañadas de acuerdos poco transparentes, pagos en recursos naturales (oro, diamantes o hidrocarburos) y la presencia de instructores o contratistas militares rusos. Este enfoque permite a Moscú reforzar alianzas políticas, asegurar apoyos diplomáticos en foros internacionales y ampliar su huella estratégica en África, sin recurrir a un despliegue militar formal y masivo.

LIBIA PLATAFORMA CLAVE EN LA PENETRACION MILITAR RUSA

Libia ocupa un lugar clave en esta estrategia como plataforma militar y logística rusa en el Mediterráneo y el norte de África. A través de su apoyo al Ejército Nacional Libio del mariscal Haftar, Rusia mantiene presencia en bases estratégicas como Al-Jufra y Brak al-Shati, además de posiciones en el este del país. En estas instalaciones se ha documentado el despliegue de sistemas de defensa aérea (Pantsir), aviones de combate, drones, artillería y mercenarios, lo que convierte a Libia en un nodo de proyección hacia el Sahel y una base avanzada frente al flanco sur de la OTAN.

Esta presencia refuerza la capacidad rusa para influir en rutas energéticas, flujos migratorios y dinámicas de seguridad regional, con implicaciones directas para la estabilidad del Mediterráneo central y para los intereses de la Unión Europea y España.

IMPLICACIONES PARA LA UNIÓN EUROPEA Y PARA ESPAÑA

La creciente presencia rusa en el Sahel, objetivo del yihadismo global, constituye hoy una amenaza directa tanto para la Unión Europea como para España. La expansión de actores estatales y paramilitares rusos en Malí, Burkina Faso, Níger y Sudán está deteriorando la seguridad regional, expulsando a socios occidentales y reforzando juntas militares sin legitimidad. Para la UE, esto abre un vacío de seguridad en su vecindad sur; para España, se traduce en un impacto inmediato sobre el terrorismo y los flujos migratorios irregulares, afectando especialmente a Canarias, Ceuta, Melilla y el Mediterráneo occidental.

La pérdida de influencia europea sería crítica si se abandona el Sahel. Un repliegue de la UE permitiría a Rusia consolidar posiciones de manera duradera, dificultando cualquier retorno occidental y comprometiendo la estabilidad futura. España ha subrayado que ceder el Sahel equivale a comprometer la propia Seguridad Europea, dada su interdependencia con los equilibrios de África Occidental.

España dispone de un capital político singular dentro de la UE para actuar en la región. A diferencia de otros Estados miembros, España no arrastra un pasado colonial en África Occidental y mantiene una imagen generalmente positiva. Esta ventaja le permite ejercer un papel de intermediación creíble, situándose como uno de los actores europeos mejor posicionados para combinar firmeza, diálogo político y cooperación en seguridad con los gobiernos del Sahel.

La UE y España deberán reforzar de manera significativa su cooperación en seguridad y defensa con los países africanos. Esto implica ofrecer alternativas reales a la influencia rusa y al Africa Corps mediante programas de formación militar, apoyo en inteligencia, control fronterizo, misiones civiles y mecanismos de estabilización. Reducir la dependencia africana de Rusia es esencial para evitar un deterioro prolongado de la región.

Las campañas de desinformación rusas representan un desafío adicional para Europa. Moscú explota retóricas anticoloniales para erosionar la legitimidad de la UE. Para España, esto exige proteger su reputación, reforzar la diplomacia pública y sostener iniciativas que aporten transparencia, claridad jurídica y cooperación económica, contrarrestando narrativas que buscan dividir a Europa del continente africano.

La cooperación multilateral será clave para una respuesta sostenible. Tanto la UE como España deben fortalecer a la Unión Africana y las organizaciones regionales, promoviendo capacidades africanas de seguridad colectiva, misiones de estabilización y mecanismos de rendición de cuentas. Solo un enfoque multilateral robusto puede evitar que el vacío institucional sea ocupado por Rusia u otros actores oportunistas.

Aunque la presencia económica rusa en África es limitada, su impacto no es irrelevante para Europa. La explotación de recursos minerales africanos (especialmente oro y diamantes) permite a Moscú eludir sanciones financieras europeas y sostener su proyección exterior. Para la UE y España, será necesario reforzar la trazabilidad de materias primas y apoyar regulaciones que impidan que estos flujos socaven la política europea de sanciones.

Para los gobiernos africanos, el desafío es claro: reforzar instituciones regionales (UA, ECOWAS), diversificar alianzas y exigir transparencia y respeto por los derechos humanos.

Epilogo

Africa, de Ismaël Lô, no es solo una canción, es un eco que nos recuerda el vasto horizonte en el que los colores de la tierra danzan al compás del sol naciente, donde late el corazón ancestral de la humanidad. Es un continente de contrastes, donde la belleza indómita convive con la lucha cotidiana de sus hijos e hijas por un mañana más digno.

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