Desde el minuto uno, tras convocarse las elecciones del 29-N, nos adentramos de lleno en la campaña electoral, con lo que ello tiene de trazo grueso a la hora de que los partidos aborden los problemas del país y sus propuestas de solución. Es muy importante, pues, aguzar el oído para discernir cuál es el verdadero programa que se esconde tras sus palabras y la credibilidad que tienen las promesas que nos hacen.
En un primer momento, tanto el PP como Vox pusieron en duda la sostenibilidad del sistema de pensiones que tenemos. Dijeron que estaba a punto de “petar” y que ellos lo reformarían. Vox fue más explícito y adelantó un modelo mixto público-privado. La portavoz del PP fue más ambigua y tan solo afirmó que había que tomar “decisiones valientes” —consiguiendo con ello que muchos pensionistas nos echáramos a temblar al recordar los “valientes” 0,25% de incremento de los años de Rajoy—. Luego, Feijóo llamó al silencio y todos los dirigentes repitieron al unísono el mismo mantra: el sistema de pensiones es intocable y, por supuesto, ellos actualizarán las pensiones con el IPC. Que cada cual otorgue a esta promesa la credibilidad que le merezca.
En una entrevista en la SER, Feijóo deslizó que no estaba de acuerdo con las actuales regulaciones del aborto y la eutanasia y que suprimiría el Ministerio de Igualdad. Tres temas sensibles —aunque los dos primeros afecten a pocas personas— sobre los que se habían alcanzado amplios consensos en los últimos años. Ni siquiera Rajoy se atrevió a tocar el aborto a pesar de que mantuvo la ley de Zapatero recurrida varios años y tuvo un ministro —Ruiz Gallardón— deseoso de volver a la regulación restrictiva anterior. En cuanto al deseo de esconder la lucha por la igualdad de hombres y mujeres en alguna subsecretaría invisible, se aprecia claramente la dependencia de Vox, que es muy radical contra el feminismo. Observemos, en este último caso, su silencio actual sobre las mujeres y sobre el colectivo LGTBI, contra los que arremetía públicamente en el pasado. Ha aprendido que, en vísperas de elecciones, no hay que dar razones a la izquierda para movilizarse. En esta misma línea, tanto el PP como Vox han esquivado hábilmente una posible foto con Milei, presidente de Argentina y campeón de la motosierra que recorta los servicios públicos, que ha estado de visita en España aparentemente con el único propósito de insultar al presidente del gobierno español. Ayuso, en cambio —más rompedora que nadie y deseosa siempre de estar “en el candelabro”—, no solo le ha recibido, sino que ha inmortalizado para la historia un afectuoso abrazo con él. Todo ello nos da pistas a los electores de lo que podemos esperar de un posible gobierno PP-Vox en asuntos tan sensibles.
En el tema de vivienda, Feijóo prometió que construirá un millón de ellas durante la legislatura, si llegase a gobernar. El dato es dudoso porque, entre públicas y privadas, solo se entregaron en España 88.000 viviendas en 2025, a causa de la perdida de mano de obra y del cierre de empresas del sector en los últimos quince años. Compárese el dato con las 600.000 viviendas que se construyeron en 2008, un poco antes de estallar la gran crisis inmobiliaria. Pero, lo más importante, es que Feijóo no nos aclara cuántas de esas viviendas van a ser para alquiler social. Poner más viviendas en el mercado libre no va a hacer bajar los precios del alquiler ni a solucionar el problema de la falta de viviendas asequibles.
En cuanto a la credibilidad del PSOE, en mi opinión, el Gobierno se ha percatado tarde de que los incrementos constantes de los precios de alquiler y compra en el mercado libre hayan conducido a esta trampa mortal para nuestra juventud y para el resto de la población. Aún así, y a pesar de carecer de las competencias últimas en la materia, ha hecho algunas cosas. Por ejemplo, en 2019 estableció un mínimo de 5 años para los contratos de alquiler; durante la pandemia, suspendió los desahucios y aprobó moratorias a los alquileres; en 2023, aprobó una Ley de Vivienda que daba a las CC.AA. la posibilidad de declarar zonas tensionadas y poner topes al alquiler; y, en 2026, ha aprobado un fondo de 7.000 millones para que las CC.AA. construyan vivienda pública, siempre que prohíban su puesta en el mercado libre pasados unos años; también ha aprobado un último decreto que protege a los inquilinos vulnerables. En todos los casos, las derechas votaron en contra. También recurrieron la Ley de Vivienda al Constitucional y se negaron a aplicarla en sus CC.AA.
Por último, tenemos las promesas de Unidas Podemos, que proponen acabar con el problema de la vivienda expropiando a los fondos buitre y “acribillando a impuestos” a los ricos. Después de perpetrar la desunión de la izquierda alternativa al PSOE y de fichar a Gabriel Rufián para arañar algunos votos fuera de Cataluña, ahora centran su campaña en atacar al PSOE y al Frente Amplio, tildándolos de blandos. Este último está formado por 16 fuerzas de izquierda a las que Podemos no quiso sumarse. Ello muestra en qué clase de izquierda residual se ha convertido este partido, que llegó prometiendo los cielos y ahora hace el trabajo sucio a la derecha restando 8 diputados al bloque de izquierda gracias a la división del voto que han propiciado. Las encuestas sólo les dan dos diputados, entre ellos el de Irene Montero. Visto el servicio que han hecho a la izquierda, merecerían no sacar ninguno. Por cierto, un hurra para el señor Rufián, que ha sido un cómplice necesario en esta maniobra.
Visto lo anterior, cuando los partidos publiquen sus programas electorales, sería una temeridad fiarnos de ellos. Nos bastará observar sus acciones pasadas y sus votaciones en el Congreso para saber lo que se puede esperar de cada uno.


